martes, 15 de octubre de 2019

¿Se aproxima una crisis como la que vivimos en 2008?

El pasado 8 de octubre conocimos la Encuesta de confianza del consumidor de septiembre. Claramente, ha habido una caída muy brusca y, en especial, en las expectativas que tiene el ciudadano sobre su futuro (empleo, salarios…). Esto tiene mucho que ver con lo que vivimos en 2008 y las cicatrices que nos ha dejado. Pero… ¿se acerca una crisis como la que vivimos entonces?

De momento no tiene pinta: tenemos menos vivienda construida, las familias no están tan metidas en un boom de crédito, pero sí tenemos mucha deuda pública. Mientras el BCE siga interviniendo todo irá más o menos bien, pero como eso cambie podemos tener problemas.

¿Es culpa del gobierno? A mí sinceramente este debate ya no me interesa, ni me aporta nada. Cada vez que dicen en medios que no nos pongamos nerviosos, no se dan cuenta de que esos mensajes vacíos asustan a la gente todavía más. Necesitamos un plan con medidas realistas y creíbles. Y más cuando nos han abocado a otro proceso electoral (lo que menos necesitábamos).

Como siempre, espero un poco de vida inteligente en esta campaña…

blog josé carlos díez

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lunes, 14 de octubre de 2019

La resistencia a los antibióticos: Causas y consecuencias económicas

En 2015 la resistencia antimicrobiana (RAM) causó en torno a 33,110 muertes en Europa y 874,541 años de vida perdidos ajustados por discapacidad (Cassini y cols., 2019). Un 15% de las infecciones son resistentes a los antibióticos en los países de la OCDE. Los presagios no pueden ser más distópicos. Se ha estimado que si no se toman medidas efectivas inmediatamente, dentro de treinta años morirán en el mundo diez millones de personas cada año por las enfermedades infecciosas resistentes a los antibióticos.

Costes económicos elevados

Por si no fuera poco el problema de su incidencia mortal, tiene caras consecuencias económicas. En Europa en 2007, cinco bacterias resistentes causaron 2.5 millones de estancias hospitalarias adicionales, con un coste hospitalario extra de más de 900 millones de €. El coste total para la sociedad de la RAM, incluyendo los costes indirectos de pérdidas de productividad, superaría los 1.500 millones de € anuales según un estudio conjunto de la ECDC y la EMEA de 2009.

Además, la RAM afecta a sistemas sanitarios de todo tipo. Consciente de la urgencia y gravedad del problema, la UE ha elaborado guías detalladas para el uso prudente de antibióticos, que se ha convertido en una de las prioridades de investigación y de acción, con redes colaborativas de los 27 países como el JPIAMR. Por su parte, los países, también España (2019-2021), han elaborado estrategias específicas para afrontar el problema de la RAM.

Externalidades en ambos sentidos

Para una economista, los antibióticos son un caso interesante de externalidades: en beneficios -te tomas el antibiótico que necesitas para curarte y no contagiarás- pero sobre todo y cada vez mas, externalidades en costes, pues el uso inapropiado de antibióticos mina el arsenal terapéutico de la sociedad para combatir futuras infecciones, y los microbios se van haciendo más y más resistentes. La externalidad en costes también es financiera en sistemas de salud con financiación pública y cobertura universal como el nuestro. Las infecciones por bacterias resistentes a los antibióticos se asocian a mayores costes de tratamiento y mayores riesgos de complicaciones y de ingresos hospitalarios.

El consumo de antibióticos varía mucho entre países, incluso dentro de Europa. El consumo promedio de antibióticos de amplio espectro en Noruega es de 0.9 DDDs por 1.000 habitantes y día (La Dosis Diaria Definida, DDD es una medida estandar de consumo de medicamentos que equivale a la cantidad o dosis que en promedio ha de tomar diariamente un paciente), mientras que en Grecia es 23.3 DDDs por 1.000 habitantes y día. Consecuentemente, la resistencia a los antibióticos es mucho mayor entre la población griega que en la noruega. Pero además una gran parte del consumo no es directamente humano, sino que se da en la agricultura y para prevenir o tratar a los animales que mas tarde servirán de alimento. El concepto One Health se refiere a esto; para combatir la resistencia antimicrobiana, las medidas han de traspasar la sanidad.

Causas variopintas y soluciones conocidas

La paradoja es que las causas y las medidas para afrontar este problema sistémico se conocen y que con unos pocos dólares diarios se podrían conseguir grandes resultados; es decir, estamos ante un caso de intervenciones altamente coste-efectivas, incluso ahorradoras de costes a largo plazo. Se podrían recuperar 1.5€ por cada 1€ gastado, según estimaciones de la OCDE (2018) basadas en un modelo de microsimulación desagregado por países. La OCDE propone un abordaje desde múltiples facetas, con el que podrían evitarse 2.4 millones de muertes cada año hasta el 2050 en países de renta alta. Ese esfuerzo sostenido consistiría en paquetes de medidas (best buys) flexibles y adaptables según las circunstancias locales: a) mejorar la higiene en centros sanitarios y el lavado de manos; b) programas para promover el uso prudente de antibióticos y terminar con décadas de sobre-prescripciones; c) uso de test de diagnóstico rápido en consulta para detectar si una infección es bacteriana o vírica; d) prescripción retardada; e) campañas de concienciación pública.

