martes, 17 de marzo de 2020

El papel de la banca (pública y privada) en la crisis del Covid-19

El coronavirus está creando una crisis financiera, potencialmente muy severa. Si continúa demasiado tiempo, los problemas de las empresas no serán (no son ya) sólo de liquidez, sino también de solvencia. La banca privada prestará a una parte limitada de las empresas, no a la gran mayoría, ya que hay un problema de riesgo crediticio de las empresas y de capital bancario. Las políticas del BCE de liquidez y capital hasta ahora no son suficientes. Una forma de reducir los costes económicos y sociales es que los bancos privados presten más, pero con garantías públicas (parciales), y también que la banca pública preste más. A continuación enumero algunos apuntes a tener en cuenta sobre el papel de la banca (pública y privada) en esta crisis.

·        La política monetaria del BCE hasta ahora tiene muchos límites. El TLTRO da muchísima liquidez a la banca pero el problema es de capital bancario y de riesgo de crédito de las empresas. España tiene muchísimas PYMEs con mucho empleo, la banca y las empresas están sufriendo mucho, y es ya el segundo país con nuevos casos de CoVid-19. Las empresas grandes europeas y americanas están tirando de líneas de crédito existentes antes de la crisis, pero en España el porcentaje de crédito utilizado es muy alto (hay poco margen), y se pueden parar las líneas de crédito dado el cambio de condiciones económicas.

·        Se puede ayudar directamente a las empresas con transferencias (p.ej. menos impuestos o bailouts/rescates incluso) pero también se puede utilizar a los bancos que canalicen fondos, dado que ellos, y no necesariamente el sector público, pueden tener mejor información sobre las empresas (screening/monitoring).

·        La liquidez a bancos (TLTROs) del BCE no es suficiente porque: (1) los bancos privados tienen restricciones de capital, y la reducción del Pilar 2 y la cancelación del estrés test e inspecciones del BCE-SSM (el supervisor) no es suficiente (hubiera sido óptimo tener Countercyclical Capital Buffers  (CCB) y bajarlos como el Bank of England, pero éstos CCB también son muy limitados). (2) Los problemas en las empresas no son sólo de liquidez sino también de solvencia (tanto por la demanda como la oferta de productos y servicios), y por tanto los bancos serán reacios a prestar (riesgo crediticio muy alto). (3) Los bancos privados están sufriendo mucho en su capital (precio de las acciones cae en picado y los CDS sobre su deuda suben muchísimo).

·        Los bancos privados prestarán más ya que las empresas tienen problemas de liquidez, es decir hay demanda de crédito que les viene muy bien a los bancos dado los problemas de beneficios que han tenido en el entorno de tipos bajos. Pero no prestarán a muchas empresas que no tengan el colateral suficiente, ni en sectores que pueden ser fundamentales para la economía (grandes externalidades, empleo...) pero que están sufriendo más por la crisis sanitaria, etc.

·        Los bancos públicos tienen por tanto una labor ahora importante (un rol contra-cíclico), vía prestando directamente a empresas, o dando garantías/avales públicos a bancos privados para préstamos (avales públicos que también podría dar directamente el Estado). Que esto es posible durante crisis financieras se muestra aquí, con el ejemplo del ICO durante la crisis de deuda soberana.

·        Si el banco público presta directamente, y no tiene mucha experiencia ni información sobre PYMEs, entonces el riesgo crediticio es muy alto (monitoring y screening son peores, además las empresas impagan antes a los bancos públicos que a los privados). Pero la evidencia (recogida en el paper vinculado en el punto anterior) es positiva dado que en 2011-12 había un credit crunch muy fuerte en España. Ahora nos viene uno que podría ser muy alto, o incluso peor.:

·        Si se presta vía bancos privados (con garantías públicas), entonces se necesita que los bancos privados tomen parte del riesgo para que así de verdad hagan screening y monitoring y no tengan incentivos perversos (p.ej. dar préstamos con valor presente neto negativo).

·        ¿Cuánto riesgo debe asumir el banco privado y cuánto el público? La disyuntiva es esta: Cuánto más riesgo asume el público, menos capital necesita el banco privado y, así, mayor es el multiplicador de crédito del banco público (por cada euro del banco público, más saldrá del banco privado ya que no le cuenta como risk weighted assets dada la garantía pública), pero entonces los incentivos en el screening/monitoring serán perores. Una conjetura informada sugiere que 75% podría ser un buen número.

·        ¿A qué tipo de interés se concede el crédito? Al medio vigente antes de la crisis (enero 2020) y con carencia de un año al menos. Por cierto, si se pide garantías como la casa del empresario, esto puede implicar menos demanda de préstamos de empresas con necesidad, y menos soporte a la economía. Se puede subir la carencia a 2 años o 3, y bajar el tipo de interés al 0 (y darle una comisión al banco privado por su servicio de monitoring/screening).

·        ¿Debe ser condicional como en los programas del IMF, Troika o BCE con TLTRO? El ICO puede imponer condicionalidad, por ejemplo, no reducir el número de trabajadores, no ERE, reducir ERTEs. Obviamente, no debería haber pago de dividendos o recompras de acciones, etc. El volumen del préstamo, carencia y tipo de interés deberían depender de la situación de la empresa y de la condicionalidad.

·        ¿A qué empresas se presta? No a las zombies antes de la crisis (p.ej. con problemas con Hacienda, impagos, con credit defaults… en enero de 2020), pero sí a las que eran sanas, pero tendrán problemas de liquidez y solvencia en esta crisis sanitaria y financiera.

·        ¿En qué sectores concentrar el crédito? En los que más spillovers se generen, tanto en empleo directo como en relación con proveedores/clientes (en la red real de producción de la economía, por ejemplo empresas más centrales etc). También a los sectores que más sufran por el CoVid-19 o sectores claves, como por ejemplo sanidad/farmacéuticas e investigación sobre infecciones.

·        ¿Cuál debería ser el volumen de recursos dedicados a expansión del crédito? Ilimitado sería quizás óptimo (solo para empresas no zombies) pero puede que no dispongamos de tanto (más, abajo). Obviamente hay que evitar que la banca venza el stock de créditos que tiene actualmente y los convierta todos con garantía pública, o que lo haga con los peores… Es decir, hay que tener mucho cuidado con las unintended consequences of policies y los incentivos perversos.

·        Para estos últimos puntos disponer de los datos de Hacienda sería muy útil, tanto los datos de IVA de las empresas para la red de producción, como los datos para cada empresa para saber su estado de ingresos, costes, liquidez, en tiempo real. Es decir, los registros públicos son claves para dar buenos créditos y para saber a quién dar los créditos y generar spillovers mayores en la economía.

·        ¿Qué debería hacer la banca pública? Complementar los préstamos de los bancos privados con garantías públicas, y si tiene experiencia en préstamos directos también podrían dar préstamos, como es el caso del ICO, y también entidades públicas de crédito que en España están prestando directamente a empresas como Institut Català de les Finances (ICF) o el Valenciano, y que podrían obtener financiación del ICO. Esto es lo que hace el Banco Europeo de Inversiones.

·        Este tipo de políticas están ya en marcha en Alemania (con su Banco Público, KfW), incluso sin límites o llegando a 500,000 millones de euros. También en otros países de la Unión Europea (Francia, Italia, etc.), incluso es lo que propuso directamente el Eurogrupo ayer.

·        Es importante tener en cuenta que la deuda privada en el sector de empresas no financieras a nivel mundial ha subido muchísimo en la última década, y financiada en gran parte por los bancos en la sombra. Esto no es un problema tan grave en España (la evidencia americana, aquí). Por tanto, las empresas españolas tienen un margen de deuda más alto con condiciones extremadamente favorables dado que no tenemos el debt overhang del 2008-14. Combinar esta liquidez con transferencias es una opción ya que tiene menor coste fiscal y mejores incentivos que simplemente transferencias y rescates a escala masiva. Además las transferencias se pueden enfocar a sectores claves en la lucha contra la epidemia sanitaria.

