martes, 23 de julio de 2019

Los bancos centrales, bancos en la sombra y Fintech

Los cambios recientes más significativos del sistema financiero, además de una regulación más fuerte sobre la banca, son la importancia creciente de los bancos en la sombra (incluyendo las entidades no bancarias de intermediación de crédito, como p.ej. capital riesgo) y los fintech (incluyendo los BigTech), además en un entorno de tipos nominales negativos en Europa y Japón. Además, las críticas más importantes a Libra (de Facebook) han sido en parte en relación a las políticas de los bancos centrales. En esta entrada, resumo tres papers que hemos presentado en las dos últimas semanas sobre cómo las políticas de los bancos centrales (tanto monetarias como prudenciales) están afectando a la economía dado el cambiante sistema crediticio.

Dos conferencias que me gustan mucho en julio son el Foro de Finanzas (que este año se ha celebrado en Madrid) y el NBER Summer Institute (que se celebra cada año en Cambridge, MA). Hemos presentado un paper sobre política prudencial en el primero y dos papers sobre política monetaria en el segundo (aquí el segundo paper, y aquí el tercero). Los siguientes puntos son un resumen parcial de los papers:

Aproximadamente el 50% del mercado de hipotecas y de consumo de crédito en USA está en manos de entidades no bancarias de intermediación de crédito, incluyendo fintech (o techfin, BigTech). En cambio, para los préstamos a empresas, el porcentaje baja a menos del 20% para empresas en el mercado primario (aunque en el secundario sube al 80%, especialmente en los llamados leverage loans). Esto sugiere que quizás hay límites a la expansión del fintech y los bancos en la sombra cuando los deudores son grandes y complejos (es decir empresas, y no p.ej. una familia con una sencilla financiación de su casa o coche). Los datos que utilizamos son americanos, pero creo que sería similar por ejemplo en China con las fintech de Alibaba y Tencent y con los shadow banks de allí.

Los datos americanos que utilizamos son un registro de crédito de la Reserva Federal para empresas, las aplicaciones para hipotecas también de la Fed, así como el crédito de consumo de Equifax. Una gran ventaja de los datos americanos sobre los europeos es que, para cada préstamo, podemos observar quién lo da, sea banco o una entidad no bancaria de intermediación de crédito (p.ej. capital riesgo, un hedge fund, fondo de inversión, CLO, o fintech). La regulación aquí debería cambiar y deberíamos tener mejores datos no bancarios. Los datos agregados europeos son buenos pero no a nivel de préstamo. Estoy esta semana en el BCE y tienen datos muy buenos de bancos, y de empresas, pero no del sector no bancario (ni de fintech), ni de préstamos a familias (con las características de las familias como ingresos, riqueza etc). Esto implica que la supervisión puede ser deficitaria si los bancos pasan el riesgo a las entidades no bancarias cuando sube la regulación.

El primer paper demuestra el punto anterior. En el paper sobre política prudencial vemos que la regulación bancaria sobre el capital (p.ej. Basilea III y los stress tests) explican un 20% de la subida de las entidades no bancarias en el mercado de crédito secundario en los leverage loans americanos (préstamos a empresas con mucha deuda y un rating bajo). Un límite a la expansión de no-bancos (nonbanks) que vemos es que los préstamos con más riesgo o de empresas más opacas son comprados por la banca con más capital. Y una consecuencia de la expansión de los nonbanks es que en momentos de estrés alto (p.ej. una crisis financiera o un cuando el VIX está muy alto), las entidades no bancarias – al no tener las garantías de los bancos centrales y gobierno – venden más los préstamos para generar liquidez y esto implica, entre otros efectos, “fire sales” (bajadas más fuertes de los precios de los préstamos). Es decir, la banca en la sombra toma el riesgo cuando los bancos se regulan más, y esto generará fragilidad financiera en el sistema.

En el segundo paper vemos qué le pasa a la transmisión de la política monetaria en este nuevo escenario de fintech y de bancos en la sombra. Vemos cómo el impacto de la política monetaria de la Fed en la economía a través del crédito es menor cuando el sistema financiero es más diverso. Cuando la Fed sube los tipos, y los bancos cortan el crédito, la banca en la sombra y fintech neutralizan en gran parte la transmisión, con efectos mayores en los prestatarios con más riesgo. Es interesante que los efectos son mayores en las hipotecas y en el crédito para el consumo (aquí la competencia es mucho mayor para los bancos por parte de los nobanks).

Los dos papers anteriores sugieren que la mayor regulación bancaria aumentará el pastel para la banca en la sombra y fintech, y esto hará que el poder de la transmisión de la política monetaria se reduzca.