La industria no tiene incentivos para investigar en antibióticos contra las nuevas cepas resistentes, parece que el modelo de patentes no es suficiente y las expectativas de recuperar la inversión con un cash flow adecuado en el plazo de vigencia de la patente no motivan lo suficiente a la industria. La edad de oro del desarrollo de antibióticos ha terminado. Entre los años ochenta del siglo pasado y los primeros 2000, la aprobación de nuevos antibióticos descendió un 90%, igual que el descubrimiento de nuevas clases. Como solución, se proponen modelos híbridos de incentivos y nuevas fórmulas de colaboración público-privada (Luepke y cols., 2017). Puesto que el problema globalmente es de sobreprescripción, se tiende a un modelo de nuevos antibióticos de bajo consumo y alto precio unitario. Desde la Economía también se han propuesto hasta 47 incentivos diferentes para impulsar la investigación en nuevos antibióticos (Renwick y cols., 2016).

En unos países más que en otros, la regulación de dispensación en farmacias sin prescripción facultativa es insuficiente y la inspección y las penalizaciones también lo son. Los médicos sobre-prescriben antibióticos, y no siempre eligen los adecuados. Entre el 45% y el 90% de las prescripciones de antibióticos en atención primaria no cumplen las guías, y representan despilfarro de gasto sanitario, además del aumento de riesgo de RAM en la población.

Con intervenciones bien definidas como las auditorías médicas y mediante pruebas rápidas y de bajo coste en consulta para determinar si el patógeno es bacteriano o vírico, se puede mejorar sustancialmente la prescripción antibiótica en atención primaria. Así lo hemos aprendido gracias a un proyecto de investigación ya terminado, el Happy Audit, en el que habíamos participado seis países entre 2006 y 2010. Y resulta que seis años después de aquella intervención, los médicos españoles que habían participado todavía siguen prescribiendo menos antibióticos que sus colegas del grupo de control, según el estudio que publicamos hace unos meses. En cuanto a los pacientes, uno demandante de antibióticos ante un médico complaciente aumenta mucho el riesgo de sobre-prescripción. Este resultado ha sido particularmente claro para España, según la evidencia de nuestro proyecto. Si el paciente le pide un antibiótico a su médico de familia, en España, el odd (probabilidad relativa de recibir una receta entre la probabilidad de no recibirla) se multiplica por más de 4. Mientras que una madre danesa sale de la consulta feliz por no necesitar receta antibiótica para su infante, la española sale disgustada. La prescripción retardada es un excelente recurso que en Dinamarca se viene utilizando desde hace tiempo, pero todavía no se ha generalizado en España.

Así pues, las causas, conocidas, del problema, son variadas y señalan a grupos heterogéneos. Van desde factores relacionados con el gobierno y la regulación hasta los incentivos a profesionales sanitarios y la educación de los ciudadanos. Cambiar tanto los hábitos de prescripción como las expectativas de los pacientes implica trabajar con diferentes agentes (médicos, enfermeras, farmacéuticos, dentistas) y reevaluar prácticas muy asentadas con un foco nuevo. Los profesionales sanitarios necesitan ser capacitados para evaluar sus propias prácticas y mejorar sus habilidades de comunicación con los pacientes. La economía del comportamiento y los nudges tienen un enorme potencial en este area, para conseguir que internalicen los costes externos que podrían provocar (para un post sobre los nudges en NeG, aquí).

Recapitulemos. Las causas de la RAM son múltiples y afectan a todos los agentes del sistema, desde el regulador hasta los facultativos y los pacientes. Las estrategias multifacéticas están orientadas a hacer converger distintas fuerzas en una misma dirección y sentido. Eso es lo que propone la UE en la convocatoria que acaba de cerrar. Para afrontar el reto es preciso contar con colaboración multidisciplinar, en la que los economistas de la salud tenemos bastante que aportar.



Premio Nobel de Economía 2019: Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer

De Pedro Rey Biel  (@pedroreybiel)

Escribimos esta entrada express para expresar nuestra alegría ante el anuncio del último Premio Nobel de Economía, a Abhijit  Banerjee (MIT), Esther Duflo (MIT) y Michael Kremer (Harvard) por "su enfoque experimental para aliviar la pobreza mundial". Los motivos para la alegría son muchos. Como bromeaba esta mañana Marcel Jansen, deberíamos darle un premio Nada es Gratis a Esther Duflo por ser una de las economistas de las que más hemos hablado, ya desde 2010. Y lo ha sido porque su investigación, al igual que la de los otros dos premiados, no sólo contiene una contribución metodológica, la aplicación de los experimentos de campo al área del desarollo económico, sino una contribución práctica: realmente podríamos decir que su investigación ha ayudado no sólo directamente al bienestar de los participantes en sus experimentos, sino a la evaluación y a la aplicación de políticas efectivas para el desarrollo económico. Además, Esther es sólo la segunda mujer en ganar el Premio Nobel en Economía (la anterior fue Elinor Ostrom en 2009),y la persona más joven en recibirlo (el anterior fue Kenneth Arrow con 51 años, Esther tiene 46).

