jueves, 5 de marzo de 2020

¿Debe preocuparnos la crisis en bolsa del Coronavirus?

Como siempre, las bolsas se ponen nerviosas muy tarde y en el caso concreto del Coronavirus no iba a ser menos. Así que yo no me fijaría mucho en ellas, y sí en cambio deberíamos centrarnos más en el impacto directo que pueda tener sobre el turismo, el empleo, las empresas…

¿Dónde está realmente el riesgo económico del Coronavirus?

En que la crisis en bolsa se convierta en una crisis de crédito como en 2008 o que el consumidor americano se asuste. De momento, CALMA.

Te lo explico en este vídeo.

blog josé carlos díez

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miércoles, 4 de marzo de 2020

Cuando las normas no se elaboran para el beneficio de la sociedad: el Real Decreto-ley en el sector agroalimentario

Por Mateo Silos Ribas y Juan Luis Jiménez

Las intervenciones públicas originadas en procesos de captura regulatoria abundan en España (y en muchas partes del mundo). Estas intervenciones protegen el interés privado y específico de grupos bien organizados y conectados con los poderes públicos, en detrimento del interés general por el que los segundos deberían velar.

Los procesos de captura regulatoria en el diseño de intervenciones públicas han sido analizados en Nada Es Gratis para los taxis (Llobet, 2018), servicios profesionales (Fernández-Villaverde, 2016), servicios urbanos de agua (Tadeo-Picazo, 2018), controladores aéreos (Bentolila, 2010) o las farmacias (Jiménez y Silos Ribas, 2019), entre otros. Hoy, añadimos uno más.

Nos centramos en un caso muy reciente, y casi “de manual”, de captura regulatoria: el Real Decreto-ley 5/2020, de 25 de febrero, por el que se adoptan determinadas medidas urgentes en materia de agricultura y alimentación (en adelante, RDL).

Fases de una captura regulatoria: la génesis del RDL

Muchos procesos de captura regulatoria (en España) siguen el mismo patrón.

Fase 1: Peticiones o protestas del sector que desea protección y establecer límites a la competencia.

Fase 2: Reuniones entre los poderes públicos y los operadores incumbentes del sector en cuestión.

Fase 3: Propuesta y aprobación de una intervención pública que atiende a los intereses privados de los operadores establecidos en el sector, en lugar de al interés general de la sociedad.

En el caso del RDL se han cumplido a la perfección, y con celeridad, estas fases. Veamos:

Fase 1: A partir del 10 de enero de 2020, inmediatamente después de la última sesión de investidura, comienzan los anuncios de movilizaciones por parte de las organizaciones agrarias en Extremadura para protestar “por el principal problema del campo: los precios ruinosos de los productos”. Las organizaciones agrarias reclaman “una regulación de la cadena de valor para que el agricultor tenga capacidad de negociar los precios de mercado y fijar los costes de producción”. Las movilizaciones comienzan a finales de enero y se suceden a lo largo de febrero, extendiéndose por muchas regiones de España.

Fase 2. Tras el anuncio de las protestas, las reuniones entre los poderes públicos y los operadores del sector productor primario comienzan rápidamente. El 15 de enero, el Ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación (en adelante, el Ministro) tiene una reunión con las organizaciones agrarias para descubrir “el cabreo y preocupación” del campo por la crisis de los precios.

El 1 de febrero, el Ministro anuncia la creación de una mesa de diálogo. El 3 de febrero se reúne con las organizaciones agrarias (Asaja, COAG y UPA), anunciando un paquete de medidas para que los agricultores y ganaderos “obtengan unos precios adecuados por sus productos”. En los días siguientes el Ministro se reúne con otros agentes de la cadena, como una federación de la industria fabricante (aquí) y, de forma individual, con distribuidores (aquí, aquí o aquí). En último lugar, y cinco días antes de aprobar el RDL, atiende a las asociaciones de consumidores.

Fase 3. El 3 de febrero, pocos días después del comienzo de las protestas, el Ministro informó a las asociaciones de que su departamento presentará en breve “un borrador de reforma de la ley de la cadena alimentaria”. El 13 de febrero anunció la “inmediata modificación de la Ley de la Cadena”. El 25 de febrero el Consejo de Ministros aprueba dicha reforma mediante el RDL 5/2020.

En resumen: un Real Decreto-ley (fórmula de urgencia que evita la discusión parlamentaria ordinaria) que, de acuerdo con el Gobierno, responde a las demandas del sector productor, gestado en aproximadamente 3 semanas desde el comienzo de las protestas.

¿Es el RDL una buena política pública?

Consideramos que no. El RDL limita la competencia en la cadena alimentaria sin que exista un fallo de mercado que justifique la intervención. Por tanto, reducirá el bienestar social, y ya por esto es una mala política pública.

¿Cómo la limita? Destacamos:

1. Recomendación colectiva de precios que facilita la colusión en el sector primario:

El RDL establece que el precio en los contratos entre el productor primario y su primer comprador no podrá ser inferior al coste de producción. A su vez, indica los tipos de costes a tener en cuenta para establecer el coste (y, por lo tanto, el precio) y desarrolla los factores objetivos a considerar para su cálculo, a saber, “aquéllos que sean imparciales, fijados con independencia de las partes y que tengan como referencia datos de consulta pública”, añadiendo que “en el caso de las explotaciones agrarias, éstos serán tales como los datos relativos a los costes efectivos de las explotaciones publicados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación”.

Por lo tanto, el RDL fija un umbral mínimo de precio basado en costes y orienta a los operadores sobre cómo calcularlos, sugiriendo sean fijados con los datos obtenidos por el Ministerio. Esta disposición constituye una recomendación de precios que tiene la aptitud de unificar la conducta de los operadores en materia de precios y, en concreto, configura un punto focal en el que los operadores pueden coordinarse para establecer su precio, favoreciendo la colusión.

