martes, 6 de noviembre de 2018
¿Cuánto debe subir el salario mínimo?
Como era previsible, la subida del salario mínimo ha generado mucha polémica. Este economista observador ha sido un defensor de subir el salario mínimo desde que en 2015 el BCE anunció las compras de deuda en 2015 y el empleo comenzó a crecer un 3% anual.
En el gráfico posterior se puede observar que nuestro salario mínimo en relación al salario medio era inferior antes de la crisis y empeoró después. El pasado año sindicatos y patronal acordaron una senda de subida. Reconozco que me parecía que la subida era ambiciosa y arriesgada ya que las condiciones del entorno pueden cambiar, el BCE dejará de comprar deuda en breve y hay incertidumbre sobre cuál será la creación de empleo en los dos próximos años. Pero decidí no criticarla ya que la reforma laboral del PP se había cargado la negociación colectiva y me pareció una gran noticia que sindicatos y empresarios volvieran a acordar subidas de salarios.
1. Subir el salario mínimo un 22% es una locura
Pero la subida anunciada este año del 22% me parece una barbaridad. Como ha reconocido Pablo Echenique de Podemos, el Gobierno de Pedro Sánchez tampoco quería subirlo tanto. Sánchez tuvo que ceder para tener el apoyo de los presupuestos, pero debería haber argumentado que este acuerdo rompe la negociación colectiva y no es bueno que los gobiernos legislen contra los acuerdos de sindicatos y empresarios, que son tan difíciles de conseguir.
Podemos quiso crear un sindicato propio y fracasó y no muestra ningún respeto por la negociación colectiva. El Psoe tiene una estrecha relación con la UGT y tanto el partido como el sindicato deberían mostrar más respeto con los acuerdos entre sindicatos y empresarios, como defendía su fundador Pablo Iglesias.
2. La polémica se ha generado por la medición de impacto
Lo que enseñamos en la universidad a los alumnos de primer año es que la demanda de empleo depende principalmente de la productividad por ocupado y el salario. Y la oferta de empleo depende también del salario. Salarios altos hacen más atractivo trabajar y la curva de oferta de empleo tiene pendiente positiva. Hasta un punto donde la subida del salario aumenta la capacidad de ocio y reduce las horas trabajadas.
Pero eso no sucede en los tramos del salario mínimo, donde la mayoría de la gente está en niveles de subsistencia con escasa capacidad de ahorro y de ocio. Y la curva de demanda de empleo de las empresas tiene pendiente negativa. Cuando sube el salario, para una productividad dada, la demanda de empleo disminuye.
Los frailes escolásticos de mi universidad de Alcalá hace 500 años ya determinaron la oferta y la demanda y la dinámica de la formación de los precios, en este caso de los salarios. El modelo matemático lo formalizó Alfred Marshall, maestro de Keynes en la universidad de Cambridge, en 1890 en su libro Principios de Economía.
Hoy enseñamos a nuestros alumnos el modelo igual que Marshall se lo enseñaba a Keynes hace un siglo. Caeturis paribus como decían los escolásticos, o sea manteniendo todo lo demás constante, una subida del salario mínimo supone un desplazamiento de la curva de oferta hacía arriba y eso con una pendiente negativa de la curva de demanda tiene un impacto negativo sobre el empleo.
Otra cosa es la medición del impacto que, como en toda ciencia social, no es sencilla. De hecho en la misma semana la Airef ha dicho que el impacto sería de unos 40.000 empleos, aunque advierten que no hay precedentes de una subida tan elevada en ningún país y que sus cálculos se hacen sobre modelos de subidas más moderadas. Por lo tanto, el riesgo es que el impacto sea mayor. Y el Banco de España estima que el impacto sería de 150.000 empleos.
Impacto subida salario mínimo 22%
Gobierno sin efecto
Airef -40.000 empleos
Banco de España -150.000 empleos
Colectivos más afectados: jóvenes y parados lega duración
— José Carlos Díez (@josecdiez) October 31, 2018
Por lo tanto, los que niegan que la subida no tenga impacto sobre el empleo están cuestionando lo que los economistas enseñamos desde hace 500 años. Lo que nos enseñó Marshall es que a corto plazo es muy complicado registrar cambios bruscos de la productividad, por lo que para que una subida del salario mínimo tuviera impacto positivo sobre el empleo la curva de demanda debería tener pendiente positiva. Si eso fuera así el modelo matemático sería inservible ya que no habría dinámica estable al equilibrio y sólo habría lo que se denomina soluciones de esquina que la curva de demanda y de oferta ambas con pendiente positiva estuvieran superpuestas. Es más probable que te toque el euromillón que este último escenario se produzca.