No queremos hacer de menos a los otros dos premiados, tanto porque sus contribuciones son similarmente espectaculares como por el hecho de que han trabajado juntos con frecuencia. Además, a título individual, el premio a Michael Kremer me ha alegrado especialmente puesto que no sólo los galardonados hacen economía experimental de campo, algo que llevo tiempo promoviendo desde estas páginas, sino que la primera vez que realicé investigación, mi tesina del CEMFI en el año 2000, fue precisamente sobre uno de los temas estrella de Kremer: el diseño de mecanismos de incentivos para que se desarrollaran vacunas contra el SIDA: guardo aún con cariño (!y hoy como un tesoro!) el primer correo que recibí en mi vida de un académico valorando mi trabajo. "That's nice!" dijo. Sin duda, su trabajo, mucho más.

En los próximos días, Mónica Martínez-Bravo, alumna de tesis de Banerjee, y yo escribiremos una entrada más reposada sobre los tres premiados. De momento, y para que se hagan una buena idea de las contribuciones de los experimentos de campo para el desarrollo económico, les dejamos tres entradas escritas por Mónica (con ocasión del Premio Princesa de Asturias a Esther Duflo en 2015), por Samuel Bentolila (por el Premio BBVA Fronteras del Conocimiento de Cooperación al Desarrollo con el Laboratorio de acción contra la pobreza del MIT que crearon Abhijit y Esther), y una final mía con Marcel Jansen (en la que destacábamos la importancia de "mojarse" como economistas e implicarse en hacer investigación que cambie el mundo). Sin duda, los tres premiados lo han conseguido. !Enhorabuena!

Samuel Bentolila: "Experimentos en el Trópico" (2010).

Mónica Martínez-Bravo: "Esther Duflo: Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2015".

Marcel Jansen y Pedro Rey-Biel: "Economistas que experimentan...!y se mojan!" (2017).



domingo, 13 de octubre de 2019

Let the River Run

En 1921 Sadie T.M. Alexander obtuvo el título de doctora en economía por la University of Pennsylvania. Fue la primera mujer afroamericana en lograrlo. Sin embargo, sus oportunidades profesionales no se correspondieron con su cualificación, por lo que Sadie se recicló hacia el derecho. En 1927 se convirtió en la primera mujer afroamericana que se graduó en la University of Pennsylvania Law School, iniciando desde entonces una exitosa carrera profesional. Su ejemplo ha inspirado al Colectivo Sadie, creado para dar visibilidad a las mujeres afroamericanas en la Economía, cuya representación es tan ridículamente pequeña que sólo puede ser explicado por la existencia de multitud de barreras y penalizaciones.

No todas las barreras tienen su origen en una discriminación de tipo racial o sexista. Lo que sucede en la Economía con las mujeres (y más aún con las mujeres afroamericanas en Estados Unidos) es en realidad una parte de un problema más general, y que tiene que ver con la asignación del talento por ocupaciones. Que las personas terminen desempeñando los trabajos para los que tienen una ventaja comparativa en términos de habilidad o capacidad dependerá básicamente de su experiencia vital.

Desde que nacen hasta que su talento desemboca en un puesto de trabajo, muchos individuos se enfrentan a tres tipos de barreras: (1) las normas sociales, que condicionarán sus preferencias sobre ocupaciones; (2) las trabas a la educación y a la formación del capital humano, que afectarán al rango de ocupaciones al que podrá optar en un futuro; y (3) los comportamientos discriminatorios en el mercado de trabajo, con capacidad de afectar a su elección ocupacional final y reducir su productividad.

En un trabajo recientemente publicado, Hsieh, Hurst, Jones y Klenow (Econometrica, 2019) cuantifican cómo han evolución las barreras al talento en Estados Unidos para los colectivos de mujeres afroamericanas, mujeres blancas y varones afroamericanos, en relación a los varones blancos.  Una vez estimados los cambios en estos factores, los autores utilizan un modelo de equilibrio general para evaluar su impacto sobre el crecimiento económico, a través de los efectos que provocan sobre la asignación del talento entre ocupaciones. En una versión de su modelo, los individuos tienen habilidades específicas distintas para cada ocupación. En otra, su habilidad es la misma entre las ocupaciones, pero tienen preferencias idiosincráticas entre ocupaciones. Para captar el efecto de cambios en las normas sociales se incluye el trabajo en el hogar como una ocupación más. El supuesto fundamental en su estrategia para poder identificar los cambios en las trabas al talento es que la distribución de la habilidad innata de las mujeres y de los hombres negros, en relación a los hombres blancos, es constante en el tiempo.