Un matiz relevante en este punto es que, en caso de que esto lo hubiese hecho una asociación de productores, es probable que dicha conducta hubiese constituido una infracción del Artículo 1 de la Ley de Defensa de la Competencia, por recomendación colectiva de precios. No obstante, ahora goza de amparo legal. Adicionalmente, es posible que se esté anticipando un primer paso legal para establecer un precio mínimo, algo que ya se intentó en 2013, sin éxito.

2. Prohibición general de la venta a pérdida en la cadena alimentaria

El RDL establece que ningún operador podrá comprar un producto por debajo de lo que ha costado producirlo. A su vez, cuando un operador realice la venta final del producto al consumidor final “en ningún caso podrá repercutir a ninguno de los operadores anteriores su riesgo empresarial derivado de su política comercial en materia de precios ofertados al público”.

Es difícil discernir lo que este segundo precepto significa exactamente, pero el Ministro lo aclaró en el Consejo de Ministros del 25 de febrero: “nunca se podrá imputar al vendedor aquel precio inferior por el cual haya sido [el producto] vendido al público”. Es decir, si un distribuidor desea vender la leche a 0,2 euros el litro, tendrá que haberla comprado a un precio igual o inferior. Lo que se pretende es eliminar la venta a pérdida en toda la cadena alimentaria, para, según el RDL, evitar que “se destruya valor”.

El RDL sujeta esta prohibición de venta a pérdida a un régimen de infracciones y sanciones, afrontando los operadores que la incumplan sanciones de hasta 100.000 euros. Por lo tanto, el RDL tiene la capacidad de restringir la venta a pérdida, y de hecho inaugura un período de mayor control administrativo de los precios en toda la cadena alimentaria.

La prohibición de la venta a pérdida tiene un claro efecto anticompetitivo. En primer lugar, restringe la capacidad de los operadores para señalizarse y transmitir información a los consumidores, además de limitar su capacidad de competir en precio. En segundo lugar, facilita la colusión tácita o explícita – por ejemplo, a nivel de los fabricantes - haciéndola más estable, dado que permite que haya más transparencia en precios en el tramo minorista y, por lo tanto, que sea más fácil detectar desvíos del equilibrio colusorio. El resultado de las prohibiciones de la venta a pérdida es una mayor probabilidad de supervivencia de operadores relativamente ineficientes y precios mayores para los consumidores (véase, por ejemplo, Biscourp, Boutin y Vergé, 2013 con evidencia para Francia o Collins, Burt, y Oustapassidis, 2001 para Irlanda).

No existe un argumento de eficiencia para prohibir la venta a pérdida y lo mejor para la sociedad es permitirla. Para casos como los precios predatorios (algo totalmente distinto a la venta a pérdida), es de aplicación la normativa de competencia.

3. Restricciones a la realización de promociones en la distribución comercial

Para evitar la “banalización de los productos”, se establecen una serie de exigencias para el lanzamiento y desarrollo de promociones que las burocratizan, sometiéndolas a pacto y acuerdo entre las partes e introduciendo prohibiciones, sin justificación, basadas en criterios imprecisos como que se “perjudique la percepción en la cadena sobre la calidad o el valor de los productos”. Esta disposición también está sujeta a un régimen sancionador.

No queda claro lo que es “banalizar un producto”, pero el propio Ministro nos lo aclara con un ejemplo: regalar una botella de aceite si compras dos cajas de detergente, es “devaluar el aceite”, por lo tanto este tipo de prácticas quedarán “prohibidas”. Utilizar la leche o el aceite como productos gancho, a precios reducidos, muy probablemente también sería considerado “banalización”. Por lo tanto, se limita la competencia entre distribuidores con un efecto anticompetitivo similar a la prohibición de vender a pérdida.

En resumen, ¿qué consigue el RDL?

En primer lugar, el Gobierno quiere “evitar el abandono de las explotaciones agrarias”. Pero al facilitar la colusión y limitar la competencia en el sector productor primario, la producción, el empleo y la sostenibilidad se reducirán, así como los incentivos a modernizarse y ser competitivo.

En segundo lugar, el Gobierno quiere “impulsar el reequilibrio entre todos los eslabones” de la cadena alimentaria. Pero el desequilibrio no es un fallo de mercado, sino una característica inherente a él, a la que los operadores van dando respuesta dinámicamente, como dijo acertadamente la extinta Comisión Nacional de la Competencia (CNC) en 2012 (véase también Llobet, 2013 o Maudes y Silos Ribas, 2015).

Si existen problemas de competencia en la cadena alimentaria, la mejor receta es aplicar la normativa de competencia y eliminar las barreras injustificadas que la limitan. De hecho, el RDL, al limitar más la competencia entre distribuidores, refuerza su poder de mercado y, por lo tanto, su poder de compra. De este modo, resulta contrario al pretendido objetivo de “reequilibrar” la cadena.

En suma, el Gobierno ha aprobado en tiempo récord un RDL para satisfacer las demandas del sector productor primario que conducirá a resultados peores para los consumidores y, al final, para el propio sector: a los primeros, porque pagarán más caros los productos (afectando sobre todo a los hogares de menor renta); y a los segundos, porque reducirá los incentivos a modernizarse y mejorar.

Pero lo más grave, quizás, no sean estos resultados, sino el precedente que se instaura: los procesos de captura regulatoria contribuyen a fraguar la percepción de que el sistema cede a favor de unos pocos, repercutiendo negativamente en toda la sociedad. Otro resultado de no fundamentar las decisiones políticas en la evidencia teórica y empírica.



¿Por qué se comportan las bolsas como lo hacen?