·        España e Italia son dos de los famosos GIPS, y al mismo tiempo, los más duramente golpeados por CoVid-19. España tiene una deuda pública de casi el 100% del PIB y con déficits fiscales altos en la última década, y por tanto tendremos problemas con déficit fiscal y deuda pública, no por imposiciones de Bruselas y UE quizá, pero sí del mercado. Las garantías públicas y préstamos públicos (con multiplicadores de préstamos privados) son soluciones buenas para España, incluso mejores que para Alemania. Desafortunadamente, Alemania puede hacer una política sin límites mientras que España carece de credibilidad fiscal para llevarla a cabo. Una ayuda clave sería la UE y/o BCE con políticas muchísimo más ambiciosas. Esto se deja para otra entrada.

 



lunes, 16 de marzo de 2020

Anatomía de dos crisis

Nada es Gratis, que nació al final de la primera década de este siglo, ya va por su segunda gran crisis. Como ocurrió con la llamada "Gran Recesión" de 2007-2014, ahora nos enfrentamos a los retos de analizar y explicar la crisis del Covid-19 y sus vastas consecuencias económicas. Durante los últimos días varios editores y colaboradores del blog los han afrontado desde enfoques diferentes (aquí, aquí, aquí, aquí) y en los próximos días nuevas entradas lo seguirán haciendo en función del desarrollo de los acontecimientos. En esta, trataré de resumir lo que creemos saber hasta ahora sobre la naturaleza y las consecuencias económicas de la crisis del Covid-19, resaltando sus diferencias con respecto a la crisis anterior.

Todas las crisis son iguales (o no)

Una crisis económica suele comenzar con un suceso (relativamente) inesperado que desencadena una sucesión de efectos y respuestas de políticas económicas. Su magnitud, transmisión y profundidad acaban siendo pues resultados de la combinación de las características económicas de la perturbación (shocks de oferta, de demanda, financieros, etc.) y de las respuestas de las políticas económicas (relativamente) orientadas por los diagnósticos más o menos acertados de expertos económicos, organismos internacionales y, sobre todo, de los que los responsables de las políticas económicas estimen como más convincentes a la hora de diseñar y ejecutar medidas en respuesta a las crisis.

Las diversas fases de la crisis financiera de 2007-2014 proporcionan un buen ejemplo de esta sucesión de factores (un relato, quizá algo banal con la perspectiva que otorga el paso del tiempo, aquí).  El primer diagnóstico (oficial y erróneo) de entonces en España fue que la naturaleza de la crisis era el producto de “turbulencias financieras originadas en el mercado inmobiliario de Estados Unidos que no afectarían al país con el sistema bancario más sólido del mundo”. No se entendieron que las debilidades estructurales de la economía española la hacían especialmente sensible esas "turbulencias financieras”. En efecto, una economía altamente endeudada con respecto al exterior y con un sistema bancario que había canalizado un elevado flujo de transacciones financieras y con algunas entidades cuya solvencia se sostenía solo con el  mantenimiento de una burbuja inmobiliaria (como explicó Tano Santos, aquí), y con un mercado de trabajo disfuncional que servía como una correa de transmisión instantánea de cualquier disrupción financiera (como explicaron Samuel Bentolila y Marcel Jansen, aquí),  no era precisamente la que estaba en mejor situación para quedar aislada de aquella crisis. Con un diagnóstico equivocado y con las restricciones políticas impuestas por una Unión Económica y Monetaria, que todavía hoy es incompleta e imperfecta, no extraña que las respuestas de políticas económicas fueran mal diseñadas, mal dirigidas y, cuando finalmente acertaron, insuficientes.

¿Ocurrirá lo mismo con la crisis del Covid-19?

 Sobre la crisis del Covid-19 se está discutiendo mucho sobre en qué medida ha de entenderse como producto de un shock de oferta, de demanda o financiero. En realidad, es algo bastante más profundo y fundamental que una “perturbación económica”. Se trata de un crisis sanitaria muy grave que obliga a ralentizar considerablemente la actividad económica en muchos sectores y países durante un tiempo indeterminado que dependerá de la solución de la crisis sanitaria. En principio, cabría esperar que cuanto mayor sea la ralentización económica, menos durará la crisis sanitaria, pero ni siquiera esto está asegurado (por el contrario, la estrategia del gobierno británico se basa en un modelo de transmisión epidemiológica en el que menos ralentización económica resulta en menor duración de la crisis sanitaria, si bien con un riesgo mayor en lo que se refiere al número de defunciones). Las buenas noticas son que, aunque con bastante retraso, muchos gobiernos han entendido que dicha ralentización económica es necesaria y han impuesto medidas para aminorar la profundidad de la crisis sanitaria. Las malas noticias aparecen en dos frentes. Uno es que dicha ralentización genera una sucesión de perturbaciones de oferta, demanda y financieras que se retroalimentan y se transmiten a lo largo y ancho de la mayoría de los sectores económicos.  Otro es que la capacidad de los gobiernos y de los organismos económicos internacionales para dirigir dicha ralentización sin daños permanentes al “tejido productivo” puede ser limitada (en especial, si, como ocurrió en 2008, se someten a diagnósticos erróneos).

Tengo la sensación de que, al contrario que en la crisis de 2008, los diagnósticos (al menos en el campo económico) están siendo acertados. Se está entendiendo la naturaleza de la crisis a la que nos enfrentamos (muy bien explicada, por ejemplo, aquí, aquí y aquí). Y la respuesta de las políticas económicas que se están proponiendo para algunos países también van en la dirección adecuada (por ejemplo, aquí en Italia, aquí en Alemania).

Sin embargo, hay dos factores que mueven a la melancolía.  Uno es que el virus no parece atacar el oportunismo egoísta y el dogmatismo de los que, a pesar de la gravedad de la situación, la aprovechan para tratar de imponer en el plan de lucha contra la crisis elementos accesorios inspirados en agendas políticas partidistas, independientemente de cuáles sean el diagnóstico y el tratamiento adecuados. Otro es que tratándose de un crisis global y muy profunda requiere de coordinación entre países y entre responsables de las distintas políticas económicas, algo que la experiencia demuestra que es muy difícil de conseguir. Los bancos centrales deben proporcionar, a nivel macro, la liquidez necesaria y ya lo están haciendo. Pero es tarea de los gobiernos implementar las políticas (micro) que han de asegurar rentas y liquidez a muchas empresas y trabajadores, lo que resulta fundamental para evitar daños permanentes al tejido productivo.  Que ambos hablen el mismo lenguaje es crucial. Es imprescindible la coordinación internacional, especialmente en el marco de la UEM (como la que se pide aquí o aquí). Hay países (e.g. Alemania) con “músculo financiero” e instituciones adecuadas para llevar a cabo esas políticas. Otros, como avisaba Marcel ayer mismo, no podrán hacerlo por sí solos.



Un escudo europeo para proteger el empleo

Alemania acaba de anunciar un paquete de medidas sin precedentes para paliar el impacto económico de la pandemia del Corona virus. El paquete incluye medidas, que también se están anunciando en muchos países, para garantizar liquidez a las empresas y ayudas a los trabajadores afectados. La diferencia con otros países es el carácter expresamente ilimitado de este escudo de protección. La respuesta alemana demuestra la importancia de contar con un sólido colchón fiscal, algo que los países nórdicos están exigiendo a sus socios desde hace muchos años. Sin embargo, no es el momento de lamentos o titubeos. Necesitamos medidas semejantes en todos los países europeos, y no solo en aquellos que se lo pueden permitir. Ponerlo en práctica requiere una respuesta fiscal contundente por parte de Europa a una escala nunca vista hasta ahora, sobre todo si la crisis se alarga.

El objetivo

Vaya por delante que la prioridad absoluta de las autoridades es parar la propagación descontrolada del virus y prestar atención sanitaria a los afectados. Sin embargo, una respuesta contundente por parte de las autoridades puede evitar que el impacto del parón temporal de la economía se agrave y derive en una larga y profunda recesión. En otras palabras, el objetivo es evitar lo que los economistas llaman histéresis y conseguir que la salida de esta sea lo más rápido posible, es decir, con una recuperación en forma de V, no en U.