3. La subida del salario mínimo no será neutral
Otra enseñanza de Marshall es que las empresas y los consumidores toman decisiones sobre lo que Newton llamó marginal, no sobre la media. Esto es muy sencillo de entender. Se han publicado comparaciones del salario mínimo dividido sobre la productividad media y comparada con otros países europeos para justificar la subida. Pero es un error ya que se debería comparar con la productividad de los trabajadores que se verán afectados por la subida. En medio un pantano puede tener una profundidad media de un metro y todos los adultos haríamos pie. Pero marginalmente puede tener una profundidad de tres metros y los que no sepan nadar se ahogarían.
La subida no será neutral. En empresas de más de 50 trabajadores sindicalizadas la subida afectará a muy pocos empleos. En empresas más pequeñas el impacto será mayor, especialmente en empresas de menos de 10. Uno de los problemas de España es que tiene un elevado peso de micro empresas y su productividad media es la mitad que en Alemania. Mientras que la productividad de las empresas medianas y grandes españolas es tan sólo un 10% inferior a la de las alemanas.
⬇ Sobre la polémica de la subida del Salario Mínimo ⬇
⬇ Sobre la polémica de la subida del Salario Mínimo ⬇ Critico la subida de un 22% en un año (DE GOLPE) en un periodo de desaceleración y con la incertidumbre de que tenemos que emitir mucha deuda (sin la ayuda del BCE) el año que viene. Claro que debemos subirlo, pero debería ser de forma gradual.
Geplaatst door José Carlos Díez op Woensdag 17 oktober 2018
Otro problema de usar la media y no el impacto marginal es la diferencia de rentas por habitante entre comunidades autónomas. En Madrid, Catalunya o Euskadi con rentas muy por encima del promedio europeo el impacto será mínimo. Extremadura tiene una renta por habitante próxima a Polonia, República Checa y Portugal y tendría -si se aprueba la medida- un salario mínimo muy superior y en algunas zonas muy próximo al salario medio. Si fueras empresario y tuvieras que localizar una fábrica, ¿lo harías en Extremadura o a cincuenta kilómetros en Portugal donde no hay fronteras ni aranceles para el comercio? Esto favorece la demanda de empleo inmigrante con peores condiciones en su país. Y aumentará el rechazo a la inmigración y favorece el desarrollo de partidos como Vox.
En años anteriores las subidas del 8% y del 4% también tuvieron impacto negativo sobre la creación de empleo. Pero aún así, el crecimiento del empleo fue elevado del 3% y la subida permitió reducir la desigualdad. Por ambas cosas este economista observador apoyó ambas subidas.
Con el BCE acabando sus compras, la economía europea casi estancada, el comercio mundial débil, nuestras exportaciones estancadas, inestabilidad en los mercados, riesgo de contagio de la crisis italiana a nuestra prima de riesgo y con la necesidad de financiar en 2019 220.000 millones de deuda pública en los mercados, la anterior subida del salario mínimo era ambiciosa pero decidí apoyarla por recuperar el consenso y la negociación colectiva entre sindicatos y empresarios. Pero esta subida impuesta por Podemos para aprobar los presupuestos va a generar más problemas de los que pretende resolver.
4. La solución es subidas de salario mínimo graduales y mejorar nuestra red social
He intentado ser pedagógico para que tengas criterio propio en la polémica generada. En una democracia tu voto es determinante y siempre es bueno votar con criterio racional. Los que dicen que la subida no tendrá impacto sobre el empleo o son unos ignorantes o pretenden engañarte. Los que dicen que la subida provocará una recesión y tocan las trompetas del apocalipsis o son unos ignorantes o pretenden engañarte. La previsión tanto del gobierno anterior, como del gobierno actual como del consenso de economistas que publican previsiones es que en 2019 en España se crearán unos 400.000 empleos. Por lo tanto, incluso en el peor escenario del Banco de España, se crearían 250.000 nuevos empleos.