Estamos acostumbrados a oír expresiones como “las bolsas rebotan” o “según el análisis técnico tal acción romperá una resistencia o un soporte”, pero hace falta que nos preguntemos por qué se producen esos comportamientos característicos de las bolsas, y no siguen unos patrones más razonables. En primer lugar, si soy un gran inversor, puedo por mi volumen ejercer una influencia en la cotización de una acción. Comprando puedo, si consigo arrastrar al mercado, hacer que la acción suba, beneficiándome de ello, y, de la misma manera, si vendo masivamente puedo conseguir que la acción baje, habiendo vendido antes de que esto ocurra. Evidentemente esto conlleva ciertos riesgos que hacen que esta estrategia no siempre se cumpla. El comportamiento de las bolsas suele seguir un patrón empírico, es decir, muchas veces se produce así porque anteriormente así lo ha hecho, no porque haya una razón para ello. De esta manera, si las bajadas han sido importantes, lo normal, como suele ocurrir, es que haya unas sesiones de rebote, en que los precios se recuperen hasta cierto punto. Pero, ¿quién decide hasta qué punto rebotan las bolsas?, o ¿Cuándo rebotan las bolsas?, pues los “conocedores del mercado”, los que operan habitualmente en el mercado y conocen, por experiencia, cómo se comporta el mercado en distintas circunstancias y lo que es más probable que vaya a ocurrir. Esto hace que un inversor particular, ajeno al funcionamiento habitual del mercado bursátil, tenga menos probabilidades de ganar dinero que alguien que conozca el mercado. Y sobre todo, porque estos “conocedores del mercado” tienen convenciones propias, para coordinarse entre ellos y estar de acuerdo, solo para quienes conozcan estas reglas, de cuando hay que comprar o hay que vender. Esto se llama el análisis técnico. Así es, el análisis técnico es un análisis que indica cuándo […]

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martes, 3 de marzo de 2020

La productividad en España: Is Spain Different?

¿Por qué no crece la productividad en España? ¿Estamos condenados a ser el furgón de cola, la anomalía europea, el enigma del crecimiento? ¿Debemos resignarnos a cargar con el sambenito Spain is different? En este post voy reflexionar sobre este problema (en este blog ya se ha hablado mucho aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, y aquí, por ejemplo) repasar ciertos conceptos y analizar algunos estadísticos.

¿Paradoja de la productividad descendente o del crecimiento del PIB?

¿Qué es la productividad? Los economistas manejamos dos indicadores básicos: la productividad media, que es igual a la producción por unidad de trabajo y la productividad total de los factores, PTF, que se mide como la diferencia entre el crecimiento de la producción (en un periodo dado) menos el crecimiento ponderado de los factores primarios (capital y trabajo), bajo ciertos supuestos acerca de cómo se produce en una economía. Ambos estadísticos están relacionados pero no son iguales, ya que la productividad media no nos dice nada del uso del otro factor primario, el capital o, más precisamente, de la evolución del capital por trabajador.

Figura 1: VA por trabajador de elaboración propia. La PTF es la calculada por EU KLEMS para comparar con el resto de países.

La Figura 1 muestra el Valor Añadido Agregado por trabajador y la PTF en Alemania, España, Francia e Italia. Los datos los he tomado de EU KLEMS. Están en logaritmos y normalizados por el valor de la productividad media en 1995. La Figura 1 muestra que, efectivamente, la producción por trabajador permaneció estancada durante todo el boom 1996-2007. Si a eso le sumamos que la inversión (en vivienda) creció de forma exorbitada durante esos años (llegó a ser casi el 30% del PIB en 2007), con el consiguiente aumento del stock de capital, el resultado es que la PTF, como el muestra en segundo panel, cayó en picado. No es un consuelo, pero no estamos solos en el furgón de cola: los italianos nos acompañan. La Figura 1 también muestra que la productividad media está aumentando desde 2007 pero no lo suficiente: la PTF sigue su marcha descendente aunque hay un ligero repunte en el periodo 2014-2016 (el último disponible en EU KLEMS).

¿Por qué nos preocupa tanto la PTF a los economistas? Como mero estadístico, si su tasa de crecimiento es positiva, indica que la producción aumenta más que proporcionalmente que los factores capital y trabajo. Su crecimiento es un indicador de progreso y de mejora en los estándares de vida. De hecho, esa producción extra al aumentar o mejorar los inputs (una tecnología más avanzada o más capital humano) es nuestra medida de la rentabilidad de esas mejoras. Por tanto, si la PTF no aumenta ¡o cae! se deduce que no somos capaces mejorar nuestra tecnología/que no somos capaces de mejorar nuestra tecnología productiva o que no nos cunde dedicar más años a estudiar. Por eso nos pone tan nerviosos una PTF que está cayendo ¡desde 1995! No hay modelo macroeconómico que justifique 10 años de una PTF cayendo pertinazmente. Es decir: cualquier modelo de crecimiento (bajo la premisa que la asignación de mercado es eficiente) donde la evolución del progreso tecnológico siga la marcha descendente de la PTF en España predecirá, no ya un estancamiento en la producción por trabajador, sino directamente una caída de magnitud similar a la de la PTF. Por eso, el crecimiento del PIB en España durante el boom es una paradoja, dado el comportamiento de la PTF.

Conviene insistir en el supuesto esencial: que hay competencia perfecta y que la inversión se dirige a los activos y sectores más rentables (que en ese caso son los más competitivos). Bajo ese supuesto, con los modelos macroeconómicos de los que disponemos, no podemos entender que, simultáneamente, la PTF caiga y que la inversión y la producción por trabajador aumenten. Esa es la paradoja de la economía española.

