viernes, 3 de abril de 2020

Así evoluciona la tasa de recuperados por COVID-19 en España

La evolución de la tasa de recuperados en España por COVID-19 dibuja una curva contundentemente esperanzadora. Nos dice que ya se están recuperando más de 25 personas por cada 100 contagios. Al principio de las mediciones esta tasa de recuperaciones era inferior al 5%, solo 5 de cada 100. Es lógico, la enfermedad comenzaba a desarrollarse; no había transcurrido aun el tiempo suficiente para conocer el resultado de su evolución, esto es, recuperación o muerte. Ahora ya empezamos a conocer mejor el contorno exacto de la crisis. La tasa de personas curadas por coronavirus asciende progresivamente. En China, donde ya han quemado todas las etapas de la pandemia con semanas de antelación al resto de países, el porcentaje de recuperados ascendió de manera similar en las primeras fases, para marcar finalmente un porcentaje superior al 93%. En pocos días los datos del virus en España tenderán a tasas de recuperaciones parecidas a las chinas. Pero, probablemente, el porcentaje acabará siendo inferior. Entonces, sólo entonces, cabrá preguntar: ¿Por qué? ¿China falseó y edulcoró sus datos y España no? ¿Hubo una actuación muchísimo más eficaz en China que en España? ¿Careció de recursos sanitarios básicos España? ¿Resistió mejor el virus China por motivos demográficos, sociales, económicos,…? Estas son sólo algunas de las preguntas de la crisis que deberemos responder. Con la cantidad de expertos por metro cuadrado que hay en España no tendremos problema alguno. Seguro.

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jueves, 2 de abril de 2020

Principios básicos para la gestión de la crisis del Covid-19

Tras varias semanas de confinamiento y a medida que parece que el descontrol sanitario de la pandemia remitirá pronto, crece la preocupación por sus consecuencias económicas. Durante las últimas semanas han surgido numerosas propuestas sobre cómo aminorar esas consecuencias  y acelerar la recuperación económica tras una recesión que será histórica por su intensidad y, probablemente, también por la permanencia en el tiempo de algunos de sus efectos (solo por citar este blog, algunas medidas se han discutido aquí, aquí, aquí y aquí). En esta entrada, en lugar de abundar en ellas, se recuerdan varios principios generales para la gestión de una crisis económica que, siendo excepcional, puede requerir de enfoques diferentes a los tradicionales. Se trata de volver a la “casilla cero” y reconsiderar la estrategia de política económica con la información, la experiencia y el conocimiento adquiridos durante las últimas semanas.

Son tres estos principios básicos. Se refieren a las prioridades y urgencias en el corto plazo, a la composición de un paquete eficaz de medidas para abordar dichas prioridades y urgencias y a la consideración (o no) de medidas estructurales de más largo plazo que cambiarían el “modelo económico y social”.

“Si tienes que apagarlo, asegúrate que sabes cómo volver a encenderlo”

Lo más urgente es preparar una vuelta segura a la normalidad (“la lucha contra la pandemia”). Los problemas sanitarios causados por el Covid_19 no acabarán cuando el número de contagiados y fallecidos disminuyan significativamente. Mientras no exista un tratamiento adecuado o una vacuna eficaz, el riesgo de que aparezca una nueva oleada de contagios con consecuencias graves es muy elevado. Por ello, la recuperación de la actividad económica solo puede producirse gradualmente para permitir que los trabajadores puedan reiniciar sus actividades con seguridad (la suya y la de los demás). Para ello es necesario aumentar significativamente los recursos dedicados a proveer de tests sobre contagios e inmunidad , a realizar seguimientos masivos y a acelerar que tratamientos y vacunas estén disponibles para toda la población.

Pero dedicar más recursos a la lucha contra la pandemia no será suficiente sin mejoras en la administración y en la gestión. Se acumulan los indicios de que se llegó tarde al reconocimiento de la gravedad del Covid-19 y a la preparación de los recursos sanitarios necesarios para hacerle frente. Recordarlo ahora solo sirve (o debería servir)  para evitar que también se llegue tarde a la preparación de la salida del confinamiento de la población y de la vuelta gradual a la recuperación de las actividades económicas. Cómo y cuándo se van a producir el son variables fundamentales para la toma de decisiones de trabajadores y empresarios durante las próximas semanas. Se trata, sobre todo, de reducir la incertidumbre, lo que resulta imposible sin un plan sanitario que las contemple.

Otra tarea urgente es asegurar rentas y liquidez (“el alivio del desastre económico”). En el corto plazo, otra prioridad absoluta debería ser la cobertura de rentas de trabajadores y empresarios que no pueden realizar sus actividades laborales y empresariales de manera normal. Solo pueden conseguirlo transferencias de renta hacia los colectivos perjudicados (trabajadores asalariados y autónomos con restricciones de liquidez, PYMES, etc.) o “créditos blandos” (bien gestionados, tal y como se explica aquí). Moratorias y suspensiones de pagos solo son eficaces si el deudor tiene restricciones de liquidez y el acreedor no las tiene. Creer que se pueden diseñar estos instrumentos discriminando en función de las restricciones de liquidez de deudores y acreedores es una quimera. Como también lo es creer que como acreedores podemos dejar de pagar y como deudores seguir cobrando.