Por último, en el tercer paper analizamos el impacto de los tipos negativos en Italia, en un paper con los datos del registro de crédito del banco central italiano. Los banqueros y muchos comentaristas critican que los tipos negativos son muy perjudiciales para la banca, y que esto implica que son perjudiciales para la economía. El BCE cree que no lo son y de hecho piensa que puedan bajar más en el futuro muy cercano (aunque con modificaciones). En nuestro paper primero vemos que los bancos más expuestos a los tipos negativos incrementan más las comisiones y generan otros beneficios y así compensan la bajada en el margen de intermediación, por lo que no están peor. Segundo, demostramos un efecto expansivo en el crédito y la economía real, ya que los bancos más expuestos hacen un portfolio rebalancing de activos líquidos con poco riesgo a préstamos a SMEs.

En resumen, nuestra evidencia va en contra de que los tipos negativos sean perjudiciales para la economía vía el canal bancario, pero sí encontramos que la regulación prudencial sólo a los bancos no tiene sentido, y que los nuevos intermediarios financieros (fintech y banca en la sombra incluyendo capital riesgo y hedge funds) están reduciendo el poder de la política monetaria en la economía vía el canal del crédito. De todas formas, hay límites para los tipos negativos y de ahí que el BCE considere bajar más los tipos pero introduciendo un tiering que implicará que los bancos no paguen por todas sus reservas en exceso que tienen en el Eurosistema.



Dios, explicado en un folio

Sí, está bien. Me he apuntado a una de las últimas tendencias. Y lo he hecho a lo grande. Voy a explicar a Dios en un folio. En las últimas semanas de verano he visto explicar la teoría de la relatividad en una servilleta, los pactos de investidura en España en un post it y hasta la tecnología empleada para que el hombre llegara a la luna en el croquis de la palma de una mano. Así que por qué no voy a poder yo explicar a Dios en un folio. Total, el blog en el que va a salir esto publicado solo recibirá algunas decenas de peticiones de “unsubscribe” y su nombre será borrado del archivo “medios digitales amigos” de alguna de esas empresas de social media financiadas por la Iglesia. Pero, demonios, qué es todo eso comparado con la posibilidad de explicar a Dios en dos líneas. Al grano, la tentación me entra exactamente hace unos días, al concluir la lectura de un libro de David Trueba. Joder. ¡Me pareció terrible y muy deprimente que al final, tras una especie de repaso monumental a todos los males de la sociedad actual, el mensaje fuera que “puede haber una tiranía sin tiranos, porque el mundo siempre contiene tiranteces, pero cuando no das con el tirano de manera clara, es que a lo mejor el tirano lo eres tú”! ¿En serio, David? ¡No, no, no! Si vas a desenmascarar al tirano, desenmascáralo. No hagas como yo, que he comenzado este artículo diciendo que iba a explicar a Dios en un folio y ya llevo uno y medio sin aportar un solo indicio. Así que, ¡vamos!, os dejo por aquí algunas de las mejores teorías: 1: Dios es una invención del poder. No existe, pero es como el papá de todos […]

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lunes, 22 de julio de 2019

El salario mínimo y la ideología

La subida del salario mínimo a 900€ brutos al mes (en realidad son 1.050€, dado que se trata de 14 pagas anuales) en nuestro país al inicio de 2019 representó un aumento muy considerable, del 22.3%. Tras su anuncio hubo un tímido debate sobre sus posibles efectos, con estimaciones elevadas de destrucción de empleo por parte del Banco de España (unos 150.000 empleos) y algo menores del BBVA (unos 60.000). Por otra parte, a los seis meses de su entrada en vigor, una representante del Ministerio de Trabajo llegó a pedir al Banco de España que asumiera su error de predicción, eso sí, sin aportar evidencia cuantitativa alguna.

En este blog le hemos dedicado muchas entradas a este tema a lo largo de la última década (por ejemplo, esta de 2014) y también lo hemos hecho esta vez. Les recomiendo esta y esta entrada de Florentino Felgueroso y Marcel Jansen, por los datos y argumentos que aportan. Por otra parte, varios de nuestros colaboradores, como el propio Marcel o Juan F. Jimeno, están activos en Twitter, aportando evidencias y argumentos al respecto, recibiendo críticas y respondiendo a sus críticos. Dios se lo pague.

¿Qué tipo de debate hay, entre economistas, en otros países? Déjenme contarles el caso de Estados Unidos. Allí en 2014 el Congreso y el Senado votaron una ley que elevaría el salario mínimo de 7.25$ a 10.10$ (un 39%) de forma escalonada a lo largo de tres años. A principios de ese año se publicaron dos “cartas abiertas”. En la primera, promovida por el Economic Policy Institute, más de 600 economistas académicos (entre ellos 7 premios Nobel) apoyaban decididamente la medida. En la segunda, promovida por la Asociación Nacional de Restaurantes, más de 500 economistas (incluyendo 4 premios Nobel) se oponían a ella. Al final no se aprobó, por el veto del Partido Republicano.