En ese pueblo el nuevo salario mínimo sería igual al salario medio. Y al lado de Portugal con un salario mínimo mucho menor. O sea aumentará la economía sumergida y la despoblación a medio plazo. https://t.co/Nbp2Jz70dK
— José Carlos Díez (@josecdiez) November 4, 2018
La crisis ha provocado una intensa devaluación salarial y mucha gente cobra salarios próximos al mínimo. Es la gente que más ha sufrido las cicatrices de la crisis junto con los parados de larga duración. Merecen la solidaridad de todos los españoles como ha defendido este economista observador en su último libro De la Indignación a la Esperanza.
Pero la solución es subidas de salario mínimo graduales y mejorar nuestra red social y diseñar una renta mínima de inserción efectiva para estos colectivos. Subir tanto el salario mínimo pretende ayudarles pero mucho me temo que les generará más problemas, retrasará la normalización de su tasa de paro -que sigue próxima al 30%- y aumentará la precariedad, los contratos a tiempo parcial y la economía sumergida.
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lunes, 5 de noviembre de 2018
¿Está causando desigualdad la globalización?
Esta entrada es la traducción de la aparecida en Mapping Ignorance hace unos meses. Se publica aquí con el permiso de los editores de ambos portales.
En un artículo de reciente publicación en el Journal of Economic Literature, Ravallion cuestiona la tesis de que la globalización ha sido una fuerza principal en la desigualdad. A pesar de que esa es la conclusión de dos libros de reciente publicación (este de Bourguignon y este de Milanovic), Ravallion argumenta que su interpretación de los datos no está bien deducida y que está en contradicción con la investigación económica. En esta entrada resumo su artículo.
Los patrones históricos que se identifican en ambos libros son los siguientes:
1. La desigualdad global (la desigualdad de ingresos relativa entre la población mundial) aumentó desde 1820 hasta 1990.
2. Este incremento se debió a diferentes procesos de crecimiento entre los países.
3. La desigualdad entre países se mantuvo o disminuyó durante la mayor parte de este periodo, con más intensidad en la segunda mitad del siglo 20.
4. Este patrón cambió hacia el final del siglo 20. La tendencia reciente muestra, por una parte, un decrecimiento de la desigualdad entre países que causa un descenso en la desigualdad global, y por la otra, un aumento en la desigualdad dentro de los países.
El cambio en el ingreso real en las últimas décadas tiene unas características peculiares. La gente más pobre ha visto unos incrementos muy pequeños en sus rentas. A medida que nos movemos desde la población más pobre hasta la gente en el percentil 60 observamos cada vez mayores ganancias de ingresos. A partir de este nivel hay un descenso drástico hasta casi cero ganancias en el percentil 80. Las cosas son mucho mejores para los últimos percentiles, los más ricos del mundo, aunque no ganan tanto como los del percentil 60. Todos estos cambios indican que la reducción de la desigualdad se debe al alto crecimiento del las rentas de la población alrededor de la mediana (pero no de los más pobres) y a una falta de crecimiento en la clase media alta (pero no en la clase más alta). Esta patrón en el cambio de la distribución de la renta tiene consecuencias a la hora de medir la desigualdad. Mientras que los índices más usados (Gini y Theil) muestran un descenso de la desigualdad, otros índices que son sensibles a la aversión hacia la desigualdad pueden mostrar un aumento de la desigualdad global cuando esta aversión es muy alta.
Si nos fijamos en la pobreza en lugar de en la desigualdad, los datos muestran un descenso muy grande en la reducción de la pobreza absoluta (del 36% al 19% en la población mundial), pero un progreso mucho menor en la reducción de la pobreza relativa y en la mejora de las condiciones de la población más pobre.
Una vez establecidos los datos, el reto es encontrar una explicación correcta. De acuerdo con Bourguignon y Milanovic uno debe apuntar a la globalización para encontrar la causa. La explicación sería la siguiente: gracias a la globalización los países en desarrollo incurren en menores costes de comercio y tienen mejor acceso a los mercados financieros. Al tener más oportunidades pueden acortar la distancia con los países más ricos, al menos en términos relativos. Al mismo tiempo, las clases trabajadoras en los países ricos sufren las consecuencias de la competencia que les llega del extranjero, mientras que las clases medias de los países en desarrollo ha sido las grandes beneficiadas de este proceso. Todo esto causa un incremento en la desigualdad dentro de cada país. ¿Es correcta esta interpretación? ¿Son la reasignación de los puestos de trabajo y de la actividad económica debida a la globalización la principal causa que explica los hechos observados?