“Si funciona, no hay por qué arreglarlo”

La tentación del “exceso de activismo”. La excepcionalidad de esta crisis se debe también a que tiene una incidencia muy variada y desigual por grupos de población y actividades económicas. Es hasta cierto punto comprensible que los responsables de las políticas económicas sientan la tentación de intervenir en todos los frentes con una amplia batería de medidas ad hoc que traten de resolver problemas específicos (la confección  de “trajes a medida” para que "nadie se quede atrás"). Sin embargo,  en esta situación una medida de amplio espectro (como por ejemplo, el pago de salarios por el Estado, "a la danesa", o trasferencias a tanto alzado por debajo de un determinado nivel de renta, "a la USA", o, mejor incluso, con una garantía de renta "a la canadiense") es mucho más eficaz que muchas condicionadas y dirigidas a colectivos particulares. Y es así por múltiples razones: primero porque la respuesta a la crisis requiere inmediatez y transparencia, que normalmente se pierden cuando se trata de diseñar medidas concretas y específicas con condiciones delimitadas, especialmente cuando es difícil comunicarlas, como es ahora el caso; en segundo lugar, porque la implementación de muchas medidas al mismo tiempo requiere una gestión mucho más complicada y costosa, justo cuando la capacidad de las Administraciones Públicas  para ello se ha visto muy mermada, y, finalmente, porque ahora es mucho más importante la eficacia de las medidas (“hacer todo lo que sea posible”) que su eficiencia (“la preocupación por si se está haciendo demasiado”).

Rectificar es de sabios, salvo si es para reemplazar errores con otros . Otro de los inconvenientes del exceso de activismo es que con más medidas adoptadas, mayor es el riesgo de que algunas de ellas no cumplan con los objetivos previstos y tengan consecuencias no deseadas. Desde el 17 de marzo se han publicado en el BOE cuatro RDL sobre medidas económicas y sociales de respuesta a la crisis del Covid-19 (1, 2, 3 y 4). Disposiciones transitorias de los más recientes modifican artículos de los anteriores. La improvisación de respuestas poco meditadas y analizadas previamente seguidas inmediatamente por rectificaciones aumenta la incertidumbre y, con ella, los costes de las decisiones de ajuste que las empresas y trabajadores han de tomar. Por ejemplo, anunciar la flexibilización de los ERTEs para convertirlos en el principal mecanismo de mantenimiento del empleo (lo cual tiene sentido ante una situación temporal de paralización obligada de las actividades de las empresas) se complementa mal con medidas posteriores que limitan la capacidad de las empresas de acceder a ellos (en el espacio y en el tiempo). La llamada “prohibición” de despidos por causas económicas asociadas a la incidencia del Covid-19 no solo es ineficaz (por no impedir dichos despidos que solo pasarán a ser improcedentes en lugar de procedentes) sino que además puede ser contraproducente al retrasar la recepción de las indemnizaciones correspondientes por los trabajadores afectados (para lo cual se necesita de intervención judicial justo cuando los Juzgados de lo Social no están operativos).

“Con la tormenta perfecta y en alta mar, no es el momento de remodelar el barco”

Las medidas solo serán eficaces si se dirigen a aliviar el desastre económico que sufrirían muchas empresas y trabajadores en su ausencia. Durante las últimas semanas se han avanzado “grandiosos” planes de actuación en respuesta a la crisis del Covid-19. Por ejemplo, se ha hablado de un “Plan Marshall”, de la implantación de una renta básica universal o de la mutualización de todo su coste en el ámbito europeo (“coronabonos”). Todos estos planes suponen cambios radicales bien en los pilares básicos de las políticas económicas, bien en el modelo de su gobernanza. Dedicar tiempo y recursos discutiéndolos, presumiéndoles una viabilidad política de la que carecen, es perder tiempo y recursos. Es el momento de medidas transparentes, inmediatas y eficaces; no lo es para rediseñar e inventar instrumentos, medidas, planes de inversión, etc.,  que en algunos casos solo tienen el respaldo del dogmatismo ideológico y se dirigen a la búsqueda de réditos políticos, que, por otra parte, no se conseguirán cuando la población sea consciente, de primera mano, de la ineficacia de las medidas adoptadas en un momento tan inolvidable como el actual. Se trata de evitar que el barco se hunda; no de construir uno nuevo.

El coste de las medidas necesarias es asumible, pero recaerá fundamentalmente sobre cada país. Obviamente, las medidas necesarias tienen un coste presupuestario muy elevado. Sin embargo, las restricciones fiscales no deberían ser tales en estos momentos. Hay que hacer uso de todos los recursos posibles (y más), aun cuando ello suponga un aumento de varios dígitos en el déficit y en la deuda públicas. Con un plan coherente y el respaldo del BCE, estos aumentos no deberían causar un perjuicio importante en el coste de financiación de dicha deuda, más bien al contrario a medida que los mercados perciban que se emprende el rumbo adecuado. Incluso si fuera necesario, el recurso al MEDE puede resultar conveniente (ver aquí). También sería muy conveniente y deseable una respuesta coordinada europea que incluyera, a ser posible, la señal de una emisión de eurobonos que mutualice una partte del coste de la crisis. Sin embargo, apostarlo todo a esta opción es una estrategia equivocada y muy arriesgada porque puede acabar socavando la confianza en las instituciones europeas justo cuando más necesitamos de ella.

Con la vuelta a la normalidad, será el momento de plantarse cómo repartir el pago del aumento de la deuda pública entre los ciudadanos. La creación de un impuesto especial sobre la renta, en función de las incidencias individuales de la crisis del Covid-19 (por ejemplo, calculándolo sobre la variación de renta entre 2019 y 2020) debe ser un instrumento esencial para ello. Pero habrá otros, esperemos que coherentes con principios básicos (y, por otra parte, de sentido común) de la política económica.