El Gráfico 1 refleja los cambios estimados acaecidos desde 1960 en un indicador que capta conjuntamente las barreras a la formación del capital humano y las relacionadas con la discriminación en el mercado de trabajo. Se observa una caída muy pronunciada en los primeros veinte años, especialmente para las mujeres, aunque desde 1990 este proceso de convergencia con los hombres blancos se ha estancado. La reducción de las barreras ha sido especialmente importante para la asignación del talento en las ocupaciones de mayor productividad, como los autores muestran en un análisis más detallado.

Gráfico 1. Evolución de las fricciones ocupacionales (media de 67 ocupaciones). Fuente: Hsieh, Hurst, Jones y Klenow (Econometrica, 2019, Figure 2).

El Gráfico 2 siguiente representa la evolución del crecimiento acumulado en el PIB per cápita observado en Estados Unidos (línea azul), una vez se incluyen en el modelo los cambios estimados en las fricciones a la asignación del talento, que de forma agregada se han plasmado en el gráfico anterior. También se dibuja un escenario alternativo (línea verde) en el que dichas barreras se mantienen constantes a los niveles de 1960. La comparación entre ambas líneas proporciona una imagen del efecto sobre el crecimiento acumulado del PIB per cápita que se debe a la reducción de trabas relacionadas con la formación del capital humano de las personas, y de los comportamientos discriminatorios en el mercado de trabajo.

Gráfico 2. PIB per cápita, observado y contrafactual. Fuente: Hsieh, Hurst, Jones y Klenow (Econometrica, 2019, Figure 7).

Después de múltiples chequeos y análisis de robustez los autores concluyen que la eliminación observada en las barreras a la asignación del talento, que ha afectado a los hombres afroamericanos y a las mujeres, explicaría aproximadamente el 40 por cien del crecimiento observado en el PIB per cápita desde 1960, al facilitar el acceso de personas con capacidad innata a ocupaciones de mayor productividad.

Junto a la potencia del anterior resultado, emerge otro no menos importante en cuanto a sus implicaciones de política económica. Cuando se estudian por separado la parte del efecto agregado sobre el PIB que se debe a barreras en la formación del capital humano, y la contribución relacionada con prácticas discriminatorias en el mercado de trabajo, se observa que las barreras al capital humano juegan un papel más relevante que las discriminaciones laborales, en un orden de 4 a 1 aproximadamente. Los cambios experimentados por cada colectivo en las preferencias ocupacionales son, sin embargo, de una importancia menor.

El resultado anterior tiene, en mi opinión, varios filos, algunos de ellos no suficientemente enfatizados en el debate político a la vista del impacto mencionado. Por una parte enfatiza la necesidad de facilitar el acceso muy temprano de los niños a una educación de calidad, que compense el peso de nacer en un entorno familiar adverso para el desarrollo de las habilidades innatas. El resultado apunta, además, a la relevancia de apostar por un buen sistema de formación profesional donde los estudiantes encuentren una alternativa al abandono y puedan cultivar ciertas habilidades específicas. Pero también nos advierte de los peligros de utilizar atajos, como la igualación por abajo en los centros educativos o la utilización de la enseñanza condescendiente, pues dichas prácticas pueden contribuir a ocluir el talento y perpetuar las desigualdades.

Existe un aspecto más sutil de la asignación del talento por categorías ocupacionales y del que no he hablado hasta ahora. Se trata de la calidad de la exposición vital de los individuos a la información sobre ocupaciones que son fundamentales para el crecimiento económico, como pueden ser la ciencia y la innovación. En términos del modelo de Hsieh, Hurst, Jones y Klenow, estaríamos hablando de bucear en la determinación de la distribución de preferencias, que ellos consideran exógena. En otra entrada les hablaré de los últimos estudios empíricos sobre este tema, y de la relevancia que estos resultados puede tener para el diseño de un sistema de ayudas a la ciencia y la investigación. De momento, quedémonos con el mensaje de esta columna y let the river run.



jueves, 10 de octubre de 2019

Recomendaciones (o no) de lectura: Pretensiones de omnisciencia y omnipotencia (I)

Factores políticos asociados al ciclo electoral en Estados Unidos y nuevas inquietudes económicas causadas por una desaceleración económica mayor que la esperada, han dado alas a propuestas de política económica basadas en una doctrina económica conocida como “Teoría Monetaria Moderna” (MMT). Si hay que resumir la principal proposición de esta teoría en una frase, sería algo así como que en una economía con dinero fiduciario y un Gobierno que puede imponer el uso de la moneda que él mismo emite y, por tanto, que no tiene restricciones financieras, la política fiscal permite alcanzar siempre el pleno empleo y la estabilidad de precios (la "coincidencia divina" en la terminología de la Economía Neokeynesiana).