El papel fundamental del crédito

La crisis anterior nos enseñó la importancia de mantener intacto el flujo de crédito. En 2008 se produjo un cortocircuito en la oferta de crédito bancario que produjo enormes pérdidas de empleo en España, como demostramos Samuel, Gabriel Jiménez y yo en este artículo. En esta ocasión el problema es el enorme aumento previsto en la demanda de crédito por parte de las empresas que vean como se paraliza su actividad generando dificultades para hacer frente a los pagos a sus empleados, proveedores y el Estado. Además, estas dificultades se pueden propagar rápidamente, dado que las empresas con dificultades dejarán de pagar a sus proveedores si les falta liquidez.

Para hacer frente a esta necesidad de crédito el BCE acaba de anunciar un primer paquete de medidas para proveer liquidez al sistema bancario. Las medidas decepcionaron a los mercados porque, a diferencia de la FED, el BCE no incluyeron una rebaja de los tipos de interés. Además, las declaraciones de Lagarde causaron un revuelo en los mercados porque parecían poner en duda la voluntad del BCE de actuar para mitigar la (posible) escalada de las primas de riesgo de los países más vulnerables cuyas finanzas públicas no permiten una respuesta contundente como la alemana. Sin embargo, las explicaciones posteriores de Philip Lane parecen indicar que el BCE está dispuesto a utilizar todo su arsenal para evitar otra crisis del euro. En palabras del propio Lane:

“No toleraremos ningún riesgo para la buena transmisión de nuestra política monetaria en todas las jurisdicciones de la zona del euro. Evidentemente, estamos dispuestos a hacer más y a ajustar todos nuestros instrumentos, si es necesario, para garantizar que los elevados diferenciales que vemos en respuesta a la aceleración de la propagación del coronavirus no socaven la transmisión.”

Además, el paquete de medidas ha sido aprobado por unanimidad lo que proporciona más credibilidad dada la división que ha caracterizado el Consejo de Gobierno del BCE últimamente.

La necesidad de un backstop

Sin embargo, la inyección de liquidez por parte del BCE no es suficiente. Hay que garantizar que el crédito llegue a las empresas y en particular a las PYMES cuyo acceso al crédito suele deteriorarse lo primero y que, así, el empleo y las rentas de sus trabajadores queden aseguradas, especialmente de aquellos más vulnerables con dificultades para sobrevivir o satisfacer sus primeras necesidades.

El gobierno alemán intenta hacer frente a estas necesidades con tres tipos de medidas:

La flexibilización del llamado Kurzarbeit, un programa que permite compatibilizar la reducción de la jornada laboral con una prestación por desempleo y que inspiró la figura del Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE).

Una moratoria fiscal para las empresas, permitiendo el aplazamiento del pago de impuestos

Garantías de liquidez para las empresas, sea a través de préstamos por parte de bancos públicos, o garantías del Estado para créditos bancarios a las empresas.

El objetivo de estas medidas es obvio: aliviar la situación de las empresas y evitar en la medida de lo posible la pérdida de puestos de trabajo. Otros gobiernos, como el español, contemplan medidas similares pero lo excepcional del plan alemán es el carácter ilimitado del escudo que proporcionará liquidez a las empresas. Alemania está en posiciones de ofrecer estas facilidades porque sus cuentas públicas están totalmente saneadas y porque ya cuenta con varias facilidades de liquidez. De hecho, según el anuncio del gobierno, Alemania puede movilizar hasta 550 mil millones de euros en un plazo muy breve y siempre dentro el marco europeo que regula las ayudas del Estado.

Por desgracia, el gobierno español se enfrente a márgenes fiscales mucho más estrechos. La introducción unilateral de medidas similares desbocaría el déficit público y muy probablemente generaría una enorme tensión en los mercados financieros. Incluso no está garantizado que España pueda introducir un paquete con medidas mínimas para atender a todos los afectados dentro de los límites presupuestarios actuales. Obviamente, tan pronto como hoy, la Unión Europea (mediante un acuerdo del Eurogrupo) podría relajar las reglas fiscales, aumentando los límites de déficit y/o excluyendo el gasto en determinadas medidas del cálculo del déficit. Pero este paso es claramente insuficiente. Obligaría a los países más afectados a soportar el coste integro de una crisis sanitaria cuyo origen está en China y que podría haber hecho su entrada en Europa por cualquier país europeo. Europa tiene que buscar vías para compartir los riesgos entre todos los europeos y aliviar la presión sobre los países más afectados. Entre las medidas a contemplar está la mutualización de una parte considerable del gasto necesario para poner en marcha planes eficaces en todos los países.

Cuánto más contundente sean los acuerdos alcanzados hoy, más eficaces podrán ser las medidas que tiene previsto anunciar el Gobierno español el martes. El asunto no es baladí. Casi una cuarta parte del empleo en España es de carácter temporal y muchas de las personas con contratos indefinidos tienen poca antigüedad. Ante el miedo de una crisis duradera muchos de estos empleos pueden perderse en los próximos días o semanas. Para evitarlo, el gobierno español tiene que estar en condiciones de anunciar un paquete de medidas que genere confianza en una pronta recuperación y que garantice el acceso a liquidez y el aseguramiento de rentas mientras dure la crisis.

El tiempo apremia y es importante que el Gobierno acierte en las medidas. No tiene sentido hablar de programas masivos para estimular la demanda o de prestaciones incondicionales para todos los afectados. La prioridad es la formulación de un plan contingente que evite las pérdidas de empleo por falta de liquidez. Si la imposición del estado de alarma es eficaz podríamos estar ante un parón de poco más de un mes, comparable al parón programado de las vacaciones de agosto. En este caso, muchas empresas podrán - y deberían - asumir el pago de los salarios de sus empleados durante este período sin necesidad de recurrir a despidos o medidas temporales como un ERTE. Esto será más factible si cuentan con facilidades para aplazar el pago de impuestas y las cotizaciones a la seguridad social. Además, las empresas pueden acordar la recuperación de parte de las horas de trabajo perdidas en los meses sucesivos al restablecimiento de la normalidad. Por el contrario, si la resolución de la crisis sanitaria requiere más tiempo, las empresas tienen que tener la seguridad de contar con medidas generosas que incluyan, además de garantías de liquidez, rebajas temporales en sus cotizaciones y facilidades para acceder a los ERTE en condiciones favorables, siempre priorizando a las empresas y trabajadores en situaciones más frágiles. La reducción de horas o la suspensión temporal del contrato son mecanismos que permiten evitar despidos en empresas solventes y no deberíamos escatimar en recursos para optimizar su uso. El tiempo apremia. ¡Actuemos ya!

 



Manual de consejos microeconómicos para empresas y familias durante el estado de alarma por Coronavirus

Habitualmente este comentario semanal es sólo para suscriptores de mi blog. Pero hoy, dada la situación excepcional que representa el estado de alarma por Coronovarius que estamos afrontando en España, he decidido hacerlo en abierto para todos los que puedan leerlo y os ruego le deis máxima difusión. Los que no sois suscriptores aún podéis serlo fácilmente, es gratuito, y cada lunes recibiréis el informe en vuestro correo electrónico. Tenéis que apuntaros aquí.

1. Estamos en guerra contra un enemigo invisible: el COVID-19

La prioridad es frenar el contagio para solucionar el colapso del sistema de salud y minimizar las muertes que va a provocar este maldito virus, así como también para frenar el impacto sobre la tasa de paro.

Cuanto antes frenemos el contagio, antes podremos normalizar el funcionamiento de la economía y menor impacto tendrá sobre la tasa de paro. Si el Gobierno hubiera decretado el estado de alarma cuando lo hizo Italia, habríamos frenado el contagio antes, y antes habríamos puesto a funcionar con normalidad la economía.