Agua dulce y agua salada

En un artículo de hace unos años, Donal O’Neill investigó si la diferencia de posturas estaba correlacionada con algunas características de tales economistas. En EEUU hay una vieja división de departamentos de economía entre los de "agua dulce" (cerca de lagos) y "agua salada" (cerca de océanos), según la cual los primeros adoptan posturas económicas más liberales y los segundos son más socialdemócratas. El paradigma de los primeros es la Universidad de Chicago.

O'Neill recopiló los datos de casi mil firmantes de esas cartas abiertas (943), es decir un 70% del total, de los que el 56% estaba a favor de la medida. Una primera evidencia sobre la supuesta división acuática puede verse en el siguiente mapa, en que el color rojo representa el apoyo a la subida del salario mínimo y el verde la oposición al mismo. Cada universidad está representada por un gráfico de tarta, con porciones relativas pro y contra, y el tamaño es proporcional al número de firmantes de esa universidad. He indicado la situación de Chicago en el mapa.

El mapa sugiere, en efecto, la existencia de dos zonas de apoyo en las costas atlántica y pacífica, y una zona central de oposición. Para contrastar más formalmente esta hipótesis, O’Neill emplea la distancia en kilómetros desde la universidad donde trabaja cada firmante hasta la Universidad de Chicago. Entonces estima una ecuación para la decisión de apoyar o no la subida del salario mínimo en función de esa distancia (para entendidos, un modelo probit).

O'Neill obtiene que, en promedio, un economista que trabaje a mil kilómetros de Chicago tiene una probabilidad un 6.3% mayor de apoyar la medida que uno que trabaje en esa ciudad (esa es la distancia aproximada desde Harvard y MIT hasta la Universidad de Chicago). Cuando añade en su estimación otras características de los economistas, el efecto cae un poco, hasta el 5.5%.

Por otra parte, el autor encuentra otras correlaciones interesantes. Los hombres son un 30% menos favorables que las mujeres a la subida del salario mínimo y quienes obtuvieron su doctorado fuera de EEUU son un 36% más favorables que el resto. Por áreas, los economistas laborales son un 38% más favorables que los del resto de áreas de investigación y los de finanzas un 52% menos favorables.

Por último, siguiendo una cita de Keynes (apócrifa), cabría esperar que las posturas de los economistas cambien cuando cambian los datos. Los resultados empíricos sobre el efecto de las subidas del salario mínimo empezaron a cambiar a partir de un famoso artículo de David Card y Alan Krueger, que no encontró un efecto negativo de la elevación del salario mínimo en 1992 sobre el empleo poco cualificado. Así que O’Neill contrasta si los economistas de distintas áreas cambiaron su postura si se doctoraron a partir de 1990, encontrando que solo lo hicieron, a favor, los economistas laborales.

La ideología y los economistas

Entonces, ¿podemos concluir de este estudio que las posturas de los economistas sobre las políticas económicas están determinadas por su ideología? En alguna medida sí (argumenté en este sentido hace años, aquí). Estudiar un doctorado en una universidad de agua dulce o de agua salada parece estar correlacionado con la opinión que se tiene sobre los efectos del salario mínimo. Ciertamente no podemos hablar de causalidad, solo de correlación (podría ser, por ejemplo, que quienes tienen posiciones socialdemócratas prefieran estudiar en las universidades de las costas más que quienes son liberales). Por otra parte, la evidencia empírica cuenta: la posición de los economistas laborales, que son los especialistas en la materia, ha cambiado cuando los resultados empíricos cambiaron.

Más allá de esta vaga relación, una razón de fondo que explica la diversidad de posturas es, a mi juicio, que la evidencia empírica es mixta: hay estudios rigurosos de economistas muy solventes que encuentran efectos tanto positivos como negativos del salario mínimo sobre el empleo. Esta disparidad puede depender del tamaño del aumento, de la población afectada, de la situación cíclica de la economía, etc. Aunque se intenta siempre tener en cuenta estos factores, no siempre puede hacerse perfectamente.

Por otra parte, es muy difícil estimar bien los efectos del salario mínimo. Si nos fijamos en el caso del empleo, muchos de los estudios los estiman con datos individuales de empresas, por lo que la estimación se refiere a ese nivel (microeconómico). Pero en general habrá efectos agregados (macroeconómicos) de difícil calibración. Los defensores de las subidas del salario mínimo argumentan que estas permiten elevar el consumo de los trabajadores beneficiados, generando un aumento de la actividad económica que compensaría cualquier pérdida de empleo, mientras que los detractores señalan que otros trabajadores perderán su empleo o no serán contratados y por ello su consumo caerá o no subirá, lo que neutralizará cualquier efecto agregado positivo sobre la demanda y por tanto el empleo. Además, hay otras dimensiones potencialmente afectadas por el salario mínimo aparte del empleo y el consumo, como son los salarios del resto de trabajadores no afectados directamente por el salario mínimo o la desigualdad salarial y de renta.