En el mundo académico MMT ha recibido muy poca atención, en buena parte porque su exposición a través de los canales habituales (seminarios, conferencias, documentos de trabajo, artículos en revistas con evaluación anónima) ha sido muy limitada. Se ha difundido como una “Guru-based theory” en lugar de mediante los modelos formales y la evidencia empírica con los que los economistas dedicados a la investigación se comunican entre sí. Por ello, la propia distinción entre sus premisas y conclusiones y el razonamiento que lleva de las unas a las otras resultan difíciles de apreciar. No obstante, ha ganado presencia en el debate sobre políticas macroeconómicas, aun cuando, como dice Paul Krugman, resulta muy complicado conseguir que debatir sobre MMT sea algo más que Calvinball, esto es, un juego sin reglas.

Con toda esta confusión, es muy de agradecer que algunos de los principales adalides de MMT (William Mitchell, Randall Wray y Martin Watts, a los que me referiré como MWW) hayan publicado Macroeconomics, una obra en formato de libro de texto con la que se trata de explicar qué es y cómo se debe enseñar lo que se presenta como “un nuevo paradigma macroeconómico” y "la guía definitiva" a la conducción de las políticas económicas.

Tal y como hice en casos similares en el pasado (aquí y aquí), dividiré esta reseña en dos partes. Esta primera es mayoritariamente descriptiva (aunque con inevitables apostillas que escribiré entre paréntesis, a pesar de que soy muy consciente de que hacerlo así causará enojo a Samuel). En una entrada siguiente resumiré la actualización de mi valoración de lo que es MMT tras revisar este libro. Como aperitivo, pero no como sorpresa, al menos para mis seguidores en redes sociales, adelantaré que no será positiva.

Lo que Macroeconomics de MWW dice ser…

Tiene ocho partes, cada una de ellas con capítulos muy heterogéneos, tanto en temática como en niveles de dificultad para lectores no iniciados en Economía.

La primera parte, a modo de introducción, describe a la Macroeconomía como una disciplina con muchas controversias (contested) y fuertemente ideologizada en la que hay que tener espíritu “crítico” (que en Macreoconomics solo se practica en una dirección única)  y utilizar el lenguaje (framing) para orientar la defensa y argumentación de propuestas políticas (no tanto para clarificar argumentos y razonar). Incluye un capítulo sobre formas de producción y lo que es el capitalismo, y otros sobre los instrumentos necesarios para “hacer macroeconomía”: matemáticas -algebra básica, cálculos de tasas de crecimiento, progresiones geométricas y números índices  relativos a los agregados macroeconómicos-, gráficos e identidades contables de la Contabilidad Nacional y referidas a las relaciones entre los sectores institucionales: familias, empresas, gobierno y sector exterior.

La segunda parte solo tiene dos capítulos (poco controvertidos y de escasa novedad) dedicados a describir lo que es el dinero, la soberanía monetaria, el papel de los bancos y las diferencias entre tipos de cambio fijos y flexibles. La tercera parte se refiere a la determinación de la producción y del empleo contraponiendo la teoría clásica (que confirma la ley de Say) al modelo keynesiano, que atribuye todo el protagonismo a la demanda efectiva, el multiplicador del gasto y a la rigidez de precios. Todo la discusión se dirige a concluir que la demanda agregada de trabajo no depende de los salarios (Figura 14.4 pag. 210) y que el nivel agregado de precios se mantiene constante hasta que se alcanza el pleno empleo (Figura 16.3 pag. 247). Con todo ello, se enuncia una “regla macroeconómica básica” (pag. 219): “sujeto a la capacidad productiva existente, el gasto agregado determina la producción y la renta nacional y, estos a su vez, el empleo”.

La principal protagonista de la cuarta parte es la relación entre desempleo e inflación (la archiconocida curva de Phillips). Junto con el tratamiento habitual, se menciona también la posibilidad de histéresis (persistencia extrema del desempleo) y sus consecuencias y se introduce un instrumento fundamental de la MMT para conseguir el pleno empleo y la estabilidad de precios: el programa gubernamental de empleo garantizado.

La quinta parte se dedica al análisis de la políticas económicas en una economía abierta. Básicamente se presentan las consecuencias de consolidar las operaciones fiscales del Tesoro y las monetarias del Banco Central y lo que la política fiscal puede conseguir bajo esta perspectiva, así como del funcionamiento de los controles de capital. En la sexta parte se presentan las razones de la inevitable inestabilidad del sistema capitalista. Dichas razones se resumen en un capítulo (anticuado) sobre los determinantes de la inversión y otro sobre teorías “heterodoxas” de las crisis capitalistas.

La séptima parte es una historia del pensamiento macroeconómico desde Keynes hasta nuestros días. Tras presentar el modelo IS-LM (¡en el capítulo 28!) se describe someramente la síntesis neoclásica, la teoría de los ciclos reales, la economía neokeynesiana y las “teorías macroeconómicas heterodoxas modernas”.