Carta abierta al gobierno holandés

A continuación reproducimos la carta abierta al gobierno holandés de casi 80 economistas holandeses que salió publicada ayer en el diario De Volkskrant. En ella exigen una respuesta europea a la crisis del coronavirus. Entre los promotores de la carta se encuentra nuestro colaborador Marcel Jansen. El listado completo de firmantes está disponible aquí.

 

Un respaldo europeo también es en nuestro interés

La posición del gobierno holandés con respecto a la financiación conjunta de soluciones para la crisis del coronavirus ha causado incomprensión y frustración en otros países europeos. Nosotros, como economistas holandeses, también consideramos injustificable la posición holandesa. Pedimos al gobierno holandés que cambie de rumbo y que apoye un respaldo europeo.

Es difícil pensar en un ejemplo más claro de un desafío común que la actual pandemia del coronavirus. La salud de los holandeses depende directamente de la situación sanitaria de otros países con los que estamos en contacto. Los Países Bajos no se librarán por mucho tiempo del virus si estamos rodeados de países con personas enfermas. Y el contacto es vital para un país tan abierto como los Países Bajos. Además, nuestros socios europeos son el principal destino de nuestras exportaciones a través del mercado común.

Con mucho acierto estamos protegiendo nuestra propia economía con un ambicioso paquete de medidas y ayudas para empresas y hogares que podría llegar a los 65 mil millones en los próximos meses. Pero como  una de las economías más abiertas de la eurozona es importante que nos unamos también a la construcción de un escudo europeo. Es en nuestro propio interés que países como Italia, pero también España y Portugal, puedan afrontar la crisis con la misma eficacia. Y, nos guste o no, la moneda común hace que este escudo sea aún más necesario.

No podemos permitir que la lucha contra un enemigo común, el virus, sumerja a la eurozona en una crisis. Dudas sobre la solvencia de países pueden fácilmente conducir a una profecía autocumplida en los mercados financieros. El supuesto riesgo soberano lleva a los inversores a exigir un mayor rendimiento lo que provoca  un aumento en los tipos de  interés y por tanto que se encarezca la emisión de deuda pública.De esta manera se aumentan los problemas de financiación del país en cuestión lo que conlleva una prima de riesgo aún mayor, etc.

Contraproducente

En nuestra opinión, la obstrucción holandesa es contraproducente por dos razones. La primera es que el Banco Central Europeo (BCE) acabaría actuando de nuevo por su cuenta. Aún queriendo no lograríamos detenerlo, y la actuación en solitario por parte del BCE conllevaría una clara falta de legitimidad democrática y de orientación política, la cual cosa sería otro fracaso más de los jefes de gobierno y los sucesivos parlamentos. La segunda razón es que los Países Bajos deben cuidar su influencia en Europa. Para hacerlo, debemos elegir bien los momentos.

Por supuesto, los países tienen que implementar las reformas necesarias y poner en orden sus finanzas públicas. En el futuro tenemos que volver a insistir en ello, pero ahora no es el momento.  La amenaza común del virus requiere comprensión y ayuda. Desde nuestra posición, relativamente cómoda, podemos y debemos mostrar solidaridad.

Más que nunca necesitamos una contundente respuesta europea. Se han dado los primeros pasos. La Comisión Europea ha liberado decenas de miles de millones dentro de su presupuesto actual, y se han suspendido temporalmente las reglas de déficit. Por su parte, el BCE ha anunciado la compra de más de 1.000 mil millones de euros de títulos de deuda. Las decisiones recientes del BCE son particularmente significativas, y de forma específica su Pandemic Emergency Purchase Program. Además, en el margen también se ha ampliado ligeramente el MEDE.

Un sustento político

Con la flexibilidad anunciada por el BCE, que le permite apoyar a países específicos, el mismo vuelve a estar a la cabeza de Europa. Sin embargo, el BCE no puede hacerlo solo. Necesita el apoyo de los líderes de los gobiernos, la UE y los parlamentos nacionales. Todos ellos deben asegurar la legitimidad democrática luchando contra la crisis con un pilar fiscal común.

Sin embargo, hasta la fecha, la mayoría de las medidas son de carácter nacional. Un hecho particularmente llamativo es cómo los países del norte de Europa son capaces de movilizar mucho más fondos que los países del sur. Alemania ha anunciado un paquete de ayudas de más de 350 mil millones de euros. Italia por su parte presentó un paquete de 25 mil millones de euros, mucho menos ambicioso y con limitaciones debido a la precaria posición financiera del Estado italiano. Precisamente por esta razón es crucial el respaldo paneuropeo de los países más débiles. Ellos también deben poder implementar una política de apoyo eficaz. El coronavirus es un enemigo común y requiere una política común.

Juntos

Una solución específica para esta crisis es posible. No requiere un mecanismo permanente de garantías mutuas ni la mutualización de la deuda existente, sino un respaldo financiero común para hacer frente a la crisis actual. Una solución obvia sería la activación del actual fondo de emergencia MEDE ofreciendo, por ejemplo, líneas de crédito a los Estados miembros. Serían créditos específicos para esta crisis sin la condicionalidad que caracteriza normalmente los préstamos del MEDE.