► Nuestra prioridad en Europa es que la viabilidad del euro no se cuestione

Lo que estamos viendo en los datos de comercio internacional, en los mercados financieros y en los países que están bloqueando sus economías para luchar contra el virus es peor de lo que vimos en 2008 tras la quiebra de Lehman. El virus afecta a Asia, Europa y EEUU, que son el 70% del PIB mundial. Si los gobiernos no hacen un diagnóstico correcto o no actúan con contundencia, la crisis será muy intensa y global. Eso exige una actuación coordinada internacional y lamentablemente Trump ha reventado el sistema multilateral de gobierno y eso dificulta ahora la actuación – tal y como sucedió en el G20 de octubre de 2008. 

Y en Europa de momento no hay reacción. Europa necesita poner en marcha el plan de la Comisión Europea -liderado por Francia en el Consejo Europeo- para crear un tesoro único que emita eurobonos y que puede aliviar la tensión de liquidez sobre los mercados de deuda pública nacionales. El riesgo ahora es que el contagio de la crisis financiera colapse la capacidad de emisión de deuda del Gobierno italiano y los mercados vuelvan a cuestionar la viabilidad del euro, como sucedió en 2010. Evitar este escenario debe ser la prioridad del Eurogrupo.  

2. Manual de consejos microeconómicos para empresas y familias durante el estado de alarma

A continuación, escribo un manual de consejos microeconómicos para empresas, autónomos y familias. Los Gobiernos ya tienen asesores económicos y este economista observador les tiene informados en cada momento de la situación económica y les recomienda medidas para minimizar el impacto de parar en seco una economía. Pero las familias -y sobre todo las pymes- se enfrentan a un escenario desconocido de la naturaleza y es necesario actuar con prudencia pero con diligencia. 

 

► Activación de expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE)

Las ventas caen y el dinero en caja se agota rápido en el caso de las pymes y de los autónomos, por eso es necesario actuar rápido. Las empresas que sigan recibiendo ingresos y puedan teletrabajar deben priorizar la atención de calidad a sus clientes. Pero las que hayan visto el cierre completo de actividad (hoteles, restaurantes, etcétera…) deben activar rápidamente un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE). El coste de los trabajadores lo asume el estado con el seguro de desempleo y cuando se normalicen los ingresos podrán volver a contratar a los trabajadores. 

Es muy probable que algunos de esos empleos se acaben perdiendo, por eso es clave la medida que estudia aprobar el gobierno para que los trabajadores no pierdan derechos durante esta situación excepcional y si hay despido definitivo, estén como estaban antes del ERTE.

► Minimizar burocracia y renegociar alquileres durante el estado de alarma en España

Otra medida urgente es minimizar la burocracia para que los expedientes se aprueben rápido. Cualquier empresa -desde las que tienen un trabajador- puede pedir un expediente de regulación temporal de empleo. Desde tu casa puedes hacer los trámites en la web de la Seguridad Social y si tienes dudas por teléfono. 

Otra necesidad es renegociar alquileres y otros gastos que consuman liquidez. Eso es una negociación caso a caso pero los propietarios en estos momentos deberían ser flexibles y priorizar mantener a los inquilinos. La banca ha anunciado 100.000 millones disponibles en nuevos créditos y el BCE una subasta extraordinaria de liquidez para financiar créditos a pymes.

Con esa subasta del BCE es suficiente y el ICO y el gobierno debería priorizar el dar avales a las empresas, como acaba de aprobar el gobierno alemán. La liquidez para una empresa es como la bombona de oxígeno para un buceador. Yo he sido director financiero de una pyme y mi consejo es que en esto siempre es mejor pasarte que quedarte corto. Sobre todo, en pólizas de crédito que en caso de no disponer de ellas tienen un coste mínimo que puede garantizar la vida de la empresa en estas situaciones. 

► El otro colectivo más vulnerable: los autónomos

Los consejos anteriores también son válidos para ellos y deberían tener el mismo acceso a los avales del ICO que las pymes. Sobre todo, en líneas de factoring que permiten hacer dinero líquido las facturas que tienen pendientes por cobrar. Otra prioridad para los autónomos (igual que para las empresas pequeñas) es el retraso del pago de impuestos para aliviar las tensiones de liquidez que se producirán en los próximos meses. Si el Gobierno las aprueba, mi consejo es que las uses y dispongas de ese dinero en tu cuenta en estos momentos, consciente que lo tendrás que devolver en el futuro.

Otra medida que piden las asociaciones de autónomos, con buen criterio, es agilizar los ceses de actividad en el caso de aquellos que se vean obligados a cerrar completamente su negocio, y que sea un cese transitorio como el ERTE. Eso exige un cambio legal que espero que el gobierno apruebe esta semana. Y que en caso de contagio por coronavirus la baja se cobre desde el primer día y no 30 días después de la baja como sucede ahora.

► Hipotecas y familias

En el caso de las familias y los trabajadores, van a reducir el gasto sensiblemente estando en sus casas y sus hipotecas son a largo plazo y están financiadas a tipos muy bajos. Normalmente el impago de la hipoteca llega cuando pierden el seguro de pago y para ese escenario tardaría un año al menos. Si se produce, tanto el Código de Buenas Prácticas que firmó la banca como la nueva Ley Hipotecaria ofrecen medidas que protegen a las personas que quedarían en exclusión social. 

 

Su principal vulnerabilidad en estas crisis es mantener el empleo y el salario. Mi consejo es flexibilidad en caso de empresas en dificultad para mantener la actividad de la empresa. El riesgo -como sucedió en 2008- es que algunos empresarios aprovechen esta situación para tomar decisiones injustificadas aprovechando la crisis (igual que algunos que no necesitan las medidas que he explicado anteriormente intentarán aprovecharse de la situación). Además de la reprobación social y de la protección de los trabajadores en los juzgados se debería tipificar sanciones para este tipo de comportamientos en un país en estado de alarma por una crisis sanitaria.

España y el mundo están en guerra contra un enemigo invisible. Vamos a darle la batalla al virus y vamos a ganarla. Quédate en casa y cuida tu liquidez como si fuera un tesoro. Con esas dos medidas además de hacerte el bien a ti, le harás el bien a todos los españoles. Espero que mis consejos te hayan sido de utilidad.

Fuerza y valor. 

La entrada Manual de consejos microeconómicos para empresas y familias durante el estado de alarma por Coronavirus aparece primero en El Blog de José Carlos Díez.



domingo, 15 de marzo de 2020

La Gripe Española de 1918

    Cartel sobre la Gripe Española, 1918 (Alberta, Canada). Fuente: aquí.

La pandemia de gripe de 1918-1919, que atacaba principalmente el aparato respiratorio, fue una de las epidemias más devastadoras de las que tenemos constancia. La cifra exacta es imposible de calcular pero se estima que el virus mató a más de 50 millones de personas, alrededor de un 2,7 por ciento de la población mundial (aquí o aquí; algunas estimaciones llegan hasta los 100 millones). Aunque el tópico de que hay que aprender de la historia está muy manido, la situación de emergencia en la que nos encontramos aconseja que no sólo nos fijemos en lo que ha pasado o está pasando en otros países, sino que miremos también a otros episodios en los que ya hemos pasado por circunstancias similares.

David S. Jones, Guido Alfani, Chris Colvin y Eoin McLaughlin, entre otros, ya nos han ofrecido algunas lecciones de lo que se puede aprender de estas crisis. El Grupo de Investigación de Dinámicas Demográficas del CSIC, liderado por Diego Ramiro Fariñas, también ha publicado este fantástico hilo en Twitter sobre la Gripe Española de 1918 y la Gripe Rusa de 1889-1890. Nosotros también hemos querido aportar nuestro modesto grano de arena pero, si quieren saber más, el artículo de Beatriz Echeverri Dávila publicado en la Revista de Demografía Histórica en el centenario de la gripe española es de lectura obligada (también la información que proporciona la siempre útil Our World in Data).