Basado en los estudios más recientes, Ravallion sugiere que la respuesta a las cuestiones anteriores es negativa, puesto que muchas otras cosas han cambiado en las últimas décadas, además de la globalización:
1. El hundimiento hasta un crecimiento casi nulo alrededor del percentil 80 en la gráfica desaparece si se deja fuera a Japón y a los países de la antigua Unión Soviética (véase esta referencia de Corlett) El largo periodo de estagnación en Japón y el colapso de la URSS no pueden atribuirse a la globalización.
2. Las grandes innovaciones tecnológicas han incrementado las ganancias de los trabajadores cualificados y de los propietarios de capital.
3. Ha habido cambios significativos en las regulaciones económicas, sistemas de impuestos y en los beneficios sociales.
La apertura comercial es a menudo un predictor significativo de las tasas de crecimiento, pero no siempre, pues dependen de qué otros factores se incluyen en el análisis (p.e., véase este meta-análisis de las regresiones de crecimiento en Sala-i-Martin et al.). La mejor ilustración de todo esto es China, cuyos resultados económicos están detrás de los cambios mundiales en la desigualdad. En este país, el comercio ha desempeñado un papel importante para sostener sus tasas de crecimiento, pero estas hubieran sido mucho menores si no fuera por las reformas económicas de transición a una economía de mercado y de promoción del mercado interno.
Los efectos de la globalización en el crecimiento de las desigualdades entre países son también cuestionables. La desigualdad ha crecido en una mayoría de países en el mundo rico, pero no en todos ellos. En su libro, Bourguignon apunta al ejemplo de Francia, que ha evitado la marcada tendencia a la desigualdad que ha habido en el resto de países desde 1980. Francia no está sola entre los países de la OCDE; dependiendo del periodo de tiempo considerado (algo que puede llegar a importar mucho), también se encuentran caídas en la desigualdad en (por ejemplo) Bélgica, Grecia, Hungría y España (véase este informe de la OCDE). Los países en desarrollo muestran también mucha heterogeneidad, y en ellos se observa crecimientos en la desigualdad tan a menudo como disminuciones (Ravallion lo documenta aquí). En particular, la desigualdad parece disminuir en algunos países cuando se abren al comercio, pero parece aumentar en otros.
La hipótesis de la “U invertida” de Kuznets ha tenido mucha influencia en el pensamiento sobre políticas de desarrollo. Kuzntes argumenta que la desigualdad crece en los países pobres a medida que sus economías también crecen, debido a la urbanización; pero que a partir de un cierto punto esta desigualdad disminuirá. Sin embargo, esta hipótesis ha encontrado poco soporte empírico. A lo largo del tiempo, son pocos los países que han seguido el patrón marcado por la hipótesis de Kuznets, como se muestra aquí y aquí. Otra hipótesis, introducida por Milanovic, es la idea de lo que este autor llama “ondas Kuznets”, que comienza por asumir que las economías capitalistas tienden a aumentar la desigualdad y que, cuando esta es muy alta, hay una presión sobre los gobiernos para reducirla, pero no cuando la desigualdad ya es baja. Sin embargo, no hay una manera clara de probar esta hipótesis. Para empezar, la Gran Nivelación tras la Segunda Guerra Mundial ocurrió solo una vez y pudiera ser un periodo único en la Historia. Además, la hipótesis carece de poder de explicación en forma de un mecanismo que aumente y reduzca la desigualdad y que actúe de manera sincronizada en muchos países.