La actual capacidad del MEDE es de unos 410.000 millones de euros, que podría aumentarse. Los 'coronabonus’ también podrían ser considerados, pero de nuevo, restringidos a esta crisis. Sin lugar a duda el BCE tendrá que proporcionar su respaldo a estas ayudas, pero a diferencia de ahora, el mando estaría en manos de los jefes de gobierno que es a quien corresponde.

Los Países Bajos no pueden evitar ser más generosos y lo tenemos que mostrar.



Empleo destruido por el Covid-19 (Episodio I: centrado en los temporales)

de J. Ignacio Conde-Ruiz @conderuiz, Manu García @manugar, Luis A. Puch @lpuchg y Jesús Ruiz.

La evolución de la crisis del Covid-19 hacía prever un vuelco en las afiliaciones a la Seguridad Social en el mes de marzo. Hoy se han publicado los datos de afiliación de dicho mes. El Gráfico 1 muestra la serie histórica de datos diarios de número de afiliados (desde el mínimo de 2013; nótese que el dato sólo se registra en días laborables).  La evidencia va en línea con lo esperado (aunque por supuesto palidezca frente al drama humano que sufren los enfermos y las familias de las víctimas). La cifra de afiliación a fin de mes nos sitúa en niveles de afiliación de 2017: en 15 días, desde el lunes 16 de marzo, se ha producido un retroceso de 3 años. Concretamente, desde el pico del pasado 11 de marzo se han destruido 898.822 afiliaciones netas. Por otro lado, podemos añadir que el viernes 28 de febrero había 19.279.415 en alta de Seguridad Social y el 31 marzo son 18.445.436 millones. Es decir, marzo empezó bien, pero se truncó a partir del pasado día 11. Y esto a pesar de que la caída en la afiliación probablemente habrá afectado sólo en su mayoría a los trabajadores temporales. Los trabajadores con contrato indefinido tienen más posibilidades de acogerse a un ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo). Los ERTEs son suspensiones del contrato laboral (parcial o total) y no son dados de baja en la Seguridad Social. Tampoco los afectados por el nuevo “permiso retribuido recuperable” para los trabajadores de servicios no esenciales habrán sido dados de baja de afiliación. Concretamente, estos empleados deben seguir afiliados a la Seguridad Social y cobrando su salario los próximos 15 días desde el pasado lunes 30 de marzo. Habrá que estar atentos por tanto a la evolución de las cifras en el próximo mes de abril que también será excepcional. De momento, las estimaciones actuales de afectados por ERTEs elevaría la cifra de destrucción de empleo durante este mes de marzo en alrededor de 1,5 millones de trabajadores más.

Gráfico 1. Número de afiliados a la Seguridad Social desde el mínimo reciente de la serie histórica del 31 de enero de 2013 hasta el 31 de marzo 2020 (datos diarios del registro de afiliaciones, que excluyen fines de semana y festivos).

Mirar a la evolución de los flujos: altas y bajas de afiliación, en lugar de al stock de afiliados nos permite valorar más precisamente la importancia de los movimientos en la afiliación de los últimos veinte días. Por ejemplo, las destrucciones de empleo del lunes 16 (primer día laborable tras el Estado de Alarma), y del viernes 13 (primer dato de fin de semana laborable desde el inicio de la crisis del Covid-19) son históricas para un mes de marzo. Las cifras de esos días están en línea con las peores fechas de recorte de afiliación observados en la serie, que por ejemplo, corresponden a lo peor de la crisis 2008-2013: el 2 de enero de 2009 (es decir, las bajas registradas el primer fin de año después del inicio de la Gran Recesión). En todo caso, también las podemos comparar a las bajas registradas el 2 de enero de 2019, en este caso quizás por ser el primer fin de año tras la moción de censura, y con la incertidumbre política acerca de la celebración de nuevas elecciones.

Para ir más al detalle, el Gráfico 2 muestra la evolución de las bajas registradas en todos los meses de marzo desde el año 2013. Concretamente, en nuestro artículo publicado en SERIEs 2019, que ya habíamos revisado en un post anterior, hemos mostrado que los datos de afiliación están sometidos a importantes efectos de calendario, y muy especialmente a un efecto lunes, tanto en las bajas como en las altas. Por ello el gráfico compara las bajas de afiliación lunes con lunes, martes con martes, etc. Las observaciones en blanco corresponden a la ausencia de registro en los fines de semana y los festivos. Concretamente, los datos muestran que los lunes del mes de marzo de 2013 a 2019 se registraron bajas de afiliación que en media no superaron los 136 mil trabajadores; los lunes se registran alrededor del doble de bajas que los viernes, y casi un 50% mas que la media de todos los días. Este marcado efecto calendario que se replica a lo largo de todo el año es mas intenso en los sectores que hacen mas uso de los contratos temporales, como hacemos ver en el artículo de SERIEs ya mencionado. En particular, nos sirve para destacar que la crisis, desde el punto de vista de las bajas de afiliación, sitúa el dato del lunes 16 de marzo a un nivel ligeramente por encima del dato de bajas de fin de mes de febrero, que se registraron el primer día laborable de marzo.

Gráfico 2. Número de bajas de afiliación a la Seguridad Social cada día en cada uno de los meses de marzo desde 2013 (datos diarios del registro de afiliaciones, que excluyen fines de semana y festivos). En rojo, el dato de cada día de marzo 2020. Nota: El gráfico se construye de fin de mes hacia principio de mes haciendo coincidir la columna de bajas del último viernes de cada mes de marzo. Los días que no coinciden en los distintos años, de más o de menos, ván después de ese viernes o en primeros valores de la representación.