Aunque no está muy claro todavía dónde se originó, la epidemia se expandió simultánea y rápidamente en tres olas sucesivas (aunque la cronología de las distintas olas varió dependiendo del lugar). La primera, relativamente suave en términos de mortalidad, ocurrió en la primavera de 1918 (ver gráfico). Tras un verano relativamente tranquilo, la epidemia reapareció de forma muy virulenta en el otoño (el 75 por ciento de las muertes ocurrió en este período). La última ola se desarrolló durante 1919 y aunque fue menos letal que su predecesora, no fue ni mucho menos inocua. A pesar de que los viajes aéreos no existían, la epidemia se difundió por todo el globo rápidamente. La I Guerra Mundial todavía no había acabado y la desmovilización posterior implicó que cientos de miles de soldados volvieran a sus lugares de origen (los movimientos de población, incluidos los de aquellos que huían de la propia epidemia, fueron también un factor determinante en la difusión de la famosa peste negra, que a mediados del siglo XIV mató entre la mitad y las dos terceras partes de la población europea, como nos han contado recientemente aquí). Además, debido a la guerra, muchos países decidieron limitar la información sobre la epidemia para que no se enterara el enemigo y no minar la moral del país (como España era un país neutral, la prensa cubrió ampliamente el avance de la epidemia; de ahí el propio nombre de Gripe Española).

Mortalidad derivada de gripe y neumonía, Reino Unido (1918-1919)

Fuente: Taubenberger y Morens (2006). El timing de la epidemia en otros países europeos se puede encontrar aquí.

El estudio del modo en que se propagó la pandemia de 1918 evidencia que, además de actuar con transparencia, es fundamental que los poderes públicos limiten la difusión de la enfermedad con todos los medios a su alcance como el cierre de escuelas y otros edificios, la cancelación de actos públicos o la aplicación de cuarentenas (aquí o aquí; algo que también estamos comprobando actualmente). La importancia de las medidas públicas se ve claramente en las trayectorias que la epidemia tuvo en dos ciudades estadounidenses estudiadas aquí: mientras en Filadelfia las autoridades minimizaron la importancia de la epidemia y permitieron la celebración de actos públicos, los autoridades en San Luis implementaron fuertes medidas para contener la expansión de la epidemia sólo dos días después de que se detectaran los primeros casos. Los resultados de ambas políticas están claros si nos fijamos en el siguiente gráfico que compara cómo evolucionó la curva del número de muertos en ambas ciudades entre septiembre y diciembre de 1918. Aunque la epidemia duro más en San Luis, sus efectos fueron mucho menos letales (#FlattenTheCurve). Otro ejemplo dramático se dio en Samoa: mientras una cuarentena estricta evitó la epidemia en la Samoa Americana, una actitud más laxa frente a la misma implicó que muriera un 20 por ciento de la población de la Samoa Neozelandesa (aquí).

Exceso de mortalidad en Filadelfia y San Luis, Sept. 8 – Dic. 28

Fuente: Hatchet et al. (2007). La referencia es la media de la mortalidad en el mismo período entre 1913-1917.

Se estima que alrededor del 2-3 por ciento de los que se infectaron del virus murieron, especialmente porque muchos cuadros clínicos se complicaron con neumonía. A diferencia del Coronavirus que se ceba especialmente en los ancianos, esta pandemia afectó a personas de todas las edades. Sorprendentemente, los adultos entre 20 y 40 años fueron uno de los grupos más afectados, como se puede ver en el siguiente gráfico que ilustra el exceso de mortalidad (en relación a los años “normales”: 1915-17 y 1921-23) por edades y sexo durante la pandemia. No está claro cuál es el motivo de esta peculiaridad pero se especula que este grupo de edad, en comparación con las personas más mayores, no estuvo expuesto a la Gripe Rusa de 1889-1890 (otra epidemia que asoló el mundo a finales del siglo XIX) y por lo tanto su sistema inmunológico no estaba preparado (aunque hay otras hipótesis como se explica muy bien aquí). La mortalidad en las ciudades fue además más elevada ya que la contaminación que las caracterizaba (derivada sobre todo del carbón) agravó los efectos de la enfermedad (aquí). Otra singularidad de este epidemia es que la existencia de tres olas sugiere que el virus pudo mutar lo suficiente entre una y otra como para evitar la inmunidad que parte de la población habría desarrollado. Es cierto, sin embargo, que la intensidad de las distintas olas a nivel local suele mostrar una correlación negativa lo que apunta a que la población que la sufría adquiría defensas inmunológicas que limitaban su impacto posterior.

Exceso de mortalidad por edades y sexo (1918-1920)

Fuente: Murray et al. (2006). El exceso de mortalidad se calcula en comparación a los datos de 1915-17 y 1921-23 (basado en datos de 13 países).

Por supuesto, no todos los países o regiones se vieron afectados igual (aquí, aquí o aquí). El siguiente mapa muestra que el sur de Europa sufrió tasas de mortalidad mucho más elevadas que otros países de su entorno (en España se estima que murieron unas 250.000 personas; para saber más sobre lo que ocurrió en España aquí o aquí). Estas diferencias dentro de Europa son, sin embargo, pequeñas si se compara con lo que sucedió en otras regiones: la tasa de mortalidad de la India, por ejemplo, fue 40 veces mayor que la danesa. Esto obviamente está relacionado con la capacidad del sistema sanitario para hacer frente a la crisis y las propias condiciones de vida en los distintos lugares, así como con los patrones de contagio en esas sociedades o la inmunidad previa. Un peor estado nutricional, el vivir en espacios hacinados, la insalubridad de las viviendas o el propio desconocimiento de los mecanismos de la enfermedad debido a un menor nivel educativo contribuyeron claramente a la letalidad de la epidemia (además de, como hemos mencionado arriba, las medidas que se tomaron o no para limitar la difusión de la epidemia).

Exceso de mortalidad derivada de la Gripe Española en Europa, 1918-1920

Fuente: Murray et al. (2006). Las estimaciones de Ansart et al. (2009) son ligeramente distintas pero no alteran significativamente esta imagen.

Por otro lado, el impacto dentro de los distintos países también fue mayor entre aquellos que tenían un menor status socioeconómico (aquí o aquí). A pesar de que la evidencia es muy clara al respecto, el desigual impacto de estas crisis en la población es un aspecto que no se tiene en cuenta en los planes nacionales o internacionales para hacer frente a este tipo de pandemias como subrayan Svenn-Erik Mamelund y co-autores aquí. En este sentido, se debería tener en cuenta que, si el sistema público colapsa, los grupos de renta baja no van a poder pagar los tests, los retrovirales o las vacunas (algo que es evidente en los precios que algunas clínicas privadas cobraban recientemente), ni tampoco  permitirse no ir a trabajar para reducir el riesgo de contagio. Aparte de la propia responsabilidad moral, el hecho de que estas epidemias son un ejemplo de libro de externalidad negativa implica que no ayudar a estos grupos perjudica claramente al resto de la sociedad.

Las pandemias de gripe son algo recurrente en la historia. La de 1918 no fue la primera ni la última. Así, el mundo volvió a vivir episodios similares, pero no tan letales, en 1957-58 y 1968-69. A estas hay que añadir otras epidemias de distinto origen (SIDA, Ebola, SARS, etc.) o el Coronavirus actual. Por tanto, que estemos sufriendo una de ellas no es una casualidad. Si en circunstancias normales la salud es lo más valioso que tenemos, esto es aún más cierto en la situación actual. A pesar de los avisos que nos llegaban de China primero y de Italia después, no nos hemos tomado suficientemente en serio la gravedad de la situación. No estamos en 1918 pero los riesgos son evidentes. Sigamos los consejos de los profesionales (lavarse las manos, minimizar el contacto social, etc.), tomemos medidas para limitar el impacto económico (como explicaban Antonia Díaz y Luis Puch aquí) y, cuando se pase esta pandemia, aprendamos de nuestros errores y preparémonos para la siguiente invirtiendo en salud (y responsabilidad) pública.



jueves, 12 de marzo de 2020

Economía de tiempos de pandemia

Antonia Díaz y Luis Puch

La muerte en Samarkanda (Pedro Espinosa y César Galiano) 

Un evento tan trágico e inesperado como el rápido contagio de miles de personas en todo el mundo (y, desgraciadamente, la muerte de muchos, ¡terrible!) está consiguiendo que nuestras economías se tambaleen. Los acontecimientos se desarrollan con tal rapidez que las cifras de afectados van cambiando hora a hora. La OMS ya ha anunciado que nos enfrentamos a una pandemia. Sin inmunización previa, ni vacunas ni retrovirales, por el momento, nuestra única forma de prevención es mucha higiene, y más responsabilidad aún para evitar los contagios.