Si el capitalismo aumenta la desigualdad depende de las condiciones iniciales (incluida la distribución inicial de las dotaciones y de cómo de competitivos sean los mercados) y también de las políticas. Hay países con controles anteriores a las reformas que mantenían la desigualdad artificialmente alta, como ocurría en numerosos países de Latinoamérica. En otros países ocurría lo contrario, como en los casos de China y de la Unión Soviética. Las políticas reformistas para la liberalización económica pueden, entonces, resultar en una redistribución importante entre ricos y pobres, pero en direcciones opuestas en cada grupo de estos países. Las evidencias de que las liberalizaciones comerciales han disminuido las desigualdades pueden encontrarse aquí. Otras variables como el acceso a productos financieros o, tal vez más importante, el cambio tecnológico en sociedades distintas pueden muy bien ser fuerzas que expliquen los distintos patrones en la evolución de la desigualdad. Las políticas han sido importantes tanto para el crecimiento de los países pobres como para reducir la desigualdad entre países (p.e., los impuestos progresivos, las transferencias de renta y los salarios mínimos). Estas políticas pueden coexistir con una considerable integración global. A la globalización se le puede estar atribuyendo demasiados beneficios y, a la vez, acusándola de demasiadas cosas.
La población española: evolución, actualidad y densidad
La población española asciende a 46,6 millones de personas, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, referentes al último padrón del 1 de enero que se actualiza año a año. La evolución en España desde 1900 muestra un incremento armonizado durante todo el siglo pasado, duplicándose de 20 a 40 millones sus habitantes. Sin embargo, a comienzos del siglo XXI se aceleran las tasas de crecimiento durante un breve periodo de 10 años que es interrumpido por la crisis financiera mundial. ¿Cuáles son en la actualidad las provincias de España con más población y con menos? Atendiendo al análisis gráfico, en primer lugar, Madrid, superando los 6,5 millones de personas. En segundo lugar, Barcelona, con casi 5,6 millones de personas, y en tercer, cuarto y quinto lugar, las provincias de Valencia, Sevilla y Alicante, con 2,5, 1,9 y 1,8 millones, respectivamente. ¿Qué nos encontramos, por otro lado, cuando miramos la proyección de la población española que los organismos estadísticos de España realizan para los próximos años futuros? Un escenario como el mostrado a continuación: estancamiento e incluso retroceso. Pero, ¿es realista esta previsión, pueden existir factores en las próximas décadas que rompan esta posible tendencia a largo plazo? ¿Y qué pasa con la densidad de población de España? La Comunidad uniprovincial de Madrid es la más poblada también en este sentido, con 811 personas por kilómetro cuadrado. En segundo lugar también se encuentra Barcelona, con 717 habitantes por kilómetro cuadrado. Pero partir del tercer lugar es Vizcaya, con 518 habitantes/km2, en el cuarto Guipúzcoa, con 360 habitantes, y Alicante en el quinto, con 314. Por el contrario, prácticamente la mitad -25- del total de las provincias españolas presentan una densidad de población inferior a 60 personas por kilómetro cuadrado. Tal y como se observa es la capital de España y las provincias de zonas costeras del meditarráneo y el cantábrico las que más densamente […]
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domingo, 4 de noviembre de 2018
Jueces y Economía

Aunque responder a este contra-factual es realmente complicado, un trabajo reciente de Elliot Ash, Daniel Chen y Suresh Naidu (aquí) puede ser un buen punto de partida. Los autores estudian el programa Manne Economic Institute for Federal Judges, creado por Henry Manne. Este programa, activo desde 1976 hasta 1999, organizaba cursos de dos semanas para jueces federales (o jueces de apelación) en los que verdaderas super-estrellas de la profesión (Samuelson, Friedman, Klein, Demsetz, Alchian...) impartían clases intensivas de Análisis Económico del Derecho. En total unos 1100 jueces (uno de cada dos) pasaron por sus aulas.
El objetivo del artículo es medir los efectos del programa en las sentencias de los jueces “tratados”. Para ello, los autores se centran en cuatro características de las sentencias que creen pueden estar especialmente relacionadas con el uso de argumentos económicos.
Primero, es posible que los jueces introduzcan jerga económica en sus resoluciones tras pasar por las aulas. Ejemplos de palabras asociadas con el programa son eficiencia, productividad, utilidad, óptimo o disuasión.
Segundo, es posible que los jueces que participen en el programa se vuelvan más conservadores. Aunque no todos los profesores tenían tendencias conservadoras, su creador era un firme defensor del libre mercado, y, a juzgar por los testimonios recogidos en el artículo, tenían una tendencia más conservadora que muchos de los jueces.