Finalmente, la octava parte se dedica a presentar, desde la perspectiva de la MMT, los debates contemporáneos de política económica, entre ellos, las consecuencias del envejecimiento de la población sobre los gastos sociales, la hipótesis de los déficits gemelos, las causas de las crisis cambiarias, la elección del régimen del tipo de cambio y los problemas de la Unión Monetaria Europea, y la crisis medioambiental y los determinantes del crecimiento económico. Para terminar, se dedica un capítulo a las causas de la última crisis (aquí denominada Global Financial Crisis) en el que (como no) se repite la usual letanía (doblemente falsa) de que solo algunos “economistas heterodoxos” vieron venir la crisis.

lo que pretende ser

MMT se presenta como “la alternativa progresista y heterodoxa” a la macroeconomía convencional, ortodoxa y austera. Se trata de la continuación de las tradiciones keynesiana (“la verdadera”, no la bastarda), institucionalista y marxista, cuya influencia en la ciencia económica (casi) desapareció por completo a partir de 1970 con la construcción de la síntesis neoclásica.

La superioridad de MMT proclamada por MWW se defiende sobre tres pilares: i) la concepción de la Economía como  el estudio de “la creación y la distribución social de los recursos de la sociedad”, en lugar de la visión simplista y desenfocada de la Economía ortodoxa que se dedica al “estudio de la asignación de recursos entre deseos ilimitados” a partir del comportamiento humano racional  y de mercados sin regular, ii) una mejor descripción (que no análisis) de las operaciones monetarias y del sector bancario en economías modernas, y iii) una concepción de la política fiscal como instrumento no limitado por restricciones financieras en la consecución de objetivos sociales (idea conocida como Functional finance).

En la segunda parte de esta reseña profundizaré sobre si estos tres elementos confieren , en realidad, a MMT la superioridad de la que los autores presumen. (Anticiparé telegráficamente las respuestas: i) no, ii) sí pero no y iii) definitivamente, no).

y lo que es en realidad

Macroeconomics de MWW tiene más de Historia del Pensamiento Económico, de Contabilidad Nacional y de discusión de Políticas Económicas que de Macroeconomía. Incluso en los capítulos más descriptivos se introducen referencias (y coletillas) a controversias (viejunas, que diría Antonio) entre distintas “escuelas de pensamiento”. Con ello, este libro se acaba pareciendo a un histórico campo de batalla en el que se intentan resucitar combates intelectuales que se libraron hace mucho tiempo.

Como libro de texto de macroeconomía es bastante limitado e incompleto, tanto por el enfoque metodológico como por su contenido. Metodológicamente, se recurre a la falacia de composición para justificar la despreocupación por el comportamiento de los agentes económicos y su importancia a la hora de determinar el resultado de las políticas públicas. Ello sirve también para justificar que “no hay una sola forma correcta de hacer Macroeconomía” en defensa de un enfoque menos formal y (casi) ignorante de la evidencia empírica. Siendo muy cierto que no hay una sola forma correcta de "hacer macro", la impresión final es que lo que MWW quieren decir en realidad es que todo vale, excepto la corriente principal ortodoxa desarrollada desde 1970. En cuanto al contenido, es poco más que la repetición de una rocambolesca historia de una Macroeconomía que empieza mal en Alfred Marshall y, en lo fundamental, acaba bien y definitivamente en John Maynard Keynes.

En definitiva, mis expectativas de encontrar (por fin) en Macroeconomics de MWW una presentación rigurosa de MMT y un análisis macroeconómico formal basado en su visión “más moderna” de las operaciones monetarias, se vieron totalmente defraudadas. Daré más explicaciones en la segunda parte de esta reseña.

(Continuará el próximo viernes 18 de octubre)



miércoles, 9 de octubre de 2019

Déficit público julio 2019

De Carmen Marín y Juan Rubio-Ramírez

En este post analizaremos cómo han evolucionado las cuentas públicas con los datos de julio recién publicados por la IGAE. Como ya habíamos, expuesto en un post anterior, España ha cerrado 2018 con un déficit del 2,5% (es decir, por debajo del 3%) y ya no está bajo la supervisión de la UE bajo el Procedimiento de Déficit Excesivo.

En el cuadro siguiente se presenta la situación del déficit del agregado de Administración Central, Seguridad Social y de Comunidades Autónomas. Las Corporaciones Locales quedan fuera de este análisis al presentar datos trimestrales y normalmente ser cumplidoras con creces de su objetivo de déficit fijado en el 0%. En referencia al resto de niveles de la administración, la Administración Central es el único que presenta un menor déficit con respecto al año anterior (1,3% julio 2019 frente a 1,6% julio 2018). Las Comunidades Autónomas por su lado, han empeorado su déficit en 2 décimas (0,2% en julio 2019 frente a 0% en julio 2018) y la Seguridad Social aumenta su déficit hasta el 0,5% en julio 2019 (0,3% en julio 2018).