Este es un caso donde hay una clarísima externalidad negativa y donde la coordinación en las respuestas, gestionada por los poderes públicos, es imprescindible para poder salir de esta crisis económica, que ya está aquí. Actualmente nuestros gobiernos están tomando medidas severas para prevenir contagios (teletrabajo, limitación de la posibilidad de viajar, prohibición de aglomeraciones). El objetivo fundamental, como tanto se está insistiendo desde la Administración Pública y los medios de comunicación, es que el sistema de Sanidad no colapse: para ello, el flujo de infectados en un momento dado no puede ser desorbitado. De ahí la necesidad de observar estrictamente las medidas de prevención, aislamiento y distancia social. Por ejemplo, la estrategia de Corea del Sur para monitorizar a los potenciales enfermos vía App a la vez que haciendo chequeos masivos a la población en espacios públicos abiertos habilitados al efecto, en vez de casa por casa o en hospitales y, con ello mitigar contagios y colapsos, ha sido tremendamente exitosa. Deberíamos aprender de ellos. En cualquier caso, la distancia social es fundamental para disminuir la tasa de crecimiento de los contagios.

Esta crisis nos está recordando que nuestra sociedad, tan individualista, está más interconectada que nunca. Nuestra vida de ocio y cultural, a pesar de las plataformas digitales, sigue siendo fundamentalmente social: cines, conciertos, museos, estadios. ¡Iglesias! Incluso la forma en que ha cambiado el sector servicios, con grandes centros comerciales a los que acuden miles de personas, favorece el contagio masivo. El turismo es un excelente mecanismo de propagación. El que podamos estar en menos de cuatro horas en Berlín, París, Viena, Milán, facilita inmensamente la infección. A pesar de las impresoras 3D, aún la producción de manufacturas sigue haciéndose en plantas donde muchas personas trabajan codo con codo. En suma, la especialización productiva y los rendimientos crecientes a escala (sin tener en cuenta la huella climática, pero esa es otra cuestión), con todos sus beneficios, nos agrupan, nos interconectan. Nos hacen a todos más vulnerables a lo que le ocurra a cada uno de nosotros.

Pues bien, aquello que tenemos que hacer para limitar que la infección se expanda implica, necesariamente, una ralentización económica. Una cuestión muy importante es cuánto tiempo tenemos que mantener estas medidas disruptivas de la actividad económica. No lo sabemos, aunque hay algunas estimaciones al respecto de las que se hablará en otro post. Unas semanas de interrupción en un sector tan estacional como el turismo, abre un roto importante en nuestra economía. Si el shock pandémico es finalmente transitorio afectará mucho a una parte relativamente pequeña de la economía. Si fuera este el caso, el pánico observado en los mercados estos días convierte a los responsables del mismo en auténticos irresponsables. Si, por el contrario, los efectos del shock son duraderos, la acción pública es determinante.

La cuestión es que, por prevención, para no exponernos al contagio, o porque ya estemos enfermos, ni podemos producir ni podemos consumir. Al no poder producir ni consumir no se puede vender ni generar beneficios. Las empresas, lógicamente, quieren despedir trabajadores para reducir costes. Los plazos de los créditos vencen aunque no se pueda trabajar. Los alquileres hay que pagarlos. No solo eso; cuando la economía real está paralizada, la economía financiera carece de ancla real (los beneficios de las empresas cotizadas) y se mueve exclusivamente por expectativas, que en estos tiempos pueden ser delirantes. De ahí que la Bolsa de Nueva York suspendiera temporalmente la cotización y que ese cierre aguara el festín de pánico que se estaban dando los bajistas.

Y, finalmente, la cuestión es qué hacer. La respuesta la llamamos los economistas risk sharing. Podría parecer que este shock es de naturaleza sistémica, y en parte lo es. Sin embargo, este shock afecta de manera distinta a distintos sectores: pensemos en los sectores de la alimentación o de las telecomunicaciones frente a la hostelería y el transporte aéreo. Más aún, afecta distinto a deudores y a prestamistas, a los dueños de grandes empresas frente al dueño de una pyme, o al trabajador de un banco y a un funcionario frente al trabajador de un centro comercial. Risk sharing es solidaridad: hoy por ti y mañana por mí. El refrán popular nos dice que el risk sharing, por propia naturaleza, es dinámico. Nos conviene que no haya pérdidas de tejido productivo aunque el virus no nos afecte directamente hoy. Se trata de solidaridad pecuniaria, claro, que es la que importa. Queremos enfatizar lo dicho arriba: esta es una crisis generada por una enfermedad contagiosa, es una externalidad negativa. Por tanto, las acciones de los agentes privados, dirigidas a maximizar beneficios, no van a internalizar el coste social de esas acciones. En una situación de este tipo cada ciudadano o empresa se enfrenta a un “dilema del prisionero”. La Teoría Económica nos dice que, en ausencia de coordinación, cuando la acción de cada agente tiene consecuencias sobre el otro, la asignación de equilibrio es ineficiente porque los agentes maximizadores de beneficios no cooperan. El dilema del prisionero muestra que esos mismos ciudadanos estarían mejor si alguien les sometiera a coordinación. Y, aunque sea de Perogrullo, la Administración Pública debe coordinar. Debe liderar. Tanto más cuanta más artillería tiene.

La primera medida es que toda la información sobre la enfermedad debe estar accesible de forma centralizada y sencilla para los ciudadanos. Los que enferman y los que sanan. Eso solo puede hacerlo el Ministerio de Sanidad. Luz y taquígrafos es la mejor medicina contra el miedo y las conductas de pánico (las escenas de gente comprando compulsivamente papel higiénico y pasta son el equivalente sanitario de un pánico bancario). Todo el sistema sanitario, público y privado, debe estar al servicio de contener la pandemia. Las compañías sanitarias privadas deben ceder sus hospitales y camas a la Sanidad Pública, así como hacer chequeos gratuitos (ya se verá si la Administración, --es decir, todos-- puede compensarles). Idealmente, nos gustaría copiar el sistema de tests diagnósticos masivos de Corea del Sur, pero lleva tiempo. Como hace Corea del Sur, hay que racionar la compra de mascarillas por parte de los ciudadanos. También hay que limitar su precio. Son artículos de primerísima necesidad hasta que termine esta emergencia. No se puede hacer negocio con la enfermedad. Simultáneamente, hay que contratar a más profesionales, es una emergencia. La prioridad es sostener el sistema sanitario.

La segunda medida fundamental, al menos desde la óptica de los economistas, es sostener la producción. Antes de cerrar los servicios, como en Lombardía, puede explorarse subir el IVA, temporalmente, a aquellas actividades que lleven a la aglomeración y así desincentivar su consumo (tanto más justificado cuanto menos populares sean dichas actividades). El gobierno ya está tomando medidas asimilando las cuarentenas a bajas por accidentes laborales. Pero hay que tener un plan global. Para ello debe estar muy claro que esta no es una crisis como en 2008. Esta crisis se debe a que tenemos que paralizar la economía real para frenar los contagios. Y mientras que la economía real esté parada, la economía financiera no puede seguir al albur de las expectativas. Aunque la economía financiera no tuvo disciplina en el 2008 nos parece que este, sin duda, es el momento para que la tenga y, para que quien tiene la autoridad para exigírsela, lo haga.