Tercero, es posible que tengan una mayor propensión a decidir en contra de las Agencias Reguladores Gubernamentales. Esta tendencia sería especialmente relevante en aquellos jueces que asistieron a los cursos de Friedman y los economistas de la escuela de UCLA. Por ejemplo, Alchian estaba en contra de las regulaciones medioambientales en las ciudades pues entendía que sus residentes debían preferir la contaminación de Los Angeles a los precios de los alquileres en Palm Springs. Este tipo de argumentos “contra-intuitivos” son los que más impresión hacían en los jueces.
Por último, es probable que aquellos jueces expuestos a las teorías de Becker (aquí) tiendan a poner más peso en el efecto disuasorio de sus condenas, y, por tanto, incrementen la duración de las penas.
Los resultados están resumidos en los gráficos que acompañan a estas líneas. En general, los resultados apoyan las hipótesis del estudio. La probabilidad de que un juez decida en contra de las Agencias Gubernamentales se incrementa en un 5% tras su paso por el programa (Figura 1).
Figura 1: Sentencias contra Agencias Gubernamentales
Asimismo sus sentencias se vuelven más conservadoras, pero solo en casos de tipo económico (Figura 2). El efecto es bastante importante cuantitativamente pero el tamaño muestral es mucho más pequeño al incluir solo sentencias que han sido previamente codificadas.
Figura 2: Conservadurismo en las Sentencias
De igual forma, las sentencias recogen más términos comunes en la Economía (Figura 3).
Figura 3: Uso de jerga económica en las sentencias
Finalmente, la duración de las sentencias se incrementa en un 7%. Este efecto es cuantitativamente quizá el más importante y es comparable a la diferencia entre los jueces adscritos al partido Republicano y los independientes.
Figura 4: Duración de las sentencias
Aunque sugerentes, antes de interpretar estos resultados de manera causal debemos tener en cuenta que es posible que los jueces tomaran la decisión de participar en el programa porque sus preferencias o su ideología estuvieran cambiando. El llamado "Law and Economics Movement" se expandió rápidamente por las Facultades de Derecho americanas en los 70 y 80 y existe evidencia clara de que incluso aquellos jueces que no participaron en el programa se volvieron más conservadores durante ese periodo.
En todo caso parece que un programa de estas características podría tener efectos importantes en las decisiones de los jueces pero esto no quiere decir que esos cambios vayan a ser inequívocamente positivos.
Más en general, este estudio es otro ejemplo de que la educación económica tiende a estar relacionada con una perspectiva más conservadora de la sociedad (aquí y aquí). Lo curioso es que la mayoría de docentes tienen tendencias liberales (como la mayoría de académicos) pero acaban por transmitir valores conservadores a sus estudiantes.
sábado, 3 de noviembre de 2018
28/10/2018 – El Día – “Plan C: Pato o gallareta”
Que el gobierno de Cambiemos asumió con una economía completamente desequilibrada es algo que nadie discute. Había, a finales del 2015, muchos problemas, empezando por un déficit fiscal escandalosamente alto, sin acceso a financiamiento y con una emisión de dinero que resultaba cada año mas alta, amenazando con desembocar en una hiperinflación. Además, había una fenomenal distorsión de precios relativos, en el mercado de divisas y en el de la energía; como resultado de eso no había dólares y no alcanzaban la luz y el gas.
El dólar se había puesto muy barato en épocas de cosechas abundantes y de soja a 600, pero la administración anterior nunca se hizo cargo de que con la soja a 400 éramos mas pobres. Para tapar el cielo con las manos pusieron el cepo e inflaron los subsidios a las tarifas para vender la ilusión de que no había pasado nada. Las reservas empezaron a caer sistemáticamente y se incrementaron los déficits gemelos; el país gastaba cada vez mas por encima de sus posibilidades.
El Plan A del nuevo gobierno fue sincerar y corregir estas distorsiones de manera gradual. Se planteo un horizonte de 6 años, durante los cuales el gasto publico no bajaría, sino que el agujero fiscal se cerraría con crecimiento. Contrario sensu de lo que sostenía la oposición creció muy fuerte el gasto publico social y solo se contraían las partidas de subsidios económicos, también de forma gradual. Todas las apuestas estaban hechas al crecimiento de la economía y a que mientras tanto, el mundo financiaría los 6 años de déficit que prometía ser cada año menor.