Y el presunto culpable es…

Para resolver esta paradoja podemos optar por tres rutas: (1) cuestionar el modelo teórico que usamos para entender el comportamiento conjunto de la PTF y la producción por trabajador, (2) cuestionar la hipótesis de eficiencia y estudiamos los datos con más profundidad (para poder entenderlos), o (3) negar la mayor y cuestionar la medición de la productividad. En Díaz y Franjo (2016) optamos por la segunda vía. Hablamos de ello en este post hace ya unos años. En ese artículo construimos un modelo de crecimiento neoclásico donde la inversión residencial es ineficientemente alta en un periodo de boom en los precios de la vivienda. Si el 70% de nuestra inversión va dirigido a un tipo de capital cuyo precio está aumentando, la PTF medida, a la fuerza, cae. Entonces, ¿por qué se invierte y aumentan las horas trabajadas, como ocurrió durante el boom? Una manera de sostener esa inversión ruinosa es a través de subsidios. Por eso usamos nuestro modelo para deducir la magnitud de los subsidios directos e indirectos necesaria para mantener el volumen de inversión residencial observado en el periodo 1996-2007. Esa magnitud viene a ser 2% del PIB. Para poner en contexto este número podemos recordar que, por ejemplo, García_Montalvo (2012) estimaba que solo las subvenciones directas a la compra de vivienda costaban alrededor de un 1% del PIB. Nuestro trabajo, apuntaba, por tanto, a la composición sectorial de la economía española, donde la construcción tiene un peso enorme. No solo eso. Nuestros cálculos apuntan a que el progreso tecnológico incorporado en el stock de capital en España crece a una tasa menor que en otros países del entorno. Es decir, aunque el sector de la construcción es el peor en términos de PTF, el resto de la economía no lo hace muy bien, como también estiman García-Santana et al. (2019).

Esta evidencia, así como otra más reciente, nos lleva a echar las luces largas y preguntarnos, ¿son todos los sectores iguales? Es decir, voy a explorar brevemente la ruta (2). Miremos la PTF por sectores. La PTF que aparece en la Figura 1 es la que ofrece EU KLEMS directamente. En esa base de datos hay mucho detalle sectorial. Aquí voy a organizar el PIB en cuatro grandes sectores: (i) los sectores que producen bienes, manufacturas entre ellos, (ii) construcción y servicios inmobiliarios, (iii) Admones. Públicas, educación y sanidad, y, por último, el (iv) resto de servicios. Al agrupar los sectores de esta manera (EU KLEMS solo ofrece la agregación tradicional) y, para poder comparar, hemos recalculado la PTF. En nuestra medida el capital es el stock nominal dividido por el deflactor del PIB y el trabajo son trabajadores (no horas). Como resultado, la PTF calculada varía ligeramente respecto a lo que calcula EU KLEMS.

Figura 2: Elaboración propia. El Valor Añadido de cada sector se obtiene deflactando el nominal por su propio deflactor. Euros de 2010.

Agrupamos en “Goods” toda la producción de bienes porque la literatura de cambio sectorial nos dice que hay más crecimiento de la productividad en la producción de bienes que en la producción de servicios. La razón es que la producción de bienes es más intensiva en capital y, por tanto, se beneficia más del progreso tecnológico incorporado en las máquinas. “Consin” agrupa Construcción y servicios inmobiliarios. “AEH” agrupa a las Administraciones Públicas y los sectores de Educación y Sanidad. “Serv_m” es el resto de servicios. “TOT” se refiere al total de la economía. Varias cosas destacan: Primero, la productividad en construcción y servicios es contracíclica y, dado su peso en el PIB, hace que la productividad global sea contracíclica. El sector de la construcción destaca por su enorme volatilidad. En cambio, el sector “Goods” tiene una productividad procíclica. Es decir, la paradoja de la productividad contracíclica en España es la paradoja de la Construcción y de Servicios. Es particularmente sorprendente la evolución del Valor Añadido por trabajador durante el periodo 2000-07 para construcción y servicios: estaba cayendo. ¿Cómo es posible que en plena euforia del boom la producción por trabajador cayera? ¿Debemos replantearnos la ruta (1)? ¿Qué modelo teórico puede racionalizar que la producción por trabajador esté cayendo en un boom? Desde luego, la competencia imperfecta debe ser un ingrediente esencial.

Pero en este post también quería hablar de la tendencia, no solo del ciclo. Como vemos, la producción por trabajador y la PTF son crecientes en la producción de bienes. En el sector AEH vemos que tanto productividad media como PTF son muy moderadamente crecientes (pero no cae, como en Construcción y Servicios). Esto es destacable. Las Cuentas Nacionales computan como Valor Añadido del sector público solo el sueldo de los trabajadores públicos sin imputar valor alguno al capital público. Por tanto, por construcción, si los salarios no varían demasiado, su productividad es plana. La medición de la productividad en los sectores educativos y sanitarios privados tampoco en sencilla por la naturaleza de su trabajo. Y, aún así, la PTF estuvo cayendo en Construcción y Servicios más que en el sector agrupado AEH. Por tanto, el problema de la PTF decreciente en España es el problema de Construcción y Servicios, esencialmente. Pero Servicios es un sector muy amplio. Por eso vamos a mirar con un poco más de detalle los sectores.

Aún más detalle

Para no ser exhaustiva, he escogido la PTF por trabajador calculada por EU KLEMS para cuatro sectores en Alemania, España, Francia e Italia.

Figura 3. Sectores con crecimiento de la PTF negativo
Figura 3. Sectores con crecimiento de la PTF negativo

La Figura 3 presenta dos de los sectores con un desempeño peor en España en términos de PTF. El primer panel de la Figura 3 presenta la PTF del sector de Hostelería. Este gráfico debe hacernos reflexionar. Tenemos un sector turístico potentísimo. Somos uno de los grandes destinos turísticos del mundo ¿por qué la PTF cae? Vemos que también tiene un crecimiento nulo o negativo en Alemania, Francia e Italia, siendo las dos últimas las otras dos grandes potencias del sector. Al ver este gráfico, estamos tentados a decir que la PTF se mide mal en servicios (de lo que ya hablamos en el post sobre la medición del PIB). En concreto, ¿cómo se mide la calidad de los servicios? En cualquier caso, dado que todos los países siguen las mismas prácticas contables, esa diferencia de PTF entre Italia y España debe estar reflejando, en parte, un problema real del sector. ¿Qué problema es ése? ¿Se trata de un problema del tamaño de las empresas?

El siguiente ejemplo patológico es el del sector de la Construcción. Al comparar con el resto de los otros países vemos que la PTF no es alta en este sector, dado que muy intensivo en mano de obra no cualificada y estructuras. ¿La caída de la PTF a plomo durante el boom es específica de España, o de un boom de la construcción?