Debemos tener claro que esta es una crisis de liquidez. Cuando una buena parte del país echa el cierre en agosto no pasa nada. Y no pasa nada porque es algo planificado. Coordinado. Esta crisis no es un desastre natural. No se incendian los bosques, la fuerza del agua no se traga las carreteras, no se caen las viviendas ni las factorías por un terremoto.  Nuestro potencial productivo sigue intacto. Las muertes, aunque todas trágicas, no amenazan nuestra economía. Es la conjunción de parálisis productiva e hiperactividad financiera lo que amenaza la economía si no hay coordinación. Hay que contener la economía financiera mientras que la real no se recupere. Mientras que la pandemia no se controle, la mayoría de actividades financieras y decisiones de empleo deben ser supervisadas.

Hay que hacer una moratoria financiera para los sectores más golpeados por las medidas encaminadas a frenar el contagio. Nos referimos a los sectores de turismo, comercio (presencial, no online), transporte aéreo… Se trata de una moratoria para las decisiones de despido, para los vencimientos de todo tipo de créditos (en las empresas pequeñas y medianas, especialmente). Los bancos deben extender los créditos que puedan vencer en los próximos tres meses, por ejemplo, de acuerdo con la previsión actual de efectos. Hay que abrir líneas de crédito a las empresas bajo la condición de que no despidan a trabajadores y en función del Impuesto sobre Sociedades que hayan venido pagando, o que vayan a pagar en el futuro gracias a las ayudas. La crisis financiera debería haber servido para completar mercados; es decir, para contribuir a mejorar las condiciones en las que los órganos supervisores y la Justicia distinguen la mala suerte (el shock) de la mala fe. Lamentablemente, en este asunto no parece que se haya avanzado demasiado, por lo que lo más prioritario puede ser no convertir “ayudas justificadas” en un “free lunch.” Pero sí, se trata de evitar las quiebras.

Los tipos de interés no deben subir. Los sindicatos y la patronal deben actuar. Los agentes sociales tienen que sentarse y decidir para cada tipo de empresa cuál es la mejor solución. Hoy ha aparecido una primera propuesta. Nosotros creemos que, si las empresas pueden mantener las nóminas, deben hacerlo y lo que no se trabaje ahora se puede devolver en el futuro. Como siempre, las empresas grandes serán capaces de resistir mejor el envite. Hay que aguantar el empleo en las pequeñas y medianas empresas. Hay que imponer una moratoria a los desahucios, a los vencimientos de préstamos a las familias y asistir a los más vulnerables. Hay que decidir, en fin, cuál puede ser la contribución del Sector Público, y con ello, de los empleados públicos, para sostener al Sector Privado. Siempre empezando por los que parten en posición más favorecida. Las medidas que acaba de anunciar el Presidente del Gobierno (hoy, jueves 12 de marzo) van en esta dirección pero aún nos parecen tímidas.

Hay que pedir a la Comisión Nacional del Mercado de Valores y al Banco de España que vigilen a la Bolsa y al sector financiero para evitar episodios de “depresión irracional” como hizo la Bolsa de Nueva York. En concreto, hay que limitar las “ventas en corto” (préstame tus acciones –ayer, que te las devuelvo mañana cuando valgan la mitad), y evitar que los tiburones financieros hagan caja a costa de las primas de riesgo cuando, con buenas palabras, el Eurogrupo relaje los requisitos de límite de déficit. Esto es fundamental.

Todas estas medidas necesitan liquidez. Las medidas que acaba de anunciar el gobierno, con la moratoria en el pago de impuestos anunciada, necesariamente van a afectar a las cuentas públicas. Hay que pedir una moratoria a la EU para cumplir la regla del déficit. El Banco Central Europeo debe facilitar la liquidez necesaria para que los gobiernos de cada país puedan actuar sobre los sectores productivos más perjudicados por la crisis. Roberto Perli en Twitter hace un listado muy interesante de medidas que el BCE puede llevar a cabo. En particular, queremos resaltar la propuesta de dar avales a las pequeñas y medianas empresas para obtener líneas de créditos. Como indica Roberto Perli, necesitamos un “Quantitative Easing”, pero este debe ser selectivo porque no todos los sectores productivos están igualmente afectados. Recordemos que es el tejido productivo lo que está en peligro, no el sistema financiero. Y lo necesitamos ya.

¿Qué podemos hacer sin contar con la UE? Las declaraciones recientes de Lagarde diciendo que no van a tocar los tipos son muy elocuentes: le pasa la patata caliente a los gobiernos y a la política fiscal para evitar que aumenten las primas de riesgo. Pero la UE se niega a la actuación fiscal conjunta por ahora.  Mientras que escribimos este post ha saltado la noticia de que España, en la persona de la vicepresidenta Nadia Calviño, ha rechazado el plan que pedían Francia e Italia de estímulos fiscales argumentando que el Banco Europeo de inversiones puede canalizar las ayudas necesarias en estos momentos. Sería bueno que el Gobierno explicara su posición para saber a qué atenernos, pero todo apunta a que se está jugando una partida complicada. El FMI nos recomienda subir impuestos. Tendremos que hacerlo. En particular, hay que subir impuestos a las grandes empresas (que disponen de más colateral para vadear la pandemia), algunas en sectores que pueden salir incluso beneficiados de esta crisis. Es el momento, por ejemplo, de gravar a las grandes tecnológicas. Y hay que hacerlo ya. Existen dos razones poderosas para pedirles que paguen más impuestos. La primera es que esta pandemia afecta a sus competidores más que a ellos. Casi nadie puede ir al cine (bueno para Netflix). Nadie quiere ir a un centro comercial a comprar (bueno para Amazon). Es decir, el coronavirus es un arma de competencia desleal. Las grandes tecnológicas deben contribuir por ese maná que reciben en estos tiempos de pandemia. La segunda razón es que su posición dominante es tal, que impiden la competencia de manera expedita al comprarse a quien se atreve a asomar la nariz por su mercado (digital, claro). Es una cuestión de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (¿europea? ¿mundial?). Hay que pedirles su colaboración. Y dedicar esos recursos a aumentar los ingresos del Estado.

En definitiva, hay que actuar con rapidez y determinación. Hay que convencer a todos los socios de la Unión Europea para llevar a cabo una respuesta coordinada, pero sin dejar de actuar en los mercados mientras tanto. Hay que convencerles que hay que hacer risk sharing. Hay que convencerles de que todos ganamos. Porque si no lo hacemos, nuestra confianza en la Unión Europea se hundirá. Y una institución no puede sobrevivir sin la confianza de sus ciudadanos. Sabremos si llegamos tarde mirando lo que ocurra en Italia.



miércoles, 11 de marzo de 2020

¿Cómo comportarse (y cómo nos comportamos) ante la epidemia de coronavirus?

Creador: Nuthawut Somsuk Contribució: Getty Images/iStockphoto
Creador: Nuthawut Somsuk
Contribució: Getty Images/iStockphoto

Nota de los editores. Este post es una versión de un informe más largo sobre economía y coronavirus que publicará el viernes el ESADE EcPol, donde el autor colabora.

De Pedro Rey Biel  (@pedroreybiel)

Las autoridades sanitarias están advirtiendo que la evolución de la epidemia de coronavirus dependerá de forma crucial del comportamiento individual responsable de todos nosotros. El comportamiento de los seres humanos ante una epidemia, como la actual de Covid-19, tiende a ser “irracional”, no sólo en la acepción común del término, sino también en el sentido que otorgan los economistas a la irracionalidad, enfrentando la economía tradicional a la economía del comportamiento (“Behavioral Economics”). Si se fijan, los tres temas principales, provenientes de la Psicología, que ha incorporado la economía del comportamiento al estudio de las decisiones económicas (en sentido amplio) están presentes en la actual crisis epidemiológica:

- Los resultados son inciertos. A día de hoy desconocemos, por ejemplo, muchos aspectos del origen y de la evolución de la epidemia, la efectividad de las medidas de contención implementadas, la posibilidad de que exista una vacuna en un futuro cercano o cómo nuestro comportamiento individual (y colectivo) afecta realmente a la probabilidad de contagio. Ante la existencia de incertidumbre, la heterogeneidad en la actitud individual ante el riesgo dificulta el que nos coordinemos en las mejores medidas preventivas, el que sigamos las recomendaciones de las autoridades y favorece el que entremos en pánico, colapsando sin necesidad los centros médicos y desabasteciendo de recursos sanitarios a los que realmente los necesitan. Un problema adicional, que ya señalé en este post, es nuestra limitada capacidad cognitiva para comprender las probabilidades de eventos inciertos, más aún si se trata de eventos de probabilidad muy baja, lo que complica enormemente el proceso de informar de una manera no sólo precisa, sino también comprensible, sobre los riesgos a los que nos enfrentamos.