La falta de evidencia concluyente es común en muchas áreas de la economía; de hecho esa disparidad es un motor importante para estimular la investigación. Pero cuando se trata de un asunto con tantas implicaciones sociales, es más fácil que se tienda a dar más peso a posiciones ideológicas.

Concluyo. Muchos economistas saben o sospechan que David Card es un economista de izquierdas. Igual que muchos saben o sospechan que David Neumark, quien escribió un influyente artículo que pretendía rebatir el de Card y Krueger sobre el salario mínimo (y luego ha estudiado este asunto a menudo) es un economista de derechas. ¿Ha perjudicado esto a su reputación o al avance de la ciencia? No lo creo. Su reputación se basa en la calidad de su investigación. Y es probable que la motivación de los economistas de uno y otro lado haya contribuido a fomentar el debate y a elevar su calidad. De hecho, el artículo sobre el salario mínimo supuso un gran salto cualitativo en las técnicas y los estándares de la investigación empírica en economía, como tan bien explica en esta entrada Climent Quintana-Domeque, en homenaje a Alan Krueger.

Por tanto, lo que cabe esperar en el debate sobre políticas públicas es que cada uno defienda su postura con los argumentos y la mejor evidencia que pueda aportar, siendo esta analizada a fondo, de forma crítica y científica, por otros economistas. En EEUU el debate acerca del salario mínimo ha seguido ese patrón y pienso que ha sido muy fructífero. Un caso similar es el de los efectos de la inmigración, con David Card debatiendo en este caso con George Borjas. Este me parece un enfoque más creíble y fructífero que el de pretender que los economistas no tenemos ideología y nos sometemos al dictamen de los resultados de nuestros asépticos estudios científicos.

Créanlo o no, los economistas españoles no somos todos de extremo centro. Quizá sea hora de reconocerlo. ¿Por qué? Porque, aparte del escaso rendimiento profesional que tiene para los académicos participar en el debate público, es plausible que el temor a ser encasillado en uno u otro bando esté inhibiendo esa participación en alguna medida. Lo dejo como tarea de reflexión para las vacaciones. 😉



domingo, 21 de julio de 2019

Empujones saludables, ¿hasta dónde empujar?

De José María Abellán Perpiñán, Universidad de Murcia y Grupo de Trabajo en Economía de la Salud (GTES).

En una entrada anterior definimos los ‘nudges’ -traducidos habitualmente como empujones o acicates- como “intervenciones que, respetando la libertad de elección individual, guían a los sujetos en la dirección más provechosa para su propio bienestar, tal y como éste es juzgado por ellos mismos”. Esta definición, no obstante, como entonces advertimos, no establece inequívocamente qué debe contar como un empujón. En parte, esta relativa vaguedad conceptual ha sido subrayada recientemente, en otra entrada de este blog, por José Luis Ferreira, a propósito de la discusión sobre las similitudes y diferencias entre empujones y refuerzos.

Thaler y Sunstein estereotipan la dualidad entre lo que luego Kahneman popularizaría como Sistema 1 (nuestro pensamiento inconsciente, automático y rápido) y Sistema 2 (nuestro pensamiento consciente, reflexivo y lento), distinguiendo entre “Humanos” (propensos a los errores que comete el Sistema 1) y “Econs” (cuyas acciones están gobernadas por el Sistema 2, plenamente racional). Y añaden: “de acuerdo a nuestra definición, un nudge es cualquier factor que altera de forma significativa la conducta de los Humanos, aunque sería ignorado por los Econs”. Desde este punto de vista, la mera provisión de información factual no debería contar como un empujón, ya que simplemente está abordando un problema de información incompleta, al que también son sensibles los Econs. Sin embargo, el propio Sunstein distingue entre empujones “educativos” (informaciones que apelan al Sistema 2) y empujones “no educativos” (dirigidos al Sistema 1, que son los que realmente cuadran con el corolario enunciado por Thaler y Sunstein). Los empujones educativos requieren de la colaboración activa del receptor, ya que promueven la deliberación y, por tanto, la actuación volitiva, mientras que los empujones no educativos, facilitarían cambios en el comportamiento de las personas sin que estas fuesen conscientes de ello, valiéndose para ello de los mismos sesgos cognitivos que, sin mediar el nudge, conducirían a decisiones contrarias a sus propios intereses.