Sin embargo, el mercado, que creyó y aposto al gradualismo hasta las elecciones del año pasado, empezó a dudar y se dio vuelta por completo en la ultima semana de abril. Sin financiamiento externo, el plan A fracasó.
Entonces el gobierno fue al Fondo y encaró el plan B, que fue bautizado con el oxímoron de “gradualismo acelerado”. La idea era, ahora si ajuste mediante, cerrar el déficit en dos años y reemplazar, en el ínterin, el financiamiento privado externo por plata del organismo. Aparecieron, no obstante, dos nubarrones negros en el horizonte; en primer lugar, el mercado empezó a preguntarse si alcanzaba con la plata del FMI y, en segundo lugar, si el gobierno iba a poder ajustar efectivamente el gasto público, en un contexto donde no tenia mayorías parlamentarias propias y necesitaba materializar el recorte en una nueva ley de presupuesto. El dictamen del mercado fue por la negativa; el dólar salto de 30 a 40, el riesgo país voló a 800 puntos y el gobierno sepulto el plan B y fue por el C: nuevo acuerdo con el fondo con mas plata para disipar la primera pregunta, shock de recortes con la promesa de déficit cero en 2019 y retenciones para todos y todas para demostrar que la mitad del ajuste ya estaba hecho y no dependía tanto del Congreso.
Pato o Gallareta:
El plan C se resume en dos cosas; ajuste fiscal ortodoxo de shock (al que el gobierno se había venido resistiendo desde que asumió) y una rígida política monetaria que promete no aumentar la cantidad de billetes y monedas de la economía en los próximos nueve meses.
Como dijimos, la mitad del esfuerzo fiscal ya se consiguió con el aumento de las retenciones a las exportaciones y la otra mitad depende del ajuste en el gasto que ya fue votado por Diputados esta semana y que, Senado mediante, será ley en noviembre.
Lo interesante viene por el lado monetario. Si no aumenta la cantidad de dinero y la inflación, aun desacelerándose, muestra inercia, entonces cada punto de aumento de precios implicara menos cantidad real de medios de pagos en la economía; menos liquidez y concomitantemente, un mayor costo para conseguir dinero; en castellano: tasas de interés mas altas. Puesto en otras palabras; si entre este mes y el que viene los precios acumulan una suba promedio de 10%, no habrá billetes suficientes para hacer todas las transacciones de la economía un 10% mas caras y el que quiera liquidez tendrá que pagarla más.
Es cierto; las tasas nominales van a caer hacia adelante, porque la inflación va a bajar. Pensemos que el 72% anual que pagan hoy las LELIQ del Banco Central, equivale a una tasa efectiva mensual del 6,1% (porque capitalizan semanalmente), pero esa es, punto más, punto menos, la inflación actual. Quiere decir que la tasa del 72% no es en realidad alta, sino que lo que esta alta es la inflación actual. Cuando la inflación sea, digamos 3% mensual, las tasas no van a seguir siendo del 72% (6% mensual), sino probablemente mas bajas nominalmente, aunque más costosas en términos reales, cuando se descuenta el efecto de la suba de precios.
La pregunta del millón es cuanta tasa se puede aguantar la economía sin que el plan económico vuele por los aires, con gabinete y todo. Por eso este es un plan destinado a triunfar rápido (antes de marzo) o acabar pronto. La expectativa del gobierno es que el fuerte apretón monetario sirva para noquear al dólar, porque en ese caso se frena la corrida monetaria y la gente ya no preferirá dolarizar el dinero que antes pensaba destinar, por ejemplo, para cambiar el auto, comprar un electro, hacer un arreglo en la casa, o simplemente ahorrar.
Si para fin de año el dólar mayorista no esta en $37, el Banco Central saldrá a comprar dólares y le dará a la economía todos los pesos que necesita, sin empujar la inflación y derrumbando las tasas.
Dólar estable, inflación y tasas bajando, es el combo perfecto de la recuperación económica. Pero para eso necesitamos que el plan entierre las expectativas de futuras devaluaciones, la inflación baje pronto y se recomponga la demanda de dinero. Si eso no ocurre; será gallareta.