- Nos importa más el presente que el futuro. Al igual que otros comportamientos saludables difíciles de conseguir, como el hacer dieta o empezar a hacer ejercicio, una de las mayores dificultades para incentivar el comportamiento preventivo de la población ante un epidemia, se encuentra en que el coste de la prevención (aumentar la higiene, evitar acudir a eventos multitudinarios, hacer cuarentena ante la sospecha de infección, no colpasar urgencias por síntomas breves, no malgastar las mascarillas disponibles y necesarias para enfermos y profesionales snaitario) lo pagamos ahora, mientras que los posibles (inciertos) beneficios sólo los “disfrutamos” en el futuro... con el peligro adicional de que los síntomas por infección no se manifiestan hasta tiempo después de haber tenido un comportamiento contraproducente.

- No internalizamos los beneficios de nuestro comportamiento sobre los demás. El comportamiento preventivo ante una epidemia tiene un componente de bien público importante: el coste individual de tomar medidas preventivas (como declarar el haber estado en una zona de riesgo, cancelar un evento o no desabastecer los supermercados con compras exageradas) es superior para nosotros que el beneficio que obtenemos de ello. Cuando cada individuo no tiene incentivos individuales a comportarse de forma que favorezca al colectivo, la extensión de la epidemia nos perjudica a todos. Lograr incorporar la responsabilidad individual para frenar la expansión de una enfermedad colectiva es uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos estos días. De forma similar, debemos potenciar y resaltar  los comportamientos solidarios (estudiantes sin clase ofreciéndose a cuidar de ancianos y niños, profesionales médicos no aprovechando las tensiones de etso días para reevindicar condiciones laborales sino arrimando el hombro...), frente a otros menos slaudables (saqueos en supermercados, robos de mascarillas...) puesto que tendemos a imitar el comportamiento de los demás.

Ante un problema cuya evolución depende en gran medida de nuestro comportamiento, me permito recordar algunas enseñanzas provenientes de Behavioral Economics, que espero sean útiles no sólo para que todos mantengamos la calma y actuemos de forma responsable y racional, sino también para quienes tienen que tomar difíciles decisiones políticas en estos días, o deben informar sobre las mismas.

1. El fino equilibrio informativo. Informar de manera que se estimulen comportamientos preventivos sin causar la contraproducente alarma social es especialmente complicado.  Aún más si la información sobre la extensión de la epidemia va cambiando y por ello, las medidas tomadas hace unos días parecen insuficientes/exageradas dada la situación actual. No estamos especialmente bien equipados para adaptarnos psicológicamente a información que cambia rápidamente y por ello, es importante ser conscientes de que vamos a tener que hacerlo.

2. La importancia del mensajero. Mientras que los científicos y especialmente las profesiones sanitarias se encuentran entre las que generan mayor confianza entre los ciudadanos, los políticos ocupan las últimas posiciones en índices de confianza. Por eso es importante centralizar la información epidemiológica y hasta cierto punto las decisiones, en autoridades sanitarias, cuyo principal interés sea la salud pública.

3. Mantener la confianza aislando la confrontación política. Aunque es inevitable que el debate en los próximos meses se va a centrar en el virus, deberíamos evitar la confrontación política interesada en estos temas y buscar la mayor coordinación posible entre instituciones. Lo ideal sería que quienes tienen responsabilidad de gestionar la crisis no aprovecharan la situación para sacar pecho ni quienes están en la oposición para ganar puntos sobre una mala gestión. Ni políticos bañándose en Palomares y manteniendo actos masivos de los que se  pueda sospechar que pueden sacar políticamante crédito ni  responsabilizar al decisor por “habernos permitido hacer un acto multitudinario”, parecen las mejores formas de crear confianza.

4. Orientar la información a lo que contribuya a aliviar el problema. De forma similar, los medios de comunicación tienen la responsabilidad de transmitir información realista sin aprovechar el filón sensacionalista que les puede llevar a captar la atención. Hablar constantemente de un tema activa nuestro sesgo por lo inmediato (“availability bias”) y por dar mayor importancia a lo candente (“over-representation bias”). Nuestro sesgo a centrarnos en lo inmediato es especialmente sensible a la cantidad y a la orientación de la información que recibimos. Por ello, centrar la atención en las cifras de afectados y muertos, como si fuera un marcador deportivo cafre, en lugar de en medidas preventivas, no parece lo más estimulante.

5. La responsabilidad individual en la transmisión de información. Cada uno de nosotros somos también responsables de no crear mayor pánico o expandir información errónea, especialmente con el grado actual de conectividad que permiten las redes sociales. Aunque el sentido del humor es una de las pocas alegrías de estos días, separemos bien el reenvío de información contrastada de otro tipo de mensajes que se entiendan que son puramente humorísticos. Filtrar adecuadamente bulos y no contribuir a expandir el pánico es importante.

6. Evitar la discriminación estadística. Los seres humanos tendemos a centrar la atención una única característica, por ejemplo el origen de procedencia, y extrapolamos esa única característica a todos los que la comparten. Esto está llevando a comportamientos racistas hacia grupos concretos (asiáticos en general, italianos), que, si bien nunca están justificados, son especialmente absurdos por no entender como actualizar nuestras creencias sobre la probabilidad de contagio basadas en datos objetivos. Evitar establecimientos simplemente por estar regentados por gente de uno u otro país, o hacer el vacío en el colegio a niños de ciertos países, va a dar estos días la medida de hasta qué punto nuestros prejuicios están basados en información que no sabemos, o no queremos, manejar con precisión.

7. Incapacidad de procesar información en situaciones de stress. Una dificultad adicional para trasmitir información adecuada y tomar buenas decisiones son nuestras limitaciones para actuar de forma correcta cuando entramos en pánico. Por ello, es especialmente importante que los mensaje que se trasmitan sean deliberadamente sencillos, por ejemplo usando gráficos mejor que cifras  y, que a su vez, nos den una pauta de comportamiento clara. Ante el stress, los seres humanos necesitamos “hacer algo” para recuperar la sensación de que controlamos la situación. Esto explica en parte las compras masivas, que, si bien nos calman momentáneamente, pueden contribuir colectivamente a crear desabastecimientos ridículos (aunque parece que, a pesar de lo que se observa puntualmente en algunos supermercados, las cadenas de suministro están aseguradas).

8. Expectativas autocumplidas y crisis económica. No parece haber dudas ya sobre las importantes repercusiones económicas que van a tener las medidas de contención de la epidemia. Sin embargo, podemos contribuir a que no sean aún mayores. Muchos de nuestros cambios en el consumo en estos días provienen de hacer una reflexión consciente sobre si debemos o no realizarlo. Al concentrarnos en una decisión, en lugar de hacerla de forma semiautomática, valoramos en mayor medida las pérdidas que las ganancias (“loss aversion bias”), lo que puede llevar a agravar la crisis que viene.

El objetivo de este post es contribuir a normalizar nuestras reacciones psicológicas en estos días de incertidumbre, de forma que entendiendo su procedencia, no contribuyamos a exacerbar el problema. La transmisión correcta de la información, la confianza en instituciones que antepongan la salud pública a otros intereses, y ser conscientes de nuestros propios sesgos y de la importancia de nuestra responsabilidad individual con cómo nos comportamos, pueden ser medidas de choque para que salgamos de ésta lo mejor posible.