Un reciente meta-análisis sobre empujones saludables en el ámbito alimentario abunda en el debate semántico del nudge (aquí). En dicho trabajo se analiza la efectividad de varios tipos de empujones -cognitivos, afectivos y conductuales- en términos de la reducción en la ingesta diaria de calorías que logran. Los empujones cognitivos serían esencialmente empujones educativos, como las etiquetas que detallan el número de calorías o como el semáforo nutricional, requiriendo en ambos casos de la colaboración activa de los consumidores para que surtan efecto. Sin embargo, también incluyen los autores en esta categoría lo que sería una medida de reestructuración del entorno (arquitectura de la elección, como lo denominan Thaler y Sunstein), para hacer más visibles los alimentos más saludables, situándolos a la altura de los ojos en los estantes del supermercado. Este último empujón no es un nudge estrictamente educativo, ya que pretende favorecer la inclinación natural a escoger los artículos más accesibles (un rasgo inercial, por tanto), apelando (al menos en primera instancia) al Sistema 1.

Por su parte, los empujones afectivos pretenden persuadir al consumidor de las bondades de, por ejemplo, comer fruta y verdura fresca, mediante la utilización de mensajes, expositores y carteles llamativos, que realcen el atractivo de estos productos. Nuevamente, aunque estos empujones precisen de la colaboración de los consumidores para funcionar, no dejan de pretender influir en el comportamiento mediante la explotación de un elemento contextual, la prominencia (o salience) de determinados atributos, dirigiéndose, en primer término, al Sistema 1.

Finalmente, un tercer grupo de empujones serían los conductuales, que no persiguen convencer, sino vencer; esto es, propiciar la elección deseada (consumo de productos saludables) sin que los consumidores sean conscientes de que se les está impulsando a ello. Dentro de esta categoría se incluirían todos aquellos nudges (concebidos para que lleguen a los Humanos, aunque sean ignorados por los Econs, ya que estos no necesitan ser empujados para comer saludablemente) que mediatizan no sólo la decisión de qué comer, sino también de cuánto comer. Iniciativas como, por ejemplo, reducir el diámetro de los platos (aquí) y utilizar pinzas en lugar de cucharas (aquí) para servirse en el buffet del restaurante, propician un menor consumo calórico, al reducirse el volumen de comida ingerida. De igual forma, hacer más accesibles en los lineales del buffet los productos más saludables (aquí) y que en el catering de un evento se presente la fruta cortada (aquí), en lugar de ofrecerse piezas enteras, hace que el consumo de alimentos saludables aumente en detrimento del de otros productos menos sanos.

Fuente: INSEAD | Knowledge: Which Healthy Eating Nudges Work Best?

¿Qué empujones son los más eficaces? Los conductuales, y con diferencia. En particular, aquellos empujones que modifican el tamaño de los platos, boles, envases … o de las raciones de comida servidas en el plato. Este tipo de empujones consiguen recortar el consumo diario de calorías en 320 kcal (el equivalente a 32 terrones de azúcar). En contraposición, los empujones cognitivos tan sólo consiguen reducciones que oscilan, según el tipo específico de nudge empleado, de las 54 a las 91 kcal. A su vez, los empujones afectivos tienen un impacto intermedio, que no rebasa la cota de las 172 kcal.

Parece, a tenor de los resultados alcanzados, que aquella modificación de la arquitectura de la elección que más directamente incide en heurísticas inconscientes (¿cuándo dejar de comer?: “cuando vacíe el plato”), es el empujón más efectivo, modificando más exitosamente el comportamiento. Pero ¿es ético emplear estos empujones? ¿Hasta dónde empujar?

Un primer argumento que legitima la utilización de empujones de este calibre (cuyo mecanismo de acción es opaco al consumidor), es que constantemente estamos siendo empujados por la industria alimentaria a comer en exceso. Por ejemplo, colocar las golosinas junto a las cajas registradoras, para incitar a su compra cuando se va a pagar, es una táctica empleada en las cadenas de supermercados desde hace muchas décadas ¿Es eso un empujón? Sí, un empujón, en palabras de Thaler, “para el mal”: un ‘sludge’, en contraste con el ‘nudge’, el empujón “para el bien”, que sería ejercido por la administración como parte de las políticas de salud pública.

Un segundo argumento favorable a los empujones tipo Sistema 1 es que, aun cuando no sean transparentes a los consumidores, no por ello anulan la autonomía de estos, quienes retienen la libertad de elección. En este sentido son medidas más respetuosas con el Principio del Daño o Principio de la Libertad de John Stuart Mill (aquí), consustancial a la idea de soberanía del consumidor, que medidas propias del paternalismo “duro” como puedan ser las prohibiciones o los impuestos, cuando quiera que estos instrumentos se invoquen no para proteger a terceros del daño causado por un determinado agente (externalidad), sino para proteger a este agente de sí mismo (internalidad).

El tercer y último argumento es que la ciudadanía, cuando es preguntada si quiere recibir empujones saludables, responde mayoritariamente que sí (aquí). Así se refleja en las encuestas de opinión realizadas al efecto, con un respaldo global a diferentes tipos de nudges que alcanza el 74% en Italia, Francia y Reino Unido y casi el 70% en Alemania. Cierto es que se observa un gradiente de respaldo decreciente conforme los empujones se tornan cada vez más intrusivos, rechazándose únicamente (por considerarse una manipulación poco ética) la utilización de publicidad subliminal en contra del tabaco y la obesidad.

