martes, 10 de marzo de 2020

Miserias académicas

De Juan J. Dolado (dolado.blogspot.com)

Hace un poco más de un año que volví a la universidad española tras un lustro fuera de ella. Me marché a finales de 2013 porque las miserias que arrasaban nuestro sistema universitario durante la recesión animaban a abandonar la nave a cualquier afortunado que contara con una buena oferta laboral del extranjero. No eran el recorte de sueldos (común a todos los empleados públicos) lo que nos empujaba a marcharnos 1. Los detonantes de la diáspora eran la desesperación por la prohibición de contratar (con la infame regla del 10%: un alta por cada 10 bajas), el absoluto desprecio a la investigación por parte de la Secretaría de Estado a que fueron destinados estos menesteres y el inmovilismo contumaz de asociaciones académicas como la ANEP, ANECA y CRUE.

Aunque generalmente uno no vuelve por motivos profesionales, siempre existen diversas motivaciones personales detrás de la decisión de retornar a casa. Y en muchas ocasiones lo hace uno con la ilusión renovada, debido a cambios políticos, el fin de los recortes, la admiración a los colegas que han aguantado la travesía por el desierto, la posibilidad de contratar a gente joven muy prometedora que tome el relevo de aquellos que vamos envejeciendo, las nuevas hornadas de estudiantes, etc. Poco dura, sin embargo, la alegría en casa del pobre (o de un colchonero). Esta entrada está destinada a poner algunos ejemplos concretos de lo que le espera en el camino a alguien con buena fe.

En primer lugar, quiero presentar un caso reciente que me concierne directamente. Cuando me marché al European University Institute (EUI) en Florencia, era co- investigador principal (IP) de un programa de investigación del Plan Nacional junto a uno de mis colegas en UC3M. Pues bien, pese a ser el EUI una institución de la Comisión Europea que mantiene los derechos académicos de sus profesores en sus países de origen (al ser los contratos de duración determinada), me fue retirada la figura de IP por parte de la Secretaria de Estado de Investigación y D&I, sin ningún tipo de información previa. A la vuelta, necesitaba ser IP para poder integrarme en la solicitud de renovación de una Ayuda María de Maeztu (MdM) por parte de mi Dpto. Para acelerar los trámites, otro colega que estaba de sabático me propuso sustituirle como IP en su proyecto mientras estaba fuera, petición que fue denegada. Ante la urgencia de presentar la solicitud de la MdM (en España siempre hay un plazo cortísimo entre la convocatoria de estos proyectos y su fecha límite), pedí entonces reincorporarme al proyecto original con ayuda de los servicios jurídicos de UC3M. Ante la falta de noticias, se me incluyó en el equipo aspirante a la ayuda. Dicho proyecto, fue desestimado porque uno de sus miembros no era IP. Poco tiempo después llegó una comunicación oficial del nuevo Ministerio de Ciencia no permitiendo la vuelta al proyecto original por lo que ahora me encuentro en un limbo. En fin, supongo que todo este proceso habría hecho las delicias del gran Franz Kafka.

El segundo caso tiene que ver con contratos laborales en la universidad española, en este caso en relación a los jóvenes. El Dpto. de Economía de una conocida universidad pública madrileña fue al mercado de doctores en Economía (job market) a finales de 2018, contactando con un recién doctorado de mi universidad que había hecho la tesis con un investigador muy conocido. Le ofrecen un contrato de profesor visitante (lo que en argot se conoce como tenure track) a partir de Setiembre 2019. En este caso, todavía más grave que el anterior, el interfecto firma el contrato y, unos días antes de incorporarse a su nuevo Dpto, recibe un correo comunicándole que el Rectorado ha decidido no llevar a cabo la contratación al tratarse de un contrato temporal (como no puede ser de otra forma un contrato de prueba). Es obvio que el estudiante hubiera ganado una demanda judicial contra dicha universidad por goleada. Ahora bien, como la competencia funciona, otra muy buena universidad fuera de Madrid se enteró de lo sucedido y le contrató ipso facto, permitiendo que los responsables de este desaguisado se fueran de rositas. Tanto la Asociación Española de Economía como la European Economic Association deberían ser informadas de estas prácticas irregulares, impidiendo que las instituciones culpables puedan contratar a través del job market.