Por nivel de administración, detrás de la mejora de déficit de la Administración Central se encuentra un aumento de la recaudación a través de impuestos, principalmente debido al incremento del IRPF en un 11,1% y la prórroga de las entregas a cuenta del sistema de financiación de las CC.AA., que supone un menor déficit en la Administración Central y un mayor déficit para las CC.AA. Sin embargo, hay que comentar que el gasto computable a efectos del cálculo de la regla del gasto a finales de julio ha crecido en un 6,3% con respecto a 2018 estando el límite fijado en 2,7% para 2019. Esto es debido, principalmente, al aumento de la remuneración de asalariados (por el incremento retributivo acordado con los funcionarios que fue del 2,25% hasta junio 2019 y del 2,5% a partir de esa fecha), de los consumos intermedios y de las prestaciones sociales.

El peor déficit observado en las CC.AA. se explica conjuntamente por la congelación de los recursos recibidos del sistema de financiación debido a la prórroga de los Presupuestos del Estado y un aumento de los gastos. Según la IGAE, todas las comunidades excepto Andalucía, Baleares y La Rioja han aumentado su gasto computable a efectos de la regla del gasto por encima del umbral establecido en el 2,7%. Es destacable el aumento de la remuneración asalariados (por las mejoras retributivas de los funcionarios) de los consumos intermedios y del gasto social (por el aumento del gasto en conciertos de asistencia sanitaria, conciertos educativos y el aumento del gasto farmacéutico).

Respecto a la Seguridad Social, hay que destacar un considerable aumento de las Cotizaciones Sociales debido al aumento en un 2,8% del número de afiliados con respecto al año anterior y a las diversas medidas aprobadas en el RDL 28/2018, entre las que se incluyen la elevación de las bases de cotización del régimen general aplicadas desde inicios de año. Este aumento de los ingresos de la Seguridad Social ha sido compensado con creces por el aumento de las pensiones debido a su revalorización en 2019 (en un 3% las pensiones mínimas y en un 1,6% el resto de pensiones) y a la diferencia entre el importe medio de las pensiones nuevas y las que causan baja.

En el siguiente gráfico se muestra cuál sería el déficit “sintético” por nivel de administración, si todas las administraciones se comportan en lo que queda de año como el año anterior. El gobierno ha previsto en el Programa de Estabilidad (2019-2022) un déficit del 2% para el año 2019. El objetivo de déficit inicialmente acordado y que sigue vigente es el 1,3%, como el gobierno ha intentado relajar este objetivo sin éxito, utilizaremos las cifras de déficit comprometidas en el Programa de Estabilidad para valorar el cumplimiento de déficit. Como resultado, el cierre para 2019 se sitúa en -3,1% PIB, casi dos punto por encima del objetivo de déficit aprobado en las cortes (-1,3% PIB) y e incluso por encima un punto por encima del objetivo publicado en el Programa de Estabilidad Presupuestaria (2019-2022).

Por nivel de administración, la Administración Central presenta un déficit “sintético” del -1% PIB, el cual se encuentra medio punto de PIB por encima al objetivo de déficit comprometido en el Programa de Estabilidad del 0,5%. La Seguridad Social presenta un déficit “sintético” del -1,6% PIB casi medio punto de PIB por encima del déficit presentado en el Programa de Estabilidad. Las CC.AA. tienen un déficit “sintético” del -0,5% PIB, que es dos décimas superiores al objetivo de -0,3% PIB



martes, 8 de octubre de 2019

¿Ayudas monetarias o electricidad? Cómo mejorar la vida de las familias pobres en África

La semana pasada tuvo lugar la apertura oficial del curso en mi escuela de posgrado, la Barcelona GSE. Para la lección inaugural, tuvimos la suerte de contar con la presencia de Ted Miguel, profesor de economía en Berkeley especializado en desarrollo económico. Sus dos presentaciones, sobre distintos programas dirigidos a familias pobres en Kenya, me impresionaron mucho, y quería compartirlas con nuestros lectores. Son un buen ejemplo de cómo la economía puede ayudar a responder preguntas relevantes de política económica de manera rigurosa y creíble (¡aunque cara!).

Los dos trabajos que Miguel presentó evaluaban el impacto de dos intervenciones diferentes, ambas en Kenya. La primera consistía en distribuir ayudas monetarias (generosas) entre las familias más pobres de cada localidad, mientras que la segunda subvencionaba el acceso a la red eléctrica para hogares rurales pobres. ¿Cuáles fueron los efectos de las dos políticas alternativas?