Las políticas salubristas no operan en un vacío inmaculado, libre de intereses de parte. Todo lo contrario, el espacio que no ocupen, empujando para el bien, será ocupado por iniciativas lucrativas que empujan para el mal.

PD: Uno de los editores, Pedro Rey, nos apunta que recientemente publicó otro post sobre nudges para reducir la sobreprescripción de antibióticos, que el lector interesado puede encontrar aquí.



jueves, 18 de julio de 2019

De vuelta con las cuentas 2019

Nos encontramos ante una inestabilidad política sin precedentes, para este año 2019 el gobierno ha tenido que prorrogar los Presupuestos Generales del Estado de 2018 y actualmente no se prevé que se aprueben unos presupuestos para ese año. El entuerto político se ha visto compensado recientemente con la salida de España del procedimiento de déficit excesivo que tenía abierto con la Unión Europea (UE) desde hace justamente 10 años. Esta decisión ha sido tomada el 5 de junio de 2019 tras convalidar la cifra de déficit presentada en 2018, la cual ha sido inferior al -3% (-2,5%). Si bien esta noticia ha sido muy positiva, recordamos que España era el único país que quedaba con procedimiento de déficit excesivo (es decir, sus cuentas tenían un control especial por parte de la UE). Aunque este hecho es un “balón de oxígeno” para el gobierno y permite cierto grado de maniobra, el gobierno no puede relajarse en sus compromisos de reducción de déficit. La situación de España es delicada con una deuda pública cercana al 100% del PIB.

Para este año el déficit comprometido es del -1,3%, este objetivo ha sido fijado en el Consejo de ministros de julio 2017, es decir, por el gobierno del Partido Popular. El gobierno socialista ha intentado relajar la senda de déficit hasta el -1,8% en 2019, -1,1% en 2020 y -0,4% en 2021, habiendo sufrido dos rechazos uno en el Congreso (julio 2018) y otro en el Senado (diciembre 2018). Sin embargo, la senda de déficit presentada en el Programa de Estabilidad Presupuestaria supone un déficit del -2% para 2019. Los datos más actuales de déficit, que están recogidos en el cuadro siguiente, reflejan que hasta abril 2019 el déficit ha tenido una evolución similar a la observada el año anterior. El déficit hasta abril de 2019 (-0,6% PIB) es ligeramente superior al registrado en el mismo periodo del año anterior (-0,5% PIB). Por nivel de administración, la Administración Central presenta un déficit un poco más elevado hasta abril 2019 (-0,7% PIB en abril 2019 vs. -0,5% abril 2018) mientras que la Seguridad Social tiene un superávit ligeramente superior (0,3% PIB en abril 2019 vs. 0,2% en abril 2018). Por su parte las Comunidades Autónomas (CC.AA.) tienen un déficit similar al del año anterior.

En el siguiente gráfico se muestra cuál sería el déficit “sintético” por nivel de administración, si todas las administraciones se comportan en lo que queda de año como el año anterior. Debido a la prórroga de presupuestos de 2018 creemos que esta tesitura nos puede proporcionar una buena visión del déficit de cierre de 2019. Como resultado, el cierre para 2019 se sitúa en -2,4% PIB, más de un punto por encima del objetivo de déficit aprobado en las cortes (-1,3% PIB) e incluso por encima en cuatro décimas del objetivo publicado en el Programa de Estabilidad Presupuestaria (2019-2022). Parece imposible el cumplimiento del objetivo de déficit oficial fijado en el -1,3%. Por ello, valoraremos el cumplimiento del objetivo del -2% comprometido en el Programa de Estabilidad.

Por nivel de administración, la Administración Central presenta un déficit “sintético” del -1,5% PIB, el cual se encuentra un punto de PIB por encima al objetivo de déficit comprometido en el Programa de Estabilidad del 0,5%. La Seguridad Social presenta un déficit “sintético” del -1,2% PIB justamente el mismo déficit presentado en el Programa de Estabilidad. Las CC.AA. tienen un déficit “sintético” del -0,2% PIB, que es una décima inferior al objetivo de -0,3% PIB. Sin embargo, aunque parece que las CC.AA. están más cerca del cumplimiento, hay que tener en cuenta que este año van a recibir las mismas entregas a cuenta que el año anterior debido a la prórroga de los Presupuestos Generales del Estado. Esto son casi 5.000 millones de euros menos que los ingresos que han reflejado en sus presupuestos autonómicos (que se elaboraron antes de que se supiera que iba a haber prórroga). Por otro lado, este efecto también supone unas menores transferencias por parte de la Administración Central hacia las CC.AA.