Más aún, para entender la intensidad del ajuste del empleo en este mes de marzo es necesario analizar también la creación de empleo reflejado en las nuevas altas de afiliados. Una gran parte de la destrucción neta no viene únicamente por el lado del despido, sino porque se deja de contratar o no se renueva un contrato existente. Muchos contratos temporales de muy corta duración semanales o incluso de fin de semana no se han renovado. Como muestra el Gráfico 3, prácticamente todas las altas diarias a partir de la declaración del Estado de Alarma (16 de marzo) son extremadamente bajas. El pasado 19 de marzo (festivo en muchas CCAA), únicamente se produjeron 29.254 altas, siendo este el sexto día mas bajo de la serie histórica, tan solo superado por días relacionados con fechas donde se terminaba el año o el verano, especialmente si durante la crisis financiera.

Gráfico 3. Número de altas de afiliación a la Seguridad Social cada día en cada uno de los meses de marzo desde 2013 (datos diarios del registro de afiliaciones, que excluyen fines de semana y festivos). En rojo, el dato de cada día de marzo 2020. Nota: El gráfico se construye de principio de mes hacia fin de mes haciendo coincidir la columna de altas del primer lunes de cada mes de marzo. Los días que no coinciden en los distintos años, sea de más o de menos, van antes de ese lunes o en los últimos valores de la representación gráfica.

El análisis conjunto de las altas y las bajas diarias refleja perfectamente las características del mercado laboral español, uno de los más precarios del mundo. Como era de esperar, los más vulnerables han sido los trabajadores temporales, que como en anteriores crisis, han sido los primeros en salir de la fuerza laboral. Además, en un mercado laboral donde se han intensificado el uso los contratos de muy corta duración (intrasemanales, o de fin de semana), ya ni siquiera es necesario dar de baja a los trabajadores temporales como en otras ocasiones, sino que ha sido suficiente su no renovación para conseguir una elevada destrucción neta de empleo. Por último, como hemos dicho anteriormente, esta dinámica observada es compatible con el hecho de que los contratos indefinidos han podido usar los ERTEs. En un futuro post compararemos el ajuste laboral de esta crisis COVID-19 con la Crisis de 2008 y podremos analizar en mas detalle que efectos están teniendo los ERTEs, prácticamente ausentes en la crisis de 2008, a la vez que los contratos de muy corta duración (mucho más abundantes ahora).



miércoles, 1 de abril de 2020

Coronavirus y mercado de trabajo: brechas de género

Estamos hablando mucho estos días sobre los posibles efectos económicos de la crisis provocada por el coronavirus (por ejemplo aquí, aquí y aquí). Los efectos a corto plazo sobre el empleo ya son evidentes, y de ellos hablábamos ayer (aquí). En la entrada de hoy, quería contarles los resultados de un trabajo muy reciente en el que los autores, macroeconomistas interesados en género, estudian los efectos potenciales de la covid-19 sobre el mercado de trabajo, tanto a corto como a largo plazo, centrándose en posibles efectos diferenciales por género. El trabajo, reseñado también por el New York Times este martes (aquí), se centra en efectos indirectos, es decir, más allá del impacto directo de la enfermedad sobre la salud y productividad de las personas contagiadas (sobre las diferencias en letalidad por género ya hablé aquí). Usan datos para EEUU, pero la mayoría de los efectos que destacan se pueden aplicar también a España.

Las conclusiones se pueden resumir en dos frases. En el corto plazo, la crisis golpeará más a las mujeres. A largo plazo, es posible que se produzcan cambios en la organización del trabajo y en las normas sociales que resulten más beneficiosas para las mujeres que para los hombres. Veamos por qué.

El corto plazo

En primer lugar, el corto plazo (ahora). Como es bien sabido, las crisis económicas recientes han tenido impactos más negativos sobre el empleo masculino que sobre el femenino. Por ejemplo, en la última recesión (a veces denominada “mancession”), los sectores más afectados fueron la construcción y la industria, sectores predominantemente masculinos. En España, con datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) de 2019, el 92% de los trabajadores en el sector de la construcción eran hombres (el 72% en el sector de manufacturas). El sector servicios, más feminizado, se vio afectado en menor medida. Sin embargo, en la situación actual, todo parece indicar que será diferente, y el sector servicios (y en particular la hostelería) puede ser precisamente el más golpeado. Según la EPA, el 53% de los trabajadores de la hostelería en España eran mujeres en 2019.

El trabajo también considera la “exposición” de hombres y mujeres a la crisis en base a las posibilidades de teletrabajar, que varían mucho entre ocupaciones. De nuevo, este factor indica que el empleo femenino sufrirá al menos tanto como el masculino.

Pero hay otro factor, quizá aún más importante: el cuidado de los hijos. Con el cierre de los centros educativos, el cuidado de los niños ha de realizarse en casa, y sin la ayuda de abuelos o cuidadoras. ¿Quién está cuidando de nuestros niños? Principalmente, las madres. Para empezar, porque hay muchas más madres solas que padres solos. En España, el 15% de los menores de 16 años viven con su madre, mientras que menos del 3% viven sólo con su padre (EPA 2019). Muchas de estas madres solas no tienen la posibilidad de teletrabajar, o simplemente no pueden trabajar en absoluto en esta situación.