Para responder a esta pregunta, es crucial poder comparar el bienestar de las familias después de cada intervención con el de algún tipo de “grupo de control”, hogares similares que no hayan recibido la ayuda. Con este objetivo, los investigadores seleccionaron las zonas perceptoras de manera aleatoria, de modo que, dentro de la misma región, algunas áreas recibieron las ayudas y otras no. Además, tuvieron que realizar censos y encuestas a los residentes de las zonas incluidas en el estudio, tanto antes como después de la intervención. Y por si esto no fuera ya suficientemente costoso, los investigadores tuvieron que recaudar los fondos para financiar las subvenciones. Para el primer proyecto, de las ayudas monetarias, asociados con una ONG consiguieron recaudar 11 millones de dólares (¡!).

¿Qué piensan que tuvo un mayor impacto para las familias? ¿Mil dólares en la mano, o el acceso a la corriente eléctrica en el hogar?

En el primer estudio se incluyó a 653 aldeas, de unos 100 habitantes cada una. La ayuda consistió en tres pagos por un total de unos 1.000 dólares, que recibieron sólo las familias más pobres (sobre un tercio de los hogares de cada aldea). Para estas familias, la ayuda representaba el 75% de los gastos anuales del hogar.

Las familias que recibieron la ayuda declararon un aumento en su nivel de consumo de un 13% un año después de la implementación del programa. Una parte de la ayuda se dedicó a la adquisición de bienes duraderos. No se encontraron grandes efectos en horas trabajadas, ni tampoco en los precios locales. Estas familias claramente mejoraron su bienestar en el corto plazo.

Quizá lo más interesante de este estudio, sin embargo, no es el documentar cómo se gastaron el dinero las familias perceptoras. No es sorprendente que el bienestar de estos hogares mejorara en el corto plazo, gracias a la ayuda. El caso es que el análisis también permite estudiar los efectos sobre la economía local, es decir, los negocios y las familias en el mismo pueblo, que no recibieron la inyección directamente. Y los resultados sugieren efectos macro importantes. Las ayudas aumentaron la demanda de productos y servicios proporcionados por los negocios locales, que aumentaron sus ventas y sus ingresos, así como los salarios que pagaban. Al cabo de un año, el nivel de consumo en los pueblos afectados había aumentado en una magnitud similar en los hogares directamente afectados (más pobres) y en los demás. Aunque el efecto sobre la desigualdad es pequeño, toda la economía local se ve beneficiada (al menos en el corto plazo). Lo que quizá es algo decepcionante es que el aumento en el gasto no parece traducirse en mayor inversión, lo que hace preguntarse si los efectos se disiparían en el tiempo.

¿Qué hay de la segunda intervención? Cabe pensar que subvencionar el acceso a la electricidad podría tener efectos transformadores para familias pobres en un entorno rural. Tanto el gobierno de Kenya como los organismos internacionales tienen grandes esperanzas puestas en este tipo de programas de inversión en infraestructuras.

En este caso, el estudio incluyó a 150 comunidades rurales, y la intervención consistió en subvencionar parcial o totalmente la instalación eléctrica en el hogar. Se siguió a las familias afectadas y a las de control hasta tres años después de la intervención. Los resultados de este segundo programa fueron decepcionantes. Las familias a las que se le instala la conexión a la corriente sí la utilizan, aunque con una intensidad muy limitada (consistente con usar una bombilla y cargar un móvil una vez al día). Sin embargo, las visitas y encuestas posteriores no detectan que el acceso a la red eléctrica tuviera un impacto detectable en la vida de las familias, ni en variables económicas ni no económicas. El problema parece ser que los hogares afectados son demasiado pobres como para, por ejemplo, comprar electrodomésticos u otros aparatos eléctricos. Tampoco parece que la luz eléctrica mejore, por ejemplo, el rendimiento escolar de los niños.

Teniendo en cuenta que esta segunda intervención iba dirigida a los hogares, en un entorno en el que hospitales, escuelas y centros de negocios ya tenían acceso a la electricidad, los resultados sugieren que este tipo de infraestructura no tiene un impacto importante para la vida de estas familias, al menos en el corto y medio plazo. Quizá tampoco es tan sorprendente dado que, en la primera intervención, casi ninguna familia decidió gastarse el dinero de la ayuda en conectar su casa a la red eléctrica, a lo cual tenían acceso a un coste de unos 400 dólares.

¿Qué podemos aprender de estos estudios? En primer lugar, que una evaluación de impacto bien diseñada puede proporcionar respuestas a preguntas relevantes de políticas públicas, con efectos importantes sobre el bienestar de la población. En segundo lugar, que estudios de tipo experimental se pueden usar no sólo para responder a preguntas “pequeñas” y desconectadas de la teoría económica, sino incluso para cuestiones de tipo macroeconómico, como los efectos de equilibrio general de un shock de renta importante en una economía local.

Termino recordando que en España también hay investigadores que se dedican a evaluar los impactos de distintas políticas públicas de manera rigurosa, y una discusión pública de sus resultados, así como una mayor interacción con los gobernantes, podrían ser fructíferas en términos de mejorar la efectividad en la toma de decisiones públicas.