Para finalizar, las Corporaciones Locales presentan un superávit de 0,5% estando su objetivo de déficit fijado en el 0%. Los datos parecen reflejar que el objetivo del -2% tampoco va a ser posible.



Las polémicas comparativas sobre Madrid y San Francisco del empresario Martín Varsavsky

El empresario de telecomunicaciones Martín Varsavsky, fundador a finales de los años 90 de empresas como Jazztel, ha generado recientemente en Twitter una polémica discusión al invitar a la comunidad internauta a reflexionar –sin el filtro de lo políticamente correcto– sobre determinados aspectos de la actualidad económica y social de España -Madrid- y Estados Unidos -San Francisco-. Martin Varsavsky, que tiene más de 100.000 seguidores en la red social Twitter, empresa cuya sede se encuentra, precisamente, en San Francisco, ha entrado así a valorar delicados aspectos de la sanidad, la inmigración o las cifras de desigualdad entre ambos países. Las reflexiones, las afirmaciones y las comparativas realizadas, muy contundentes y concretas, han sido tan criticadas como celebradas, siendo tachadas de falacias, por unos, y verdades incontrovertibles, por otros. A continuación mostramos la transcripción del hilo, publicado originalmente en inglés. -Recién aterrizado en Madrid tras volar desde San Francisco y viajar por todo Estados Unidos donde viví por 20 años y suelo trabajar. El contraste entre San Francisco y Madrid me hace reflexionar: 1- ¿Por qué los “sin techo” son tan raros en Madrid y tan frecuentes en San Francisco, cuando aquí -en Madrid- el PIB per cápita es menor, exactamente la mitad? 2- ¿Por qué la tasa de homicidios es un 500% más alta en California que en España? 3- ¿Por qué la sanidad, que costean los contribuyentes de España para garantizar un derecho humano, es gratis incluso para los turistas que vienen a visitarla, y tan increíblemente cara y gravosa en California? Nuestro hijo se cayó en la bañera y tuvimos que pagar 12.000 dólares por unos pocos puntos en las urgencias del hospital universitario de Stanford 4- ¿Por qué son las universidades en España gratis y los estudiantes no soportan deudas bancarias para estudiar mientras que en Estados […]

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miércoles, 17 de julio de 2019

Los salarios y la salud de las mujeres durante la industrialización

De Pilar Beneito y José Joaquín García Gómez

La Revolución Industrial supuso un punto de ruptura histórico en la vida laboral de las mujeres. El paso del trabajo desde la agricultura a las fábricas abrió nuevas oportunidades de trabajo, y convirtió a las mujeres en mano de obra muy apreciada por su destreza para muchas tareas fabriles, especialmente en un sector clave de la industrialización, el textil. Sin embargo, las consecuencias que este cambio tuvo para la vida de las mujeres han sido, y continúan siendo, muy discutidas. Así, desde una visión optimista, se considera que el trabajo de las mujeres aumentó sus salarios, su contribución al ingreso familiar y su reconocimiento social dentro y fuera de la familia. Por otro lado, desde una visión más pesimista, se argumenta que las malas condiciones de vida y de trabajo deterioraron considerablemente su bienestar.

Os contaremos en esta entrada que, de acuerdo a los resultados de nuestro reciente trabajo (aquí), los efectos de la participación femenina en el trabajo asalariado pudieron ser positivos o negativos dependiendo del tramo de edad al que miremos. En el trabajo nos centramos en el histórico caso de Alcoy, provincia de Alicante, ciudad que fue uno de los núcleos pioneros de la industrialización en España, convirtiéndose desde la segunda mitad del siglo XIX en el segundo centro textil del país después de Tarrasa-Sabadell. Tras un arduo trabajo de recopilación de datos a partir de fuentes históricas que abarca el periodo 1860-1914, hemos construido, entre otras medidas, series de salarios diarios de hombres y mujeres en el sector textil, así como tasas de mortalidad y esperanza de vida de ambos sexos para distintas cohortes de población en la ciudad.

El siguiente gráfico muestra la evolución de los salarios en la industria textil de Alcoy. Para esta serie, disponemos de datos para mujeres desde 1840. Las diferencias salariales de la época responden a una combinación de segregación laboral (mujeres y hombres trabajaban en tareas distintas en gran medida), y duración de jornada (las mujeres trabajaban, en media, menos horas al día). Por tanto, no podemos interpretar las diferencias en términos de discriminación salarial, ni tampoco descartarla. Lo evidente es la importante evolución creciente que tuvieron las ganancias salariales de las mujeres a lo largo del periodo (más sobre brechas salariales con fuentes históricas en la entrada de Mauricio Drelichman y David González-Agudo en este blog, aquí).

¿Qué efectos tuvo la participación laboral femenina en su bienestar y en el de su familia? Tomando como indicador de bienestar la esperanza de vida al nacer (ver los dos gráficos siguientes), observamos que ésta mejoró tanto para hombres como para mujeres entre 1860 y 1875, empeoró ligeramente desde entonces hasta 1900 (probablemente debido al rápido y caótico crecimiento económico y urbano), y volvió a mejorar desde entonces (posiblemente como respuesta a la consolidación del crecimiento económico y a la intervención pública en forma de la reforma sanitaria que se llevó a cabo en Alcoy a finales del XIX, aquí).

En relación a la esperanza de vida relativa de hombres y mujeres, observamos que la llamada ventaja femenina (eje derecho del gráfico abajo), fue en efecto positiva en Alcoy durante todo el periodo (ratios esperanza de vida mujer/hombre mayores que 1), y en especial a partir de principios del siglo XX. Según Claudia Goldin y Adriana Lleras-Muney (aquí), la brecha en esperanza de vida no ha sido constante a lo largo de la historia sino que, en muchos países, la ventaja en favor de las mujeres aparece a finales del siglo XIX y comienzos del XX  (comentado por Libertad González en este blog aquí).  Si hacemos zoom en la figura para el periodo 1860-1900 (segundo de los gráficos), observamos que en Alcoy dicha ventaja femenina no sólo existía con bastante anterioridad sino que comenzó a incrementarse ya antes de 1885.

En nuestro trabajo, encontramos una correlación positiva de esta ventaja femenina en esperanza de vida con la ratio de salarios mujer/hombre (después de aislar el efecto de los gastos públicos sanitarios, educativos, y tasas de alfabetización). A partir de ahí nos preguntamos, ¿por qué canal se produce esta relación positiva? Es decir, ¿cómo pudo haber afectado el trabajo femenino a la evolución del diferencial de esperanza de vida? Podemos pensar en principio en dos efectos de signo contrario. Por un lado, la contribución femenina al ingreso del hogar mejoraría la nutrición y las condiciones sanitarias de sus miembros. Por otro lado, las duras condiciones de la jornada laboral en la fábrica habrían tenido un efecto negativo en las mujeres trabajadoras.

Nuestra principal hipótesis de trabajo es que el efecto ingreso y el efecto desgaste laboral podrían haber afectado de modo distinto a los distintos miembros del hogar, dependiendo, no sólo de su edad, sino también de su género. Las investigaciones de Francisco Beltrán-Tapia y Domingo Gallego-Martínez (2017, 2018, 2019, explicadas en este blog aquí y aquí) han documentado el fenómeno de las “missing girls” para la España del siglo XIX y otros países europeos, especialmente en el sur y el este de Europa. Los autores señalan que las tasas de masculinidad (ratios niños/niñas) existentes en tal periodo sugerían la existencia de prácticas discriminatorias hacia las niñas. Tal como los autores mencionan, la presencia de oportunidades salariales para las mujeres constituiría una posible fuente de mejora para la supervivencia de las niñas en esa época. Un posible canal sería la mejora relativa en la nutrición y condiciones sanitarias de las niñas como consecuencia del mayor ingreso del hogar.

En el siguiente gráfico mostramos las tendencias de las tasas de mortalidad por sexos para niños y adultos durante el periodo. La mortalidad se redujo en todos los casos, y la ventaja femenina aparece también en todas las edades. Sin embargo, la diferencia entre niñas y niños de edad temprana (0-5 años) fue la que más de amplió en favor de las niñas a lo largo del periodo, reduciéndose ligeramente después de 1910. Dado el peso que este intervalo de edad tiene en el cálculo de la esperanza de vida al nacer, esta evolución de la mortalidad relativa de las niñas podría explicar el aumento observado en la ventaja femenina en esperanza de vida.

Para formalizar algo más el análisis, estimamos las diferencias entre las tasas de mortalidad femenina y masculina para distintos intervalos de edad en función de la ratio de ganancias salariales mujeres/hombres (media del año y de los 4 años anteriores), y aislando el efecto de diferencias en las tasas de actividad y alfabetización, así como gastos municipales en salud y educación. Los resultados principales se presentan en el Cuadro 1. Llamativamente, los signos estimados cambian dependiendo del intervalo de edad al que miremos: las brechas en mortalidad de niñas y ancianas descendieron con las ratios salariales mujeres/hombres, y lo contrario ocurre con las mujeres en edad laboral

Nuestra interpretación de estos resultados, si bien estamos abiertos a sugerencias alternativas, es que son consistentes con la hipótesis de la discriminación de las niñas en la asignación de los recursos dentro del hogar en situaciones de extrema pobreza. El trabajo femenino durante la industrialización, y su contribución al ingreso del hogar, habría aliviado dicha discriminación, aumentando la supervivencia relativa de las niñas. Podríamos decir que esta mejora tuvo lugar “a expensas” del bienestar de las mujeres en edad laboral.