Desde luego, las familias biparentales también tienen problemas para ajustarse a los cambios en las necesidades de cuidado de los hijos. Incluso en parejas en las que ambos progenitores trabajan a tiempo completo, las madres se encargaban del cuidado de los hijos en mayor medida que los padres. Seguramente ahora ellas también se responsabilizarán de gran parte de la carga adicional.

Es decir, en el corto plazo, el empleo de las mujeres sufrirá seguramente bastante más que el de los hombres. Para muchas, esto dará lugar a pérdidas de renta persistentes, así como peores oportunidades laborales en el futuro.

El largo plazo

¿Qué hay del largo plazo? De cara al futuro, la visión es algo más positiva desde la perspectiva de género.

1. Mayor flexibilidad laboral: Muchas empresas están haciendo un esfuerzo para adaptarse al teletrabajo. Una combinación de aprendizaje y cambios en las “normas sociales” puede hacer que las posibilidades de conciliar familia y trabajo mejoren en un futuro próximo. Dado que las mujeres se encargan del cuidado de los hijos en mayor medida que los hombres, este tipo de evolución las beneficiaría más a ellas.

2. Cambios en normas sociales: Basándose en la distribución del empleo en los sectores esenciales y en la variabilidad en capacidad de teletrabajar, los autores estiman que durante la crisis, el padre se convertirá en el cuidador principal de sus hijos en aproximadamente el 10% de los hogares en los que ambos progenitores trabajan a tiempo completo (en EEUU). Muchos hombres tendrán responsabilidades de cuidado mucho mayores que antes, algunos por primera vez. La experiencia y estudios previos sugieren que esto puede cambiar de manera permanente la distribución de tareas en el hogar, a través de cambios en las actitudes sobre roles de género.

Recomendaciones de política

A pesar de los posibles efectos positivos a largo plazo, el reto a corto plazo es apoyar a los miles de mujeres que se encuentran sin opciones para combinar trabajo y cuidado de los hijos. Los autores también presentan otras sugerencias que ya están siendo implementadas en algunos países:

1. Cubrir el 80% de los ingresos para personas que no pueden trabajar por tener que cuidar de sus hijos, condicionado a que la relación laboral se mantenga (es decir, que la persona se pueda reincorporar a su trabajo cuando los niños vuelvan al colegio).

2. Eliminar el requisito de estar empleado de todas las ayudas gubernamentales, y no contar las interrupciones laborales de estos meses de cara a ayudas futuras (en EEUU hay muchos programas sociales a los que sólo se puede acceder si se está trabajando).

3. Extender el seguro por desempleo a personas que dejen de trabajar voluntariamente debido a sus necesidades de cuidado de menores.

4. Para las universidades, extender la duración del contrato SÓLO para profesores y profesoras con hijos menores de 14 años. Medidas similares en otros trabajos con sistemas de promoción parecidos (en los que de cara a la renovación del contrato se evalúa la productividad del trabajador durante un periodo de tiempo predeterminado).

El artículo explica todos estos puntos con mucho más detalle, para el caso de EEUU. Próximamente intentaremos presentar datos y pronósticos más detallados también para el mercado de trabajo español.



Catástrofe mundial: todo gratis

Hubo un momento en que opinar me parecía importante. Me lo sigue pareciendo, aunque sigo conservando y albergando dudas. Trato de esclarecerlas. Observo el comportamiento de determinadas personas. Siempre sucede lo mismo: lo importante es la opinión, váyase o no por un precipicio la verosimilitud de la argumentación. Aprendí a usar la palabra verosimilitud en la facultad de económicas. Curioso, ¿no? Estoy hablando del origen de todos los “te lo dije”. Pero voy a manifestar algo. En plena posesión de mi libertad o no. Haciendo uso de algún tipo de creatividad o no. Vivimos un momento sorprendente. Hace escasas semanas Hollywood llamaba parásitos a los miembros de una familia aislada y confinada en el sótano de un hogar pudiente. Algunos, bien o mal intencionados opinaban; “lucha de clases”. Una reacción como otra cualquiera. El público atentando contra el público. Muchas veces se habla de precipicios y hay gente que no puede evitar acercarse, ¿verdad? Pues aquí sucede que en cada pueblo hay un deseo irrefrenable de adentrarse y tirarse. No hay mejor actividad de equiparación con los amos. Gran demostración de capacidad de barbarie a sus congéneres. Es gratis. Servicios Premium en época de catástrofes. Te lo dije.

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Guía práctica para evaluar los efectos sobre el empleo de la crisis del COVID-19 y el Plan de Choque Económico

por Florentino Felgueroso, José Ignacio García Pérez y Sergi Jiménez

Esta semana se publicarán los primeros datos de empleo desde el inicio del estado de alarma para hacer frente al COVID-19. Al igual que está ocurriendo con las estadísticas sobre contagios, fallecidos y altas hospitalarias, se harán todo tipo de interpretaciones y predicciones sobre el impacto de la crisis sanitaria y sobre la eficacia del Plan de Choque Económico en el mercado de trabajo. Se harán preguntas incesantes sobre cuando se aplanará la curva de destrucción de empleo, si ya estamos viendo brotes verdes y cuánto faltará para recuperar los niveles de empleo y paro previos al inicio de la crisis sanitaria.  Siguiendo con el paralelismo entre la crisis sanitaria y su impacto en el mercado de trabajo, se espera una incidencia acusada del shock, dadas las patologías previas del paciente y sus problemas crónicos. También se esperan diferencias territoriales notables, teniendo en cuenta las estructurales sectoriales, regionales y las distintas composiciones demográficas. Finalmente, será necesario aislar los efectos del coronavirus de los efectos estacionales de nuestro mercado laboral. Necesitaremos tiempo para comprobar si el paquete de acciones aprobadas en el Plan de Choque ha actuado como vacuna. La diferencia fundamental entre las estadísticas sanitarias y las laborales, es que con estas últimas tenemos una larga experiencia de uso político por ambos bandos. Sin embargo, aquí también deberá demostrarse un mayor grado de madurez. El ejercicio de transparencia y la evaluación en tiempo real serán fundamentales para dar los próximos pasos.  El objetivo de esta entrada (cuya versión extendida, publicada en la colección de Apuntes Fedea, se puede descargar aquí) es sentar unas primeras bases para esta evaluación en tiempo real.