Otro sector patológico es el Financiero (primer panel de la Figura 4) cuya PTF supera con mucho a la de nuestros vecinos. Lamentablemente, ese robusto crecimiento de su PTF durante el boom era, en realidad, una medida del riesgo que estaba concentrando el sector, ya que la medición de su valor añadido depende de la diferencia entre los tipos a los que se presta y se toma prestado, así como del volumen intermediado. Durante esos años este sector estaba en plena borrachera financiando el boom de la construcción. Curiosamente, la PTF del sector en Alemania cae abruptamente en la segunda parte del boom. ¿Cómo debemos medir el valor añadido del sector financiero?

Por último, he escogido el sector con la mayor tasa de crecimiento de la PTF, Telecomunicaciones. Si hay un sector que debería tener un desempeño más parecido al de otros países, debería ser este. Por tecnología, capital humano, internacionalización, tamaño de las empresas, etc. Y lo primero que destaca es que la PTF de Telecomunicaciones estaba plana de 1995 a 2001. ¿Por qué? Estadísticamente, ya sabemos por qué: porque la producción por trabajador creció al mismo ritmo que el capital por trabajador. ¿Cómo es posible que en plena euforia de telecomunicaciones no hubiera ninguna ganancia de productividad?

Problemas de medición

En suma, el estudio del comportamiento de la PTF en España requiere de más estudios sectoriales y, más aún, de distribución de empresas. Una objeción que puede ponerse a esta evidencia es que es difícil medir la PTF por sectores. Como dijimos arriba, la PTF mide la diferencia de crecimiento entre la producción final y una combinación ponderada del crecimiento de los factores primarios. La ponderación utilizada es proporcional a la elasticidad de la producción respecto a los inputs usados y para medir esas elasticidades se usa la participación de capital y trabajo en el valor añadido sectorial. Como muestran Karabarbounis y Neiman(2014), usando los datos de EU KLEMS, estas participaciones están cambiando (ellos miran el agregado, no por sectores). Cómo afecta ese cambio a la medición de la PTF, es algo sobre lo que la literatura sobre cambio sectorial nos puede ilustrar.



lunes, 2 de marzo de 2020

Roberto Serrano. Laudatio Doctor Honoris Causa

 

Nota de los editores: Roberto Serrano, colaborador ocasional de este blog, fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid el pasado 28 de noviembre. Roberto es, entre otras muchas cosas admirables, un ejemplo de superación y de académico entregado a la ciencia económica. Reproducimos a continuación un resumen de la laudatio de dicha investidura del profesor Emilio Cerdá y vínculos al video del acto y al discurso que Roberto pronunció en dicha ocasión).

Por Emilio Cerdá Tena

Roberto Serrano nació en Madrid en 1964. Se licenció en Economía por la Universidad Complutense, con mención extraordinaria, entre los años 1982 y 1987. Se inició en las tareas docentes en la Complutense, siendo profesor ayudante durante el curso 1987-88, en el que impartió clases de Microeconomía Intermedia, precisamente una materia en la que en el año 2013, junto a A.M. Feldman  publicó en Cambridge University Press un libro de máxima difusión internacional, que cuenta con ediciones traducidas al castellano, al chino y al griego. Los mismos autores publicaron en 2006 Welfare Economics and Social Choice Theory, que cuenta con una edición traducida el japonés.

Posteriormente, Roberto consiguió una Beca de la Fundación Ramón Areces, seguida de una Beca Fulbright, que le permitió realizar sus estudios de Máster y Doctorado en la Universidad de Harvard. Allí culminó con éxito su doctorado en el año 1992, siendo sus directores de tesis los profesores Mas-Colell, Maskin (Premio Nobel de Economía en 2007) y Green.

Roberto Serrano ha publicado 77 artículos en revistas académicas de impacto en los campos académicos de Economía, Teoría de Juegos, Investigación Operativa y Matemática Aplicada. De ellos, 10 están publicados en “revistas del top 5” en Economía, según denominación utilizada en algunos círculos académicos influyentes. Estas revistas son, por orden alfabético, American Economic Review, Econometrica, Journal of Political Economy, Quarterly Journal of Economics y Review of Economic Studies, aunque Roberto relativiza ciertas etiquetas y rankings, y considera que el objetivo del economista debe contribuir al conocimiento de algún aspecto relevante de la realidad económica (ver aquí).

Entre sus muchas aportaciones hay que destacar sus trabajos centrados en explorar los fundamentos no cooperativos de la Teoría de Juegos Cooperativos.  En Teoría de Juegos No Cooperativos se especifica con detalle la secuencia y el conjunto de movimientos disponibles para cada jugador en cada nodo de decisión. En Teoría de Juegos Cooperativos se parte de coaliciones y del conjunto de pagos o utilidades factibles para cada coalición, sin entrar en los acuerdos o procedimientos que han hecho posible la formación de cada coalición, viniendo dada la solución a través de una definición (como el core o el nucleolus), a por vía axiomática (como la solución de negociación de Nash o el Valor de Shapley). Para cada concepto de solución cooperativa en cuestión, Roberto ha diseñado un juego en forma extensiva cuyo equilibrio perfecto en subjuegos coincide con los resultados predichos por el concepto de solución.

La Real Academia Sueca de Ciencias concedió en el año 2007 el premio Nobel de Economía a Hurwicz, Maskin y Myerson por haber sentado las bases de la Teoría del Diseño de Mecanismos, y en 2012 a Roth y Shapley por la teoría de las asignaciones estables y la práctica del diseño de mercado. En los respectivos documentos de información para el público que emitió la Academia aparecen entre las referencias de artículos científicos el trabajo de Roberto Serrano sobre "La Teoría de Implementación de reglas de elección social”, publicado en la SIAM Review en 2004, y  su trabajo sobre juegos cooperativos: core y valor de Shapley, que había sido publicado en 2009 en la Encyclopedia of Complexity and Systems Science.

Como docente Roberto ha recibido dos premios en la Universidad de Brown,  en 1999 el Premio William G. McLoughlin sobre excelencia académica en la docencia en ciencias sociales, y en 2006 el Premio Omicron-Delta-Epsilon Economics Professor of the year.

Roberto Serrano está seleccionado entre “The Best 300 professors”, publicación de Princeton Review de 2012. Como se lee en el documento, se trata de una guía para encontrar profesores con el poder de cambiar tu vida. Tras entrevistas a millones de estudiantes universitarios de Estados Unidos de todas las ramas del saber, se seleccionaron los 300 profesores con mejores resultados obtenidos en las encuestas, de 60 campos académicos distintos. En la publicación se recogen opiniones de algunos alumnos de Roberto, en las que la palabra que más se repite es “impresionante” y se recogen testimonios como el siguiente.

“Persona increíble. Tomaría sus clases de nuevo solo porque me gusta su estilo de enseñar, su sentido del humor y su presencia. Sobre todo, gran persona, y ciertamente hace de la Universidad de Brown un mejor lugar en el que estar”.

En los años 1988 y 1993 Roberto recibió los premios de la ONCE al mejor estudiante de ciencias y a la mejor tesis doctoral, respectivamente.

A Roberto le fue concedido el Premio del Banco Herrero al mejor investigador en Ciencias Sociales menor de 40 años, recogiendo el premio en Oviedo el 28 de septiembre de 2004. Ese día la contraportada del diario El País contenía un bonito reportaje que llevaba por título “Roberto Serrano, otra mente maravillosa”. Sin duda se establecía cierta analogía, en cuanto al prodigio de su mente, con el personaje de la película “Una mente maravillosa”, que trata sobre la vida de John Nash.

En 2013 Roberto fue elegido Fellow de la Econometric Society.

Entre el trabajo editorial que ha llevado a cabo destaca el haber sido Editor in Chief de Economic Letters entre los años 2011 y 2017.

Me van a permitir que ahora retrocedamos en el tiempo y recuperemos otros aspectos importantes de la vida de Roberto y su familia.

Cuando Roberto era adolescente empezó a perder visión, que con el tiempo llegaría a perder por completo. Al inicio de los estudios universitarios de Roberto, su padre se pidió la jubilación anticipada para poder dedicarse completamente a su hijo, el cual como podía tomaba algunas notas en clase. Todas las tardes Don Carlos le leía a Roberto las notas que éste había tomado por la mañana, así como libros, artículos, apuntes de compañeros, todo lo que necesitaba Roberto, que con ello iba componiendo sus propias notas en Braille. Todas las tardes, entre las 4 y las 10, don Carlos estaba allí, ayudando a su hijo. Para ponérselo más difícil, Roberto se iba especializando paulatinamente en el área de la Economía que requería mayor grado de formalización matemática, con lo que en muchas ocasiones su padre se veía obligado a leer e informar sobre auténticos jeroglíficos de los que no entendía absolutamente nada.

El 18 de Febrero de 2005, se aprovechó el primer acto de graduación que se celebraba en nuestra Facultad para hacer un homenaje a Don Carlos Serrano, y  con él a toda la familia Serrano García. El acto contó con la presencia de Roberto, quien fue el encargado de dar el discurso a los nuevos graduados. El rector impuso una beca honorífica a Don Carlos Serrano y le hizo entrega de una placa conmemorativa.

Para terminar, veamos lo que han escrito sobre Roberto Serrano tres prestigiosos investigadores de la Economía.

Roger Myerson (Premio Nobel de Economía 2007):

“Roberto ha sido sumamente productivo y creativo en el avance de la Teoría Económica en muchos frentes. Tiene aportaciones fundamentales en Teoría de Elección Social y en Teoría de Juegos. Su trabajo con Robert Aumann sobre nuevas medidas de riesgo es una brillante contribución innovadora”.

“Soy uno de los muchos economistas de todo el mundo que admira profundamente a Roberto Serrano y valora enormemente sus contribuciones en nuestro campo”.

Robert Aumann (Premio Nobel de Economía 2005):

“Conozco muy bien al profesor Serrano desde hace 18 años. Su conocimiento de la Teoría Económica y de la Teoría de Juegos es amplio y profundo, habiendo realizado importantes contribuciones innovadoras en varias áreas dispares dentro de estas disciplinas”.

“Su trabajo en Teoría de Juegos y Economía justificaría ampliamente el mayor de los reconocimientos. Que él produzca tales resultados con su condición de invidente es completamente asombroso y digno de la mayor admiración”.

Eric Maskin (Premio Nobel de Economía 2007):

“Roberto Serrano es uno de los mejores teóricos de la Economía del mundo. Sus logros son excepcionales, en cualquier caso. Pero, dado que es invidente, rayan en lo increíble”.

Emilio Cerdá Tena
Departamento de Análisis Económico y Economía Cuantitativa
Universidad Complutense de Madrid

Vídeo del acto de investidura



domingo, 1 de marzo de 2020

Monedas digitales públicas (III): Consideraciones de política monetaria

Por David Tercero Lucas

En el año 2000, Charles Goodhart se preguntaba (aquí) si los bancos centrales podrían sobrevivir a la revolución digital. Argumentaba que, por un lado, la revolución digital no eliminaría la demanda de moneda. Y aunque esto ocurriera, el banco central podría seguir determinando el tipo de interés nominal. En otro artículo de ese mismo año (aquí), Michael Woodford analizaba si el desarrollo del dinero electrónico constituía una amenaza a los bancos centrales a la hora de controlar el valor de las monedas nacionales a través de la política monetaria. Su conclusión fue que, incluso si la demanda de base monetaria fuera completamente eliminada, la política monetaria podría ser igualmente efectiva.

Pero Goodhart y Woodford no fueron los únicos adelantados a su tiempo. En 2014, J. P. Koning, entre otros, propuso la creación de un dólar virtual, el Fedcoin, una moneda digital pública (CBDC) en Estados Unidos (aquí). Por aquel entonces, era impensable que esa inusitada propuesta pudiera hacerse realidad. Más de un lustro después, hasta la todopoderosa Reserva Federal ha comenzado a analizar la propuesta de crear una CBDC (aquí). Los bancos centrales saben que son agentes que deben hacerse partícipes de los avances tecnológicos. Es por ello que el Banco del Canadá, el Banco de Inglaterra, el Banco del Japón, el Banco Central Europeo, el Banco de Suecia y el Banco Nacional Suizo, junto con el Banco de Pagos Internacionales de Basilea (BIS), han creado un grupo para evaluar cómo podrían implementar una CBDC.

Tras analizar las características y el diseño que podría presentar una moneda digital pública emitida por un banco central (aquí), así como las ventajas, inconvenientes e implicaciones de emitir una CBDC en los sistemas de pagos, seguridad, inclusión, intermediación y estabilidad financiera y en otros aspectos (aquí), en la presente entrada se abordará de manera resumida las implicaciones que podría tener sobre la política monetaria.

Las consecuencias de emitir una CBDC sobre la política monetaria son inherentes a su diseño. Si la CBDC estuviera restringida a un determinado grupo de individuos (wholesale CBDC o mayorista), sus efectos no serían muy amplios. En cambio, sus consecuencias son mayores si es accesible para todos los públicos (retail CBDC o minorista) y si genera o lleva asociado un tipo de interés (emulando la propuesta de M. Friedman de 1960, que abogaba por que el dinero emitido por el gobierno pagara el mismo tipo de interés que otros activos libres de riesgo). Una consecuencia directa de esto podría ser el aumento de la efectividad del mecanismo de transmisión de la política monetaria. Los mercados monetarios, de préstamos y de depósitos se podrían ver mucho más afectados por las decisiones del banco central. Meaning et al. (aquí) argumentan que una moneda digital pública puede dar un mayor grado de control al banco central sobre el existente stock de dinero, mejorando la transmisión de la política monetaria. Cabe mencionar que el caso de los depósitos es especialmente relevante. Desde el artículo de Drechsler et al. (aquí) sabemos que los tipos de interés de los depósitos apenas responden a la política monetaria llevada a cabo por el banco central. Esto podría revertirse con la introducción de una moneda digital pública, como bien apunta B. Cœuré aquí. A su vez, la necesidad de emplear otras políticas “poco convencionales” quedaría reducida, al existir un nuevo instrumento de política monetaria, como se argumenta aquí, aquí, y aquí. Los efectos de una CBDC podrían ser aún mayores si es un activo atractivo para la cartera de los agentes económicos, algo que dependerá de la remuneración que tenga relativa a la de los tipos de interés de activos con un grado de liquidez semejante. G. Nuño (aquí) concluye que una CBDC que pague tipo de interés le otorgaría al banco central un mayor grado de control sobre las condiciones financieras de la economía y, por ende, sobre la demanda agregada. No obstante, actualmente no existe evidencia empírica que pueda corroborar la teoría expuesta.

Uno de los beneficios más mencionados de la creación de una moneda digital pública que lleve asociada un tipo de interés es la eliminación del límite inferior efectivo (effective lower bound, ELB). La Gran Recesión provocó la puesta en marcha de una miríada de medidas no convencionales de política monetaria, incluyendo la entrada en el difuso territorio de los tipos de interés negativos por parte de algunos bancos centrales. Sin embargo, la existencia del efectivo, que posee un valor nominal fijo, hace que no se pueda llegar a tipos negativos menores dado que la gente atesorará el cash. Algunos bancos centrales han podido establecer tipos de interés negativos (aunque cercanos al tipo de interés cero) porque atesorar efectivo lleva asociado costes de almacenaje, transporte, etc, que hacen que sea más asequible afrontar un tipo de interés (pequeño) antes que acarrear con los costes de acumular efectivo.

Así pues, con una CBDC que tenga tipo de interés, se podrían aplicar tipos de interés negativos por debajo del ELB, siempre y cuando el efectivo fuera prácticamente reemplazado. Un ejemplo recurrente utilizado para defender la imposición de un tipo de interés negativos en la moneda es el llamado “milagro de Wörgl” de 1932, un pequeño pueblo del Estado de Tirol (Austria), en el que se creó una moneda sujeta a una pérdida del 1% de su valor al final de cada mes (para más detalles, véase éste artículo de J. Huber). Ponentes en contra de los tipos de interés negativos, entre los que se encuentra el propio Huber, esgrimen que éstos, en lugar de estimular el gasto, es más probable que desencadenen una reducción de gastos de los individuos para compensar la pérdida de poder adquisitivo. Cœuré (aquí) considera que los tipos de interés negativos alterarían el patrón de consumo de los agentes, unos agentes que sufren ilusión monetaria, adentrándonos en un territorio desconocido que nunca antes se había traspasado. Asimismo, podrían ser necesarios controles de capitales habida cuenta de que los individuos comenzarían a atesorar moneda extranjera que no estuviera sujeta a una pérdida de valor de este tipo.

Por otro lado, la creación de una moneda digital pública que sustituya al efectivo podría permitir que la hoja de balance del banco central se volviera más transparente, con su consiguiente mejora en la comunicación de las decisiones de política monetaria, aunque también existe el riesgo de que se descontrole (sobre todo si se comienzan a admitir cuentas de individuos particulares). El BIS  (aquí) agrega que una hoja de balance mucho mayor reduciría el papel del mercado en la fijación de precios, provocando distorsiones y un mal funcionamiento de los mercados de colaterales. A su vez, Bordo y Levin (aquí) arguyen que con una CBDC que abone tipo de interés, sería más factible pasar de un objetivo de inflación a un objetivo de nivel de precios o a un objetivo temporal de nivel de precios. Un objetivo de nivel de precios, agregan, es más beneficioso para la estabilidad económica siempre y cuando el marco de política monetaria sea transparente y el compromiso con la estabilidad de precios creíble. Finalmente, si todos los individuos tuvieran cuentas en el banco central, se podría llegar a utilizar el helicóptero del dinero de una manera más factible, aunque no está claro que sus efectos sean tan positivos como a priori se piensa (véase aquí o aquí).

Queda claro, por consiguiente, que la irrupción de las monedas digitales públicas tiene capacidad de alterar para siempre el escenario monetario actual. Como curiosidad, cabe destacar que Suecia ha sido uno de los primeros países que han comenzado a llevar a cabo un proyecto piloto para establecer una moneda digital, la e-krona (aquí). Sus resultados, serán fundamentales para que otras naciones comiencen también a realizar pruebas piloto.



El precio del pánico

Aunque la mayoría de los especialistas coincide que los barbijos son inefectivos para prevenir el eventual contagio del coronavirus y que todo caso tendrían que ser usados por los portadores de la enfermedad, e incluso cuando el propio Ministerio de Salud no ha confirmado ningún caso en la Argentina y ha descartado que esa protección sirva para prevenir el virus, la demanda de todo tipo de máscaras protectoras se disparó, por el pánico que causó la población de la epidemia de covid-19.

El respirador para partículas 3m 8210v N95, uno de los preferidos del público porque posee una válvula “cool Flow” que libera el calor de la respiración permitiendo que “la atmósfera dentro del respirador sea en promedio 13,6° mas baja que un respirador sin válvula” según declara la propia empresa, podía conseguirse por Amazon a 8,40 dólares (antes de que estallara la enfermedad) y por el exceso de regulaciones e impuestos había que pagarlos $800 en Buenos Aires, lo que arrojaba un “dólar barbijo” de $95.

Entonces llegó la pandemia informativa de los medios, que se esparció incluso más rápido que el propio virus, y la gente entró en pánico porque la zonabilidad de los argumentos científicos dura hasta que estornuda el pasajero del subte sentado al lado de uno.

Como resultado de la mayor demanda, hoy se pueden conseguir entre $1500 y $2200 pesos en Mercado Libre, mientras que en muchos comercios que tenían precios más baratos, se agotó.

No es la primera vez, ni será la última, que esto pasa. El periodista Gonzalo Ochoa comentó esta semana por Twitter que cuando hizo erupción el volcán Chaiten y el sur quedó cubierto de cenizas, los barbijos en Esquel multiplicaron su precio por entre 10 y 20 veces, siendo que en ese momento realmente eran necesarios. Una cosa similar sucedió con el agua.

OFERTA Y DEMANDA

La reacción habitual del público ante estos fenómenos es el enojo. Cuando un precio relativo tiene cierta estabilidad, la gente le confiere a ese valor un sentido de justicia y está bien porque así funciona la competencia. Una vez que definimos el precio que esperamos, castigamos al carero y premiamos al que, haciendo un esfuerzo, o siendo mas eficiente, vende más barato. El problema es que los precios son señales de escasez y por lo tanto tienen tanta moral como la temperatura que surge de un termómetro.

La pregunta de Gonzalo y de muchos que piensan como él es: ¿No podría el Estado intervenir prohibiendo ese comportamiento aparentemente abusivo y poniendo un precio máximo para los barbijos?

El debate es crucial porque pone en discusión la raíz del mecanismo de precios que regula las relaciones de producción y consumo en las sociedades de mercado, máxime cuando estamos entrando en la uberización de la economía en la que empieza a ser cada vez mas común que un Uber salga mas caro si llueve o se lo pide en un barrio peligroso. Si ese paradigma de supremacía de precios Superflexibles se instala, habrá resistencia de muchos que lo considerarán injusto.

El funcionamiento del sistema de precios es muy simple. Cuando un producto presenta escasez, sea porque se cayó su oferta como ocurre por ejemplo con los alimentos después de una sequía, sea porque crece su demanda, como está sucediendo con los barbijos, el precio sube. La escalada del precio transmite dos señales; la primera a los consumidores para que lo piensen mejor y decidan si realmente necesitan ese producto, puesto que como no hay suficiente para todos, el precio racionará asignando los pocos que quedan para los que los valoren mas (en el caso del barbijo, para los que sean mas irracionales). La segunda señal es para los productores, a los que les llama la atención de la falta que hace ese producto a los efectos que fabriquen más o traigan más al mercado. Si la señal de precio se rompe, porque el Estado pone un precio máximo, el resultado es que ningún consumidor tienen incentivos a racionalizar el uso y los productores tampoco encuentran motivos para producir más.

Cuando la señal de precios dice “acá no ha pasado nada” el producto se agota rápidamente y aunque el precio es percibido como justo; no hay. Me viene a la memoria al cuento con el que el profesor De Pablo iniciaba uno de sus libros de Economía: resulta que un señor preguntaba en un local por un bolso y el comerciante le decía que salía $4000. “Pero cómo”, se quejaba el potencial comprador, “si en el negocio de enfrente sale $3000”. “Bueno cómprelo enfrente entonces” replicaba el vendedor. “No, lo que pasa es que enfrente se acabó”, le dice el cliente. “Perfecto”, sentencia el dueño, “Acá cuando se acaben también van a estar a $3000”.

Vamos ahora al ejemplo del taxi los días de lluvia. Si la tarifa está fija, ocurrirá lo que siempre pasa cuando llueve; es imposible conseguir un auto. Si dejamos que el precio haga libremente su trabajo, será más caro viajar en condiciones climáticas adversas, pero habrá taxis.

Volvamos entonces a los barbijos. Supongamos que efectivamente hay un vivo que se aprovecha y vende el stock que tiene mucho mas caro, ganando fortunas. Esa oportunidad atrae a otros vivos que importarán las mascara desde países con climas más tropicales, en los que el virus no tiene chance, o fabricarán versiones alternativas, dado que ha subido notablemente el margen de utilidad de dedicarse a producir eso.

Si el precio funciona libremente habrá mucha mas gente que consiga barbijos y el producto, con una mayor oferta, eventualmente bajará. Si usted no se convence, póngase a fabricar o a importar mascaras y aproveche el precio del pánico.

fuente: ELDIA.com