Por último, queda el caso de las torpezas de la institución llamada Aneca en la acreditación del profesorado, tema que ya ha saltado a los medios en varias ocasiones dando lugar al término “anecado” (perjudicado por Aneca). Hasta hace poco yo solo había seguido estos escándalos por la prensa, pero recientemente me ha tocado de cerca a través de un joven investigador, a quien conozco bien. Esta persona solicitó ser acreditado para la posición de Ayudante Doctor o AD (una de las más precarias en la escala universitaria) en la universidad en la que trabaja, tras 4 años tras doctorarse en una excelente universidad británica. Con un artículo (sin coautores) en una muy buena revista de campo y otras 2 enviadas a buenas revistas, la acreditación le ha sido denegada por no cumplir el requisito de tener al menos 2 publicaciones-- sin que importe el número de coautores o que las revistas sean conocidas (en la lista de la Aneca caben incluso los predatory journals). ¿Por qué este criterio tan absurdo para acceder a una plaza de AD donde se debe juzgar el potencial de un investigador joven? Simplemente porque las reglas se aplican a todos las áreas científicas por igual, sin distinción de campos, y resulta que en las ciencias básicas y médicas es normal publicar muy rápido artículos cortos con un gran número de coautores (la clínica o el laboratorio), mientras que en las Ciencias Sociales este no es el caso. Alguien con buena fe pensaría que quizás este fallo pudiera ser compensado por un cierto grado de discrecionalidad por parte de los miembros de los comités. Después de todo, uno que confía que, al tratarse de buenos investigadores, sabrán dilucidar las cuestiones específicas de cada caso. No debería haberme sorprendido pero el caso es que he consultado la composición del comité para la acreditación de AD en Ciencias Sociales y la verdad es que no conozco absolutamente a nadie, pese a llevar muchos años en esta profesión. Aunque no siempre ha sido fácil, he localizado el CV de alguno de los miembros de dicha comisión y francamente dejan mucho que desear. La explicación es meridiana. La Aneca tiene pocos medios y no remunera bien a sus evaluadores, a quien por cierto recluta por cooptación, no por sorteo. Por ello hay selección adversa: solo aquellos investigadores poco destacados que tienen algo que medrar en estas acreditaciones están interesados en participar en los comités, mientras que, para los buenos profesionales, el coste de oportunidad es demasiado elevado. ¿Quién sale perdiendo con todo esto? Obviamente el sistema universitario español que continúa en su denostado empeño de perder talento a toda costa. La solución a este despropósito es sencilla: un sorteo en los profesores con al menos 4 sexenios potenciales de investigación, y al que le toque, le ha tocado.

Nota

[1] https://nadaesgratis.es/bagues/por-que-se-van#_ftn1



El coronavirus y el posible crack del sistema financiero internacional

La crisis financiera del 2008 se cerró en falso. Los bancos centrales del mundo intervinieron y lograron frenar la hemorragia, pero no solucionaron el problema de fondo. La crisis del 2008 fue una crisis de deuda, todo empezó porque muchos ciudadanos se endeudaron, gracias al fácil acceso al préstamo, para comprarse casas que luego no podían pagar. Eso es lo que sucedió con las hipotecas subprime. No sólo se endeudaron los ciudadanos, también las empresas y los estados lo hicieron. Todos se embarcaron en gastos y proyectos que luego eran difíciles de mantener y pagar. Fue como una gran estafa piramidal, donde nuevos préstamos cubrían los pagos que había que hacer en el momento. El sistema financiero mundial estuvo al borde de la quiebra. Los gobiernos mundiales, sin embargo, reaccionaron de la manera correcta. Hubo coordinación y los bancos centrales bajaron los tipos de interés e inyectaron dinero al sistema financiero para evitar un impago generalizado. En los últimos diez años se hablaba mucho de un posible cisne negro (evento inesperado y potencialmente demoledor de la economía mundial) que desatase una nueva crisis. Ese cisne negro ya está aquí, y es el coronavirus. Nadie podía esperar que esto fuera a suceder, ni la magnitud que puede llegar a tener. Por supuesto, todo dependerá de la propagación y mortandad que puede tener el virus, pero los gobiernos mundiales, al igual que hicieron en el 2008, deben actuar con coordinación y, sobre todo, prepararse para lo peor, por si este escenario catastrófico llega a ocurrir. De momento la Fed ha bajado los tipos de interés. El Banco Central Europeo no lo ha hecho, entre otras cosas, porque más bajos probablemente no pueda tenerlos. Mucha de la capacidad de reacción de los bancos centrales ya se utilizó en la crisis del 2008. Pero […]

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lunes, 9 de marzo de 2020

El marxismo vs la economía moderna (2)

Esta entrada es continuación de la anterior de igual título. En ella se trataron los temas del valor, el excedente, la explotación y la pobreza. Conviene leerla antes de seguir con esta. Conviene también recordar que el propósito de la entrada es explicar cómo la economía moderna es una herramienta más útil que la marxista para analizar y resolver los problemas económicos de la sociedad. En la entrada anterior referí al lector a algunos marxistas analíticos para saber sobre las incoherencias y limitaciones de la teoría de Marx.

5. Lucha contra la desigualdad

El marxismo propone "a cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus posibilidades". Maravillosa teoría, pero para la especie equivocada, como dijera E. O. Wilson. ¿Quién decide cuánto puedo trabajar o qué tan bien o mal sé tomar decisiones sobre dónde hacer nuevas inversiones de recursos? ¿Quién decide mis necesidades? Han sido las maneras absurdas de responder a estas preguntas las que han llevado a los regímenes comunistas que en el mundo han sido al fracaso, y no tanto enfrentamientos, guerras frías o bloqueos. Todo eso puede haber contribuido, pero en todos esos países, cada vez que introducían alguna apertura económica en el sentido que marca la economía moderna, lograban avances y cada vez que regresaban a la ortodoxia volvían también al estancamiento. Ha ocurrido en la URSS, en Cuba, en China y en todos los demás países.

La Economía moderna dota de mejores herramientas para luchar contra la desigualdad a un gobierno que quiera hacerlo. Primero, la competencia es una gran disciplina contra las desigualdades. Una empresa que gane excesivamente verá cómo le nacen competidores como setas. Un trabajador especializado que cobre grandes salarios verá cómo otros intentan ser como él. Segundo, el Estado puede corregir desigualdades sociales mediante políticas de igualdad de oportunidades (mediante programas de salud y educación universales) y mediante políticas que palien la desigualdad de resultados (transferencias de rentas, p. e.). La Economía moderna dice, por ejemplo, cómo las políticas de renta son, en este sentido, mucho mejores que las políticas de precios o de cuotas. Los países que han aprovechado estas ventajas son los que han conseguido las sociedades más igualitarias que ha conocido la Historia (tal vez no la Prehistoria).

Todo es mejorable, y en este blog se han criticado muchas cosas de cómo se lleva la economía en España y Europa y se han apoyado unas cuantas medidas para mejorarla.

6. Lucha de clases

Según el marxismo la lucha de clases es el motor de la historia. La clase burguesa contra los señores feudales y, ahora, el proletario contra la burguesía. En el capitalismo burgués, el marxismo distingue básicamente entre los que tienen la propiedad de los medios de producción y los que no. Como los primeros viven de parasitar sobre los segundos (según la teoría de la plusvalía), su primer interés es que las cosas sigan así, mientras que los segundos deben hacer desaparecer a esa clase parásita. Pero la realidad tiene la costumbre de ser más complicada. Por ejemplo, qué diremos de los pequeños empresarios, los autónomos, dueños de medios de producción, pero no especialmente ricos, o qué de los asalariados que cobran grandes cantidades. Ante esto los marxistas han añadido complicaciones ad hoc como "lo que define es a quién se sirve", "lo que importa es la conciencia de clase", etc. que acaban de hacer de su idea de clase una hipótesis no falsable.

Las explicaciones de procesos históricos con el concepto de lucha de clases marxista caen, además, en el problema del funcionalismo. El que al grupo X le convenga la medida A no quiere decir que los individuos del grupo X hagan nada al respecto; hay por una parte un problema de acción colectiva, y, por otra, el de lograr convencer a las autoridades para conseguir esa política. Historiadores marxistas más conocedores de lo que hablan hace mucho tiempo que abandonaron ese funcionalismo infantil (por ejemplo, David Abraham en su libro “El colapso de la república de Weimar”).

Finalmente, el problema mayor es que los hechos no encajan con la teoría. Para empezar, no todos los grandes acontecimientos históricos se explican como lucha de clases (solo algunos y restringiéndonos a Europa). Segundo, la evolución seguida por los países europeos, que sirvió de referencia a los marxistas, por comenzar ahí la revolución industrial, no es la seguida por el resto del mundo. Tercero, y para desconcierto de los marxistas de la época, las revoluciones comunistas surgieron donde ellos decían que no deberían haber ocurrido, en países sin industrializar o poco industrializados. Por supuesto, para todas las excepciones hubo explicaciones ad hoc y hubo reinterpretaciones de la historia y de la teoría para conseguir encajar las cosas. Y si hubo problemas para entender que el comunismo surgiera en esos países, todavía era peor observar a los países industrializados pasar a ser sociedades con economía de servicios donde toda la teoría se diluía.

La Economía moderna permite hablar de ricos y pobres y de estratos intermedios y permite integrar conceptos como "grupo de presión" (aquí un trabajo seminal), mucho más versátil que el de clase y, desde luego, dispone de herramientas para no caer en el funcionalismo señalado. No todos los propietarios de grandes empresas tienen los mismos intereses, ni todos los trabajadores. Pero en la medida que algún subgrupo de ellos tenga intereses comunes podrán ser un grupo de presión. La teoría económica, al tener una medida de la retribución por productividad, es capaz de dirimir si un grupo de presión es, efectivamente, más poderoso que otro y puede complementar a análisis sociológicos y políticos para analizar influencias, connivencias y corrupciones.

Como siempre hay quien quiere entender lo que no se escribe, he de añadir que nada de lo anterior niega que existan las clases, solo dice que no hacen lo que el marxismo quiere que hagan.

El marxismo quiere cambiar el sistema capitalista explotador e injusto por uno comunista. Sin embargo, no tiene la más mínima idea de cómo hacerlo. Ya hemos dicho que la teoría en que se basa es incoherente. Tiene un horizonte al que llegar: una sociedad sin clases donde los medios de producción no sean de propiedad privada y en donde reinen la igualdad y la prosperidad. Pero eso no responde a la pregunta de cómo se organiza esa sociedad ni, a fortiori, cómo se llega a ella. Sin iniciativa empresarial ¿cómo se toman las decisiones?, si la igualdad está garantizada ¿por qué esforzarse?

De hecho, la Economía moderna entra a valorar si expropiar toda la riqueza actual del mundo y repartirla equitativamente está bien o mal. Si acaso dirá que, una vez hecha esa expropiación y repartido el total, dejar a los individuos libertad para usar su parte como mejor gusten es mejor que impedirles usar esa propiedad. Podemos pensar en el ejemplo de los ejidatarios en México tras la revolución: campesinos a los que se dio tierra, pero sin dejársela tener en propiedad y sin poder venderla o arrendarla y a quienes se infantiliza y condena a ser campesinos de por vida, a ellos y a sus descendientes (aquí se explica el sistema de ejidos).

La economía moderna no dicta si cambiar o no de sistema. Analiza las consecuencias de una política u otra, de un mecanismo económico y otro, de un sistema u otro. Ofrece, además, herramientas para realizar muchos cambios, como se ha dicho en el punto 4. Ante esto se critica que vale, que sirve para poner un parche, pero no para cambiar realmente el sistema para tener mi utopía particular. Esto es cierto, la economía moderna no ofrece una manera de construir un sistema como el paraíso comunista (pero es que ni el marxismo ni nadie lo ofrece tampoco), pero sí explica muy bien el porqué de los fracasos habidos y el porqué de los fracasos si se siguen según qué tipo de políticas y por qué no hay que tirarse a la piscina hasta saber que sea muy probable que haya agua en ella.

A menudo me recuerdan estas discusiones a las que se tienen con algunos partidarios de medicinas alternativas. Hablan también despectivamente sobre eso de curar una enfermedad o aliviar un síntoma y proponen lo que hace falta es un cambio total, una actuación sobre toda la persona, un tratamiento holístico. Son igual de charlatanes los que quieren una Economía holística en este sentido.



domingo, 8 de marzo de 2020

El impuesto sobre el patrimonio (y II): Ideales

Por José Mª Durán-Cabré y Alejandro Esteller-Moré

En un anterior Post, revisamos la realidad del Impuesto sobre el patrimonio (IP) español. En éste, trataremos su potencial, esperando dar respuesta, cuanto menos en parte, a algunos de los comentarios recibidos. En este caso, nos serviremos de los resultados de un simulador de patrimonio, SIMPA, cuyo proceso de construcción y explotación se puede encontrar aquí.

Tal simulador se nutre de la información de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF) del Banco de España del año 2014. Para estimar el valor del patrimonio nos planteamos, como alternativa, trabajar con microdatos capitalizando las rentas del capital del IRPF (véase Saez y Zucman para una aplicación para los EE.UU), pero es una técnica muy intensiva en supuestos, especialmente para el caso español. Por ejemplo, no se puede capitalizar el rendimiento presunto de la vivienda habitual, al estar éste exento; en actividades económicas y profesionales, la capitalización se debería realizar a través de rentas presuntas, porque el importe declarado se basa con frecuencia en una estimación objetiva (los famosos módulos); o, simplemente, no es posible capitalizar las ganancias del capital no realizadas, que están exentas. Hay autores (Kopczuk) que consideran que los datos procedentes de encuestas no presentan evasión. Nosotros, aquí, no somos tan optimistas; en concreto, dudamos que se declaren los activos financieros localizados en paraísos fiscales, que sabemos, a partir de la estimación de la brecha fiscal para Cataluña, que es una de las principales fuentes de brecha fiscal en el IP. En todo caso, sí que la EFF ofrece una doble ventaja: por un lado, da información tanto patrimonial como de la renta del encuestado, información importante para inferir si el contribuyente tiene derecho a la exención por la “empresa familiar” y para calcular el límite IP-IRPF; y, por otro lado, como afirma Martínez-Toledano, es una fuente de datos muy útil para estudiar la distribución de la riqueza de los súper-ricos, que son, al fin y al cabo, los contribuyentes potenciales de IP.

Una utilidad inmediata del simulador es comparar la recaudación real con la recaudación potencial del impuesto actual. En la EFF, tenemos información a nivel nacional, incluida la CA de Madrid y los territorios forales; para la recaudación real añadimos al total nacional la que obtendría la CA de Madrid, suponiendo que su recaudación se correspondiera con la de 2007, último año en el que se exigió el impuesto, actualizada según el crecimiento nominal de la recaudación del IP de Cataluña. El resultado que obtenemos es que deberían recaudarse unos 3.700 millones de euros, cifra muy alejada de la recaudación real, aproximadamente 1.500 millones (incluyendo, recordemos, la CA de Madrid). Esto es, de cada 10 euros potenciales, apenas se recaudan 4. Esta recaudación potencial estimada incluye el mínimo exento de 700.000 € y los tratamientos especiales actuales (exención, hasta un máximo de 250.000 €, de la vivienda habitual; exención de la “empresa familiar” condicionada al cumplimiento de una serie de requisitos; o la aplicación del límite IP-IRPF). Por tanto, el potencial puede incluir elusión, esto es, un aprovechamiento “excesivo” de las bonificaciones; asimismo, recordemos, que es razonable pensar que no estamos teniendo en cuenta los activos financieros localizados en paraísos fiscales. Teniendo en cuenta estas circunstancias, ¿a qué se puede deber esa discrepancia tan elevada entre la realidad y el potencial estimado? Obviamente, a pesar de la fiabilidad de la EFF, puede haber un cierto error de estimación, pero el orden de magnitud de la diferencia sigue siendo muy abultado. Los principales argumentos de carácter fiscal que ofrecemos son, por un lado, la valoración de los activos sujetos a tributación, que según las normas del IP se puede encontrar para algunos activos muy alejada del valor de mercado, en particular, para los inmobiliarios; y, por el otro, la existencia de fraude. Estos dos factores, por lo tanto, vienen provocados por una normativa defectuosa y por un control insuficiente en el cumplimiento del impuesto. Obsérvese que, si bien no podemos asegurar la validez externa del caso español, el porcentaje de evasión del 16% que, como dijimos en el anterior Post, considera, de base, el simulador de Saez y Zucman, según nuestra experiencia, es un porcentaje muy optimista.

¿Qué potencial redistributivo dejamos de aprovechar por separarnos del potencial y cuán gravoso podría llegar a ser el impuesto a lo largo de la distribución de riqueza neta? Estas dos preguntas, relacionadas a través del concepto de progresividad, también pueden ser respondidas a través de SIMPA. El tipo medio del impuesto debería ser del 0,058% antes del límite, y del 0,035% después de la aplicación del límite. El gráfico de más arriba muestra su evolución a lo largo de toda la distribución de la riqueza neta. Los puntos azules (antes de la aplicación del límite) nos muestran, en general, una evolución coherente con la existencia de progresividad, la cual queda atenuada, generando incluso regresividad, a raíz de la aplicación del límite (puntos verdes). Esto es, el límite conjunto renta-patrimonio sin quererlo, menoscaba el objetivo redistributivo del impuesto e impide gravar a aquellos individuos con una elevada capacidad económica consistente en poca renta y mucha riqueza (Piketty, Saez y Zucman). A partir de 50 millones de euros por contribuyente, los tipos impositivos efectivos no superan el 0,5% y, en cualquier caso, la asíntota que marca el marginal máximo, 2,5%, está alejada, para cualquier nivel de riqueza neta, del potencial efectivo. En definitiva, el límite IRPF-IP no sólo juega un papel de elusión fiscal como vimos en el anterior Post, sino un “efecto mecánico” muy importante limitador de la capacidad recaudatoria y redistributiva del impuesto.

La acumulación de riqueza es un proceso dinámico a lo largo del tiempo, de manera que la manera de calcular su capacidad redistributiva también se ha de evaluar en el medio-largo plazo. Por ello, a través de SIMPA calculamos también tipos medios en el largo plazo; se trata de tipos implícitos, calculados como uno menos la ratio entre la riqueza neta revalorizada anualmente después del pago anual de impuestos (a partir de los tipos medios de corto antes referidos) y la riqueza revalorizada anualmente en ausencia de IP. Al cabo de 25 (85) años, los tipos efectivos pasan a ser del 5,7% (17,0%) para aquellos contribuyentes con una cuota positiva, que apenas representan el 1% de la población adulta. Por tanto, a pesar de la existencia del límite y de las exenciones (a través de SIMPA demostramos que éstas tienen un impacto mucho menor que aquél), se consigue redistribuir tal que, por ejemplo, el porcentaje de riqueza en manos del 1% más rico de los contribuyentes pasa del 19,45% al 18,14% (15,19%) al cabo de 25 (85) años.

Por último, el simulador también nos permite plantear diseños alternativos del impuesto. En la tabla siguiente, se muestran tres simulaciones que darían la misma recaudación que, idealmente, puede llegar a conseguir el impuesto actual. Por tanto, no significaría un aumento de la presión fiscal efectiva a nivel agregado. Acorde con las propuestas hechas para un IP norteamericano, por un lado, en relación con la base, proponemos un impuesto con una base del todo comprehensiva para evitar la presencia de elusión o incluso de evasión fiscal, aunque en la simulación 3 seguimos contemplando la exención de la vivienda habitual; por otro lado, dado su impacto regresivo y, de nuevo, su aprovechamiento como instrumento de elusión, en la simulación 1, eliminamos el límite IRPF-IP. Dicho esto, las tres simulaciones muestran los resultados de un impuesto lineal, donde el mínimo exento va disminuyendo cuanto menos comprehensiva es la base y, claro, especialmente cuando tenemos el límite, con un tipo marginal constante del 1%.

  SIMULACIÓN 1 SIMULACIÓN 2 SIMULACIÓN 3
Exenciones Ninguna Ninguna Vivienda
Aplicación límite renta y patrimonio NO
Mínimo exento 2.280.641 1.198.808,7 1.096.170
Tipo impositivo: 1% 1% 1%

La simulación 3 es, probablemente, la más interesante a nivel práctico: respetaría explícitamente el límite constitucional de la no-confiscatoriedad, y seguiría considerando la exención de la vivienda habitual. Un impuesto tan sencillo implicaría un nivel de redistribución similar al potencial actual, pero con una disminución del porcentaje de individuos con cuota positiva (de aproximadamente el 1% al 0,78%).

¿A qué conclusión llegamos? Los resultados de SIMPA complementan los ya referidos en el anterior Post, y confirman la afirmación del Post de Díaz y Puch, “el IP recauda muy poco y podría recaudar más”, hasta llegar a cuantificarla. Además, la capacidad redistributiva se ve seriamente limitada y la filosofía del impuesto taimada por la aplicación del límite constitucional a la confiscatoriedad, al cual se podría llegar implícitamente a través de la aplicación de mínimos exentos relativamente elevados tales como los propuestos en las simulaciones. Si tenemos un impuesto que recauda muy poco, pero con potencial, sólo nos queda pensar que la pelota está en el tejado tanto del legislativo para reformar aquello que no funciona del impuesto (incluyendo su armonización dentro del territorio nacional), y de las agencias tributarias autonómicas para reducir la extensión del fraude fiscal, incluyendo una valoración adecuada de los activos sujetos a tributación. ¿Es esto posible? Si no llegamos a ese ideal, habrá que pensar en dejar de ser una rara avis.



viernes, 6 de marzo de 2020

Clase: La pequeña palabra que las élites quieren que olvides

Aristóteles, Nicolás Maquiavelo, Alexis de Tocqueville, Adam Smith y Karl Marx fundamentaron sus filosofías en el entendimiento de que existe un antagonismo natural entre los ricos y el resto de nosotros. Los intereses de los ricos no son nuestros intereses. Las verdades de los ricos no son nuestras verdades. Las vidas de los ricos no son nuestras vidas. La gran riqueza no solo genera desprecio por quienes no la tienen, sino que faculta a los oligarcas para pagar ejércitos de abogados, publicistas, políticos, jueces, académicos y periodistas para censurar y controlar el debate público y sofocar la disidencia. El neoliberalismo, la desindustrialización, la destrucción de los sindicatos, la reducción e incluso la eliminación de los impuestos a los ricos y las corporaciones, el libre comercio, la globalización, el estado de vigilancia, la guerra sin fin y la austeridad -las ideologías o herramientas utilizadas por los oligarcas para promover sus propios intereses- son presentadas al público como ley natural, los mecanismos para el progreso social y económico, incluso cuando los oligarcas dinamitan los fundamentos de una democracia liberal y exacerban una crisis climática que amenaza con extinguir la vida humana. Los oligarcas están felices de hablar de razas. Están felices de hablar sobre identidad sexual y género. Están felices de hablar sobre patriotismo. Están felices de hablar sobre religión. Están felices de hablar sobre inmigración. Están felices de hablar sobre el aborto. Están felices de hablar sobre el control de armas. Están felices de hablar sobre degeneración cultural o libertad cultural. Pero no están contentos de hablar sobre “clase”. La raza, el género, la religión, el aborto, la inmigración, el control de armas, la cultura y el patriotismo son cuestiones que se utilizan para dividir al público, para enfrentar al vecino contra el vecino, para alimentar odios y antagonismos virulentos. Las guerras culturales dan a los oligarcas, tanto demócratas como republicanos, la tapadera para continuar el […]

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jueves, 5 de marzo de 2020

El marxismo vs la economía moderna (1)

Hay mucha gente todavía afecta al marxismo por razones de lo más diversas. Sin pretender ser exhaustivo, a mi alrededor veo algunos que piensan que es una teoría económica válida, pero marginada por el pensamiento único; otros parecen pensar que tiene las claves para una sociedad mejor; otros más, que maneja conceptos que explican mejor que otras teorías la economía capitalista y todavía otros que se identifican con sus fines de crear una sociedad igualitaria, próspera y sin explotación. Ninguna de esas cosas es cierta. No es que esté marginada, simplemente no está en la economía moderna como no lo está el flogisto en la química ni la teoría de los humores en la medicina. En cuanto al atractivo de sus conceptos, en esta entrada y otra próxima mostraré cómo la economía moderna puede perfectamente hablar de las cosas que preocupan a los marxistas y de muchas más, y con un análisis económico más adecuado a la realidad. Finalmente, el deseo de una sociedad mejor no es exclusivo del marxismo, y si el marxismo no ofrece los mecanismos ni para diagnosticar de manera adecuada los males presentes ni para ofrecer alternativas, mejor si se queda en los libros de historia como una de tantas teorías fallidas. Esto último es reconocido por investigadores provenientes del marxismo o inspirados por él, como los pertenecientes a la corriente del marxismo analítico. (Léase, por ejemplo, “Una introducción a Karl Marx” de Jon Elster.)

Vamos allá con algunos conceptos que suelen aparecer cuando se habla de marxismo y qué podemos decir sobre ellos.

1. Valor de un bien

Todas las teorías económicas distinguen entre valor de uso y valor de cambio y buscan una relación entre ambos. El marxismo busca una relación intrínseca y toma la teoría clásica del valor-trabajo, que tiene que ver con el número de horas de trabajo que encierra el bien. La economía moderna deja que el valor de uso sea subjetivo y reconoce que el valor de cambio tampoco es intrínseco, puesto que depende del precio a que se intercambie. Ese precio no es intrínseco, sino que depende de la oferta y la demanda. Esa sí dependerá de los valores de uso. El marxismo busca una entelequia y desarrolla un modelo incoherente (un bien puede tener metidas muchas horas improductivas en su manufactura o ser un bien que nadie quiere), mientras que la economía moderna conjuga sin contradicciones ambos conceptos en un modelo coherente. (Aquí se puede leer una exposición histórica clara de esta teoría, dentro de la teoría del valor). La teoría del valor trabajo es uno de los primeros intentos de formalizar el concepto de valor. Es natural que fuera una teoría limitada y eso no quita su valor histórico ni el debido reconocimiento hacia los economistas clásicos que la desarrollaron. Puede incluso servir para exponer algunos aspectos de interés en economía, pero, como veremos a continuación, es demasiado simplista como para sacar conclusiones fuertes.

2. Reparto del excedente

Para el marxismo todo el excedente (beneficio) debe ir al trabajo, ya que todo el valor se mide en horas de trabajo. Este es un gran error deducido del error anterior. Sin considerar la actividad empresarial y la asunción del riesgo como unos factores más, cualquier régimen económico basado en esta premisa carecerá de esos inputs y verá cómo su actividad se estanca. Las teorías actuales encuentran que una economía funciona mejor si se remuneran todos los factores de producción (tierra, trabajo, materias primas, capital financiero, actividad empresarial, asunción de riesgo, capital humano, información,…) y que en una situación de mercados perfectamente competitivos la remuneración será proporcional a la productividad marginal, cosa que tiene muy buenas propiedades en términos de generar asignaciones eficientes y de señalar de manera correcta dónde hay escaseces y de dónde merece la pena retirar recursos o dónde dedicarlos. Nada de esto ocurre en la teoría marxista. De hecho, no existe en Marx una teoría económica que explique cómo funcionaría un modelo económico alternativo al capitalismo, p.e. el comunismo.

3. Explotación

La plusvalía, es decir, la parte del excedente que se queda el empresario, es vista en el marxismo como una medida de la explotación. Para la Economía moderna existe un abuso de poder de mercado cuando el excedente de alguno de los factores es superior al que marca su productividad. Ocurre cuando, por ejemplo, una empresa es monopolista, cuando existe un oligopolio, un cártel o una mafia o cuando el gobierno reparte prebendas y privilegios. Seguramente el mayor exponente en el uso de la economía moderna para hablar de explotación sea John Roemer, que la define a través de las relaciones de mercado y no como propiedad intrínseca (aquí).

4. Pobreza

El marxismo llega a la conclusión de que los trabajadores cada vez serán más pobres. Esto es un error doble: (i) no se deduce lógicamente de las premisas de la teoría marxista, (ii) empíricamente no ha ocurrido ni está claro que vaya a ocurrir. La Economía moderna muestra que la complementariedad entre trabajo y tecnología y la competencia por atraerse trabajadores permite a estos ser remunerados por una productividad cada vez mayor. Aquí los seguidores de Marx empezaron a decir cosas como que la razón de no observar la pauperización del proletariado es porque las empresas occidentales se expandían por los países en vías desarrollo, donde sí había esa pauperización. La Economía moderna muestra que tanto con esta expansión como con el desarrollo de empresas propias en los países pobres lo que se produce es la posibilidad de que estos países puedan salir de su pobreza (si toman las políticas económicas correctas y están libres de calamidades como guerras y sátrapas). Esto último es lo observado históricamente. (Véase el ejemplo de Bangladesh, epónimo de pobreza).

En la próxima entrada hablaré de la desigualdad, la lucha de clases y el cambio de sistema. Hasta entonces.



La esperada sentencia del Tribunal Supremo sobre el IRPH

Esta semana ha salido la más que esperada sentencia del Tribunal Supremo sobre el Índice de referencia de préstamos hipotecarios (#IRPH).

El Tribunal Supremo considera que el IRPH es legal

Por tanto, habrá que analizar caso por caso para ver si ha sido abusiva. Una de cal y otra de carena para consumidores y banca, y comprensible el cabreo de muchas de las personas afectadas. Aquí en este vídeo te lo explico.

blog josé carlos díez

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