El lema del Plan de Choque es “Que nadie se quede atrás” y puede interpretarse como que todo el que sufra el impacto laboral del shock del COVID-19 tendrá una protección del Estado. Este impacto debiera cuantificarse desde un triple enfoque: a) estático, que se centra en la situación laboral en el momento en el que se inicia el plan; b) dinámico, que se fija en los flujos laborales a partir de ese momento y toma como referencia un escenario alternativo ordinario sin crisis sanitaria, y; finalmente, c) ex-post, orientado a evidenciar los efectos esperados una vez finalizado el estado de alarma. Las tres son dimensiones complementarias a la hora de evaluar los efectos del shock sanitario en el mercado de trabajo. Para que nadie se quede atrás, las medidas aprobadas deberían aliviar los efectos que se identifiquen en cada una de las perspectivas.

El enfoque estático

 Para aportar un primer dato al enfoque estático, intentamos identificar a las personas ocupadas en las actividades económicas afectadas por el estado de alarma y por el estado de confinamiento total (servicios no esenciales, según el RDL10/2020 de 29 de marzo) en base a la Encuesta de Población Activa, usando la Clasificación Nacional de Actividades vigente a 3 dígitos de desagregación. Advertimos que esta identificación es tentativa y está sometida a errores puesto que no es posible conocer, por ejemplo, cuántas personas están realizando teletrabajo. La clasificación usada se puede descargar aquí.

Se han hecho dos estimaciones diferentes. La primera se refiere al empleo afectado directamente por el estado de alarma de 14 de marzo, es decir, por el cierre de gran parte de los establecimientos comerciales y de los servicios de hostelería y ocio, principalmente. La segunda estimación incluye, además, el empleo en otras actividades consideradas no esenciales y que se verán afectadas, por tanto, por el estado de confinamiento total decretado este pasado domingo.

En el segundo trimestre del año 2019, 3.6 millones de personas estaban ocupadas en actividades afectadas por el estado de alarma. Esta cifra se eleva a 9.3 millones cuando a los anteriores se suman los ocupados en actividades no esenciales afectadas por el Real Decreto-Ley de 29 de marzo que establece el permiso retribuido de 15 días. Esto supone el 18.2% y el 46.9% del empleo total, respectivamente.

En el Cuadro 1, se muestra el peso en el empleo de cada comunidad autónoma de las actividades directamente afectadas en ambas circunstancias (aquí el análisis a nivel provincial). Como se puede ver en dicho cuadro, Baleares y Canarias son las regiones que, a priori, se verán más afectadas por estas medidas, seguidas por la Comunidad Valenciana, Cataluña y el País Vasco.

Cuadro 1: Empleo afectado directamente por el estado de alarma y empleo en actividades consideradas no esenciales por CCAA (Miles de personas ocupadas y % sobre la ocupación total en cada comunidad, 2º trimestre de 2019, EPA a 3 dígitos)

El enfoque dinámico

Los Decretos aprobados hasta ahora cubren a un amplio número de trabajadores, que dejarán de trabajar mediante ERTEs, ceses de actividad, despidos, no renovaciones o permisos retribuidos. También se prevé ampliar el período de cobro de subsidios para quienes los estuvieran percibiendo en el momento del shock, pero dejarían de percibirlos durante el período que dure la crisis. Sin embargo, no se ha tenido en cuenta a todas las personas que se verían perjudicadas en relación a una situación alternativa normal, es decir, con el nivel de actividad que se hubiera observado sin el shock.

Desafortunadamente, desde una perspectiva laboral, la crisis del coronavirus estalla en el peor momento posible del año. En efecto, durante los últimos años, el período entre marzo y junio ha sido el momento del año en el que se registraban los mayores volúmenes de contratación y el paro registraba su mayor descenso estacional. Es, además, el período en el que se observan las mayores tasas de transición del no empleo al empleo de las personas que no están cobrando prestaciones.

A día de hoy, la mejor forma de cuantificar las personas que se pueden quedar atrás es analizando los flujos de entrada (nuevas contrataciones) y salida (despidos y no renovaciones) en un escenario alternativo sin coronavirus. Para ello, evaluamos los flujos que se produjeron en el mismo período del año 2018 (último disponible) según la Muestra Continua de Vidas Laborales (MCVL). En concreto, identificamos primero a aquellos trabajadores desempleados en la semana previa a la declaración del Estado de Alarma que habían sido contratados antes de cada una de las siguientes fechas: 31 de marzo, 14 de abril, 30 de abril y 14 de mayo.

Según la muestra, a 14 de marzo de 2018 (día D menos dos años) había 3,5 millones de no empleados. De ellos, 1,38 millones tenían algún tipo de prestación por desempleo y el resto no (2,13 millones). Dos semanas después, 161 mil no empleados con prestaciones (11.7%) habían encontrado un empleo y 284 mil no empleados sin prestaciones habían tenido (o seguían teniendo) una experiencia de empleo a 31 de marzo (13.4%). Una quincena después ya eran 328 (23,7%) y 574 mil (27,0%), respectivamente. Al cabo de dos meses, el 14 de mayo de 2018, 621 mil no empleados con prestaciones (un 44,9%) y 1,07 millones de no empleados sin prestaciones (el 50,3%) habían acumulado, al menos, una experiencia de empleo. Trasladando estas cifras al presente (como empleos que, con alta probabilidad, no se generarán), y sin contar los desempleados con prestaciones, el RDL de 27 de marzo puede dejar más de un millón de trabajadores desprotegidos ante al shock del COVID-19.[1]

Dado que la distribución espacial del empleo y la contratación no es homogénea, es probable que la incidencia del shock no sea igual en todas las provincias. Los siguientes gráficos muestran la evolución por provincias de las tasas de salida del desempleo al empleo (altas) desde una situación de no empleo. El gráfico 1 analiza las futuras altas de los desempleados con prestaciones o subsidios por desempleo en la semana previa al 14 de marzo. Muestra que son Huelva y Baleares las zonas más afectadas por la caída en la contratación de no empleados con prestaciones y Cuenca y Lleida las que menos. En un gráfico similar, no reportado (véase aquí), veríamos que para el caso de los no empleados sin prestaciones Huelva, Almería, Baleares y Guadalajara son las provincias más afectadas.

 Gráfico 1. Evolución de las altas desde el no empleo con prestaciones

del 15/3 al 14/5 de 2018.

El impacto ex-post

El Plan de Choque Económico sólo cubre de momento el período que abarcará la crisis sanitaria, y en algunos casos, se extiende hasta 6 meses (como en el caso del mantenimiento del empleo afectado por los ERTES). Sin embargo, la crisis económica seguirá probablemente una vez finalizada la crisis sanitaria.

Llegado este momento es posible que se acumulen dos tipos de bajas masivas. En primer lugar, las de aquellos trabajadores que hubieran sido cesados o despedidos en una situación alternativa ordinaria y que no lo han sido por los incentivos y restricciones a la no renovación, cese y despido, y, los que se den de baja por efecto del coronavirus.

Desafortunadamente, el período de tiempo que probablemente cubra la alarma es, como ya se ha explicado antes, el de mayor contratación en tiempos ordinarios, y el del final del período de alarma coincidirá con el del mayor número de bajas del año.  En concreto, mayo y junio son el tercer y primer mes con el mayor número de bajas de afiliación a la Seguridad Social (5,5 millones de bajas en 2019).

El gráfico 2, muestra el porcentaje de bajas que se habría producido en una situación ordinaria, sin coronavirus, con un procedimiento similar al usado en la sección anterior.  Claramente es el suroeste de España donde se concentran la mayor severidad. A nivel nacional, el total de personas que experimentaron una baja laboral entre el 14 y el 30 de marzo del año 2018 fue de 544 mil (2.89% respecto al total de empleo a 14 de marzo), 807 mil a 14 de abril (4.29%), 1.1 millones (5.88%) a 30 de abril y 1.3 millones a 14 de mayo (6.90%).

Por otra parte, las bajas se concentran en las ocupaciones menos cualificadas. A 30/3, 2 de cada 3 bajas (341 mil) son de los grupos de tarifa 8 a 10; y a 30/4 695 mil, un 71.4% del total. Por tanto, como en casi cada recesión, los colectivos más afectados son los menos cualificados. Y, lo que seguramente será más grave, este es un empleo que nunca se recupera o que costará mucho recuperar del todo.

Gráfico 2: Número de bajas según la MCVL-2018: Mapas, Acumuladas en cada dos semanas de ampliación del estado de alarma y confinamiento total

Conclusiones

Mañana se comunicarán los primeros datos sobre empleo, paro y afiliación desde el inicio del estado de alarma. Lo más probable es que los indicadores tradicionales que se harán públicos no nos digan gran cosa para profundizar en estos tres enfoques. Sería pues recomendable que la propia administración realizase un ejercicio responsable de transparencia, publicara en tiempo real y abriera el acceso a los datos administrativos a los investigadores sociales para que esta parte de la comunidad científica también pudiera contribuir a la lucha contra los efectos del coronavirus.

Sería esencial poder generar con regularidad indicadores que puedan hacer posible un seguimiento de las diversas formas de ajuste: desde las suspensiones de contrato, hasta los ceses o no renovaciones de contratos temporales, los despidos individuales y colectivos y los ajustes que se produzcan en las jornadas. Estos indicadores deberían darse con un nivel mínimo de dos dígitos de desagregación por actividad económica, y si fuera posible, desagregados por la causa que los motiva, esto es, indicando si son debidos al impacto del coronavirus o a otras causas, o el real decreto que los cubre o motiva. También sería esencial impulsar modelos de perfilado atender a los miles de demandantes de empleo que, muy probablemente, engrosarán la lista de parados en los próximos meses. En definitiva, es ahora o nunca que se tiene que producir este cambio en la cultura de la evaluación, transparencia y acceso a los datos administrativos, que llevamos pidiendo desde hace años en este blog.

[1] El RDL aprobado ayer puede ayudar a paliar